El video que muestra qué le hicieron a Galeano en el Heller: la Justicia debe decidir si fue exceso policial o tortura
¿En qué momento una reducción policial deja de ser un procedimiento legítimo y se convierte en tortura? El video que estaba en el expediente pero nunca se mostró en la audiencia captó los segundos clave afuera del Heller.
Un video grabado por una testigo fuera del hospital Heller expone una parte de la intervención policial que terminó con la muerte de José Galeano, el paciente que ingresó esa madrugada buscando ayuda y murió con fracturas de costillas y esternón. La grabación estaba en poder de la Fiscalía pero no fue presentada como evidencia en la audiencia donde se imputó a cuatro policías por homicidio simple en exceso del cumplimiento del deber.
Qué muestra el nuevo video
La cámara de un celular captó unos treinta segundos en los que cuatro policías sacaron a Galeano desde la guardia hacia el estacionamiento de ambulancias. Lo llevaban boca abajo, esposado con las manos detrás de la espalda, mientras pedía ayuda. Según la acusación, policías de adelante lo sujetaban de los pelos y uno de los que lo sostenía por la pierna le propinó una patada en la zona de los testículos.
La escena coincide con el testimonio de una testigo que estaba en el exterior del hospital. Según su relato, a pesar de los gritos de auxilio en los que decía que no podía respirar, uno de los efectivos le dio una patada en la cabeza. En ningún momento se avisó al personal de salud.
Durante ese traslado, cuando le impedían la asistencia médica, Galeano alcanzó a gritar: "Gorila, me quieren matar, gorila me quieren matar". Wildo, hermano de la víctima, explicó a LM Neuquén a qué se refería: "Pedía ayuda de Gorila como le dicen a su cuñado, el hermano de su pareja". Y agregó: "Él pedía ayuda, intentaba que no lo maten". José había llegado solo al hospital, después de salir corriendo de su casa.
Cómo murió Galeano
Galeano ingresó a la 1:24 de la madrugada, descalzo, en bermudas y remera, con un cuchillo, al único hospital del oeste neuquino con guardia de salud mental las 24 horas. La empleada de seguridad convocó a la Policía provincial.
Los testigos declararon que tenía el cuchillo en la mano derecha, golpeaba ventanillas y gritaba pidiendo ayuda: "Ayuda mamá, me quieren matar". También pedía por la policía. Según la acusación, los policías Orellana y Facchi ingresaron por la guardia, lo apuntaron con sus armas y Galeano soltó el cuchillo voluntariamente. Entonces lo redujeron con maniobras que le produjeron las fracturas de costillas.
Después llegaron más de siete policías, lo esposaron y otros dos efectivos, Ontiveros y Torrico, lo extrajeron en posición decúbito prono, lo que favoreció que las costillas ya lesionadas le perforaran un pulmón. Las pericias establecieron un traumatismo torácico grave, con fracturas costales, de esternón y neumotórax.
De acuerdo a la fiscalía, la víctima pasó sus últimos momentos tirado en el piso del estacionamiento. A los 15 minutos ya no presentaba signos vitales. Reyes y Barros lo trasladaron otra vez en la misma posición, esposado y boca abajo, por otros 8 metros hasta el pasillo de la guardia, donde lo dejaron tirado y recién ahí le sacaron las esposas.
Reyes avisó a una administrativa. Dos camilleros constataron la ausencia de signos vitales y llamaron a los médicos, que lo llevaron al shockroom para hacerle RCP. No hubo respuesta: José Galeano murió a las 2:35 de la madrugada.
El debate: ¿torturas o exceso policial?
La fiscal de Homicidios, Lorena Juárez, pidió la acusación de seis policías por homicidio simple cometido en exceso del cumplimiento del deber. Sostuvo que causaron las lesiones que llevaron a la muerte durante una intervención en la que excedieron los límites de su función y debían saber que esas maniobras podían matarlo.
La querella que representa a los hijos de Galeano, integrada por los abogados Marcos Pastorutti, Federico Egea, Mariano Pedrero y Fernando Diez, coincidió en la descripción de los hechos pero planteó una diferencia sustancial: sostuvo que Galeano ya estaba privado de su libertad en el hospital —como admitieron las defensas— y que los seis policías realizaron maniobras para causarle sufrimiento físico y psíquico que derivaron en su muerte. Por eso pidieron encuadrar la conducta como torturas seguidas de muerte, en carácter de coautores, según el artículo 144 del Código Penal.
Los imputados por el juez Luciano Hermosilla son Gino Edgardo Facci, Marcelo Alejandro Orellana, Tomás Francisco Ontiveros y Milton Félix Adrián Torrico. Daniel Alejandro Reyes y Sabino Severino Barros no fueron imputados: el juez entendió que no había evidencia de que participaran de las maniobras que provocaron las lesiones y que fueron ellos quienes acercaron a la víctima a la guardia y avisaron para que la asistieran. Dejó abierta la posibilidad de imputarlos si aparece nueva evidencia.
La perito de fiscalía y ex policía Julia Villalba, que analizó las imágenes de las cámaras, encontró compatibilidad entre las maniobras observadas y las lesiones constatadas, aunque no identificó nombres. Por eso la fiscal pidió que, en el marco del protocolo de Minnesota para muertes en custodia policial, una pericia de la Policía Federal analice la autopsia y los 620 fragmentos de video. También solicitó que se declare caso complejo, con un año de investigación, porque la respuesta de la Federal demora entre 8 y 10 meses.
El sargento Matías Vázquez declaró en la audiencia que las técnicas de reducción deben evitar zonas sensibles y órganos internos, y que no se debe presionar el pecho porque compromete la respiración. Señaló además que una vez neutralizada una persona armada hay que modificar las técnicas, que no deben causar sufrimiento y que en casos de salud mental corresponde pedir al personal médico un sedante y procurar atención. Un dato central para el debate: Galeano había soltado el cuchillo antes de que avanzara la reducción y estaba en una guardia pidiendo ayuda.
Las defensas no controvirtieron la reducción ni los hechos, pero sostuvieron que los policías concurrieron ante una persona alterada que llevaba un arma blanca y que la intervención buscaba controlar esa situación. Cuestionaron la existencia de dolo respecto del resultado fatal y, en algunos casos, la participación concreta de determinados efectivos. El eje ahora es qué sabía cada policía, qué hizo, para qué y qué podía prever.