Empezó como un juego entre hermanos y hoy esta marca chubutense llega a Estados Unidos y Nueva Zelanda
Lo que arrancó como un juego entre hermanos para costear un curso de piloto hoy tiene locales en Trelew, Puerto Madryn y Palermo, y envíos que cruzan fronteras. A 30 años de su primera receta, la marca que levantó la bandera del alfajor de fruta patagónica revela el secreto que la mantiene viva.
La firma "Memorable" cumple 30 años y se consolidó como estandarte de la torta galesa y los alfajores patagónicos. Lo que arrancó como una apuesta juvenil en Trelew hoy viaja a buena parte del país y traspasa fronteras.
Mauro Gianandrea, licenciado en Administración de Empresas y bisnieto de galeses, está al frente del proyecto. Entre repartos, logística y la dinámica de la planta, cuenta que la marca dejó de ser un experimento casero para convertirse en una elegida por turistas que buscan revivir el recuerdo de un viaje al sur.
La gente reconoce el envoltorio al instante. En redes sociales abundan los comentarios sobre lo ricos que son y las ganas de volver a probarlos. Sin embargo, pocos conocen en profundidad el origen de esta marca nacida para difundir la tradición de los colonos galeses y esos sabores de Chubut que sumergen de lleno en el corazón patagónico.
Un legado que viene de lejos
La raíz del emprendimiento había echado brotes mucho antes. La bisabuela de Mauro, Hilda —a quien en la familia llamaban cariñosamente la Nine chiquita— cocinaba tortas galesas en la década del setenta como medio de subsistencia tras enviudar joven con una familia numerosa a cargo.
En esa época no había locales a la calle dedicados al rubro; era habitual que los visitantes compraran el producto directamente en las casas familiares. "Ella enviudó joven y tenía siete u ocho hijos. Para solventar los gastos de la casa hacía torta galesa y se la vendía a los turistas que andaban por acá", recuerda Mauro desde Trelew.
La bisabuela fue fundamental en los primeros pasos: les transmitió los secretos del oficio, ese saber hacer celosamente guardado por cada familia de la colonia. "Tortas galesas hay muchas, pero ninguna es igual a la otra. Cada una tiene la característica de su propia familia y ese toque se va pasando de generación en generación", explica.
Lo que sí comparten es el origen patagónico: los colonos las crearon pensando en su torta de bodas o de Navidad, pero adaptándola a la materia prima disponible. Pensaban en largas excursiones, en un alimento nutritivo, calórico y de fácil conservación.
Ese método explica su fama de ser la torta "que no se vence nunca". "Es una torta frutal, especiada y macerada en licores, porque el azúcar y el alcohol son conservantes naturales. Esa preparación le otorga una humedad característica, esponjosidad y un color único que la convierten en uno de los primeros productos autóctonos de la Patagonia", detalla.
La bandera del alfajor patagónico
Al ver el entusiasmo de los hermanos, sus padres notaron una veta comercial y decidieron darle forma de empresa: se construyó la fábrica, se adquirió el primer horno y al poco tiempo nacieron los alfajores. Pero no buscaron imitar al clásico marplatense, al santafesino o al cordobés; decidieron marcar su propio terreno.
"Somos grandes defensores del alfajor de fruta, que suele tener sus detractores frente al dulce de leche. Siempre levantamos la bandera del alfajor de fruta patagónica: dulce abundante, masa con cacao y baño de chocolate semiamargo", afirma Mauro.
"Hace diez o quince años este alfajor no figuraba en el mapa como una categoría, y hoy sí lo está. Uno de nuestros lemas siempre fue: te comés un pedacito de alfajor y viajás a la Patagonia", agrega.
Hace una década, Mauro se hizo cargo de la conducción de la empresa junto a su pareja, luego de que sus padres emprendieran el camino de la jubilación y sus hermanos eligieran otros rumbos profesionales. "Fue como tener el ejemplo perfecto para jugar y a la vez ejercer la profesión", reflexiona sobre su formación en administración.
En tiempos de automatización, producción en serie y envíos masivos, Mauro defiende que los procesos sigan siendo artesanales: "Creemos en este hecho a mano que a veces se va perdiendo a medida que los emprendimientos crecen. Para nosotros es fundamental en el producto final".
En el alfajor, la tapita se hace con el cortante a mano y el rellenado se realiza a cuchillo. Hay procesos simplificados como el bañado y la envoltura, porque además de hacerlos más eficientes los hace más seguros en términos bromatológicos. Y la torta galesa, ni hablar: la clasificación de la fruta y el macerado son tareas súper manuales.
Esa coherencia productiva les permite mantener los mismos sabores que hace treinta años, elaborados prácticamente con la misma materia prima. Hoy ofrecen siete variedades de fruta —rosa mosqueta, calafate, saúco, frambuesa, frutilla, frutos del bosque y boysenberry—, además del tradicional dulce de leche, una opción con chocolate blanco y el "bocadito": una porción de torta galesa en formato de alfajor bañada en chocolate semiamargo.
"Los paladares fueron cambiando. Antes la torta galesa era vista como algo exclusivo de la gente grande por su maceración en licor, pero con los años fue ganando terreno y hoy tenés chicos de cinco u ocho años que son fanáticos", cuenta con una sonrisa.
De Trelew al mundo
Con locales propios en Trelew, Puerto Madryn y el barrio porteño de Palermo, y una red de distribución que llega desde Ushuaia hasta el norte argentino, los envíos a través de su tienda online traspasaron fronteras hacia Estados Unidos, Nueva Zelanda, México o Colombia de la mano de turistas que querían repetir la experiencia en casa. Incluso en 2020, la marca se coronó a nivel nacional al ganar la votación del mejor alfajor artesanal del país.
Sin embargo, Mauro mantiene los pies sobre la tierra y comprende los vaivenes de la economía: "Argentina es muy cíclica y tenemos momentos de expansión y otros que no lo son tanto. Hoy manejamos la producción a demanda. La torta galesa dura un año, pero el alfajor tiene una vida útil de sesenta días, así que no podemos generar un sobrestock".
"En capacidad instalada podemos alcanzar los mil alfajores diarios y entre cuatrocientas y seiscientas tortas semanales, pero todo depende del movimiento turístico. En la Patagonia somos pocos habitantes por kilómetro cuadrado y dependemos del flujo de visitantes. Cuando la coyuntura no acompaña, la demanda baja; son ciclos que conocemos bien", añade.
Lejos de dejarse seducir por un crecimiento desmedido, la brújula de Memorable sigue firme en su origen. "Memorable se llama así en honor a esa tradición, a la cultura galesa y a ese saber hacer que pasa de abuela a madre e hija. Nuestro objetivo a largo plazo no es abrir franquicias ni volvernos industriales, sino seguir cuidando el sabor de la historia y defender lo auténticamente nuestro", concluye Mauro.