Elena Ochoa: la historia de la bailarina que llegó con dos valijas y hoy enseña danza árabe en Río Grande
Llegó con dos valijas y dos hijos en 1997. Hoy, a más de 25 años, sigue al frente de un grupo de danza árabe en Río Grande y estudia danzaterapia. Pero hay un sueño que todavía no pudo cumplir.
Elena Ochoa llegó a Tierra del Fuego en 1997 con sus dos hijos y una pequeña valija. Hoy, a más de dos décadas de aquel desembarco, sigue enseñando danza árabe y acompañando a la comunidad de Río Grande.
Su historia fue repasada en una nueva entrega de Raíces en Movimiento, la serie de entrevistas que Diana Flores conduce para Tiempo Fueguino. Allí, Ochoa reconstruyó un recorrido que empezó con lo justo y se convirtió en un proyecto artístico y social.
De la valija al comedor comunitario
La llegada a la ciudad fue en 1997, con dos hijos y la expectativa de encontrar mejores oportunidades. Tres años después, en 2000, comenzó a dar clases en el comedor comunitario de la Fundación Kayen. Fue en ese espacio donde la danza dejó de ser solo una disciplina para transformarse en una herramienta de encuentro y contención.
Los primeros tiempos no fueron sencillos. La falta de recursos obligó a buscar alternativas: rifas, venta de tortas fritas y pan casero para juntar fondos y comprar los elementos que las presentaciones requerían. Ese esfuerzo colectivo sostuvo una actividad que, con el tiempo, fue creciendo.
El taller que se mudó al Yaganes
Más adelante, el taller se trasladó al Centro Cultural Yaganes, donde Ochoa trabajó durante 17 años. En 2011 impulsó una iniciativa clave: que sus alumnas pudieran obtener títulos oficiales, un modo de reconocer los años de estudio y formación que habían acumulado.
Hoy dirige el grupo de danza Jalaila, cuyo nombre significa “Mujeres del desierto”. Desde ese espacio sigue ampliando su mirada sobre el valor del movimiento, con una parte de su trabajo dedicada especialmente a los adultos mayores.
Danzaterapia y nuevos horizontes
En ese camino, estudia danzaterapia, convencida de que la danza puede aportar al bienestar, la expresión y la contención de las personas. Su recorrido también incluye participaciones en eventos como Arte y Movimiento y las Fiestas de las Colectividades, instancias donde la danza permite compartir tradiciones y acercar culturas.
Ochoa agradece a Río Grande por las oportunidades que le dio la ciudad y mantiene un sueño pendiente: conocer Siria. Mientras tanto, sigue transmitiendo una enseñanza que resume su forma de entender la vida y el arte: “La gente tiene que entender que no hay que dejar de bailar y que hay que aprovechar todo en la vida”.