El vino no sale del pozo: 44 meses seguidos en zona crítica y un precio que se derrumba
El vino atraviesa su peor momento en más de tres años y medio: el Semáforo de Coninagro lo marca como el sector más complicado de los 19 que mide. Lo que recibe el productor por litro y lo que paga el consumidor final muestran una brecha que no se cierra, y el dato que explica por qué el negocio no arranca te va a sorprender.
La vitivinicultura argentina acumula 44 meses consecutivos en zona crítica, según el último Semáforo de Economías Regionales de Coninagro. El período se extiende desde enero de 2023 hasta agosto de 2026 y convierte al sector en el peor posicionado de los 19 que monitorea el informe.
El registro no tiene antecedentes: ningún otro rubro logró mantenerse tanto tiempo en la categoría más negativa. La serie se mide desde hace más de ocho años y, en ese lapso, el vino y mosto estuvieron en zona crítica en más del 73% de los meses analizados.
Detrás quedan la lechería, con 65%, y el arroz y los cítricos, con 64%. La diferencia con el vino es considerable.
El precio que recibe el productor, cada vez más lejos de la realidad
El problema central pasa por lo que cobra el productor. En agosto, el precio promedio pagado fue de $290 por litro, un 5% menos que un año atrás, en un contexto de inflación interanual del 33,5%.
Medido a precios constantes, el promedio de los últimos años ronda los $721 por litro. Es decir, el valor actual está muy por debajo de sus niveles históricos.
A eso se agrega que el productor se queda con una porción cada vez menor de lo que desembolsa el consumidor. En agosto recibió el 17% del precio final del vino, cuando su promedio histórico es del 24%.
El informe explica que en las cadenas con más procesos de transformación —como el vino, la yerba mate o el trigo— la participación del productor suele ser menor porque el producto atraviesa varias etapas antes de llegar a la góndola.
Menos viñedos, menos producción y menos consumo
La producción tampoco acompaña. La superficie con viñedos bajó 2% y quedó en 196 mil hectáreas, cuando antes eran 200 mil. La vendimia 2026, por su parte, dejó una producción 7% menor que la campaña anterior.
Puertas adentro, el consumo también retrocede: se proyecta en 15,3 litros por habitante al año, un 4,5% menos que los 16 litros del año previo.
Exportaciones en caída e importaciones en alza
En el frente externo, las exportaciones de los últimos doce meses sumaron USD 886 millones, una caída del 9% interanual. En los primeros ocho meses de 2026, el vino vendió afuera por USD 546 millones, un 14% menos que su promedio histórico. Quedó así entre las pocas actividades por debajo de esos niveles, junto con la aviar y la forestal.
Las importaciones, en cambio, subieron: llegaron a USD 43 millones, un 21% más que en el período anterior, y están 85% por encima del promedio de la última década.