El viaje solidario de estudiantes de la UNCA que terminó en una lección de vida
Los estudiantes de Agrimensura llegaron con donaciones y una idea clara. Pero la jornada en la Escuela 386 les devolvió algo que no figuraba en el plan y que los marcó para siempre.
Un grupo de estudiantes de Agrimensura de la Universidad Nacional de Catamarca (UNCA) viajó hasta El Divisadero, en el departamento La Paz, con una misión solidaria: llevar donaciones a la Escuela 386 por el Mes de la Niñez. Pero lo que vivieron allí superó cualquier expectativa.
La Comisión de Estudiantes de Agrimensura (CEA), junto con el Departamento de Agrimensura y las autoridades de la Facultad de Tecnología y Ciencias Aplicadas, organizó la colecta de juguetes, ropa, calzado y alimentos no perecederos. La directora del establecimiento, Sandra Luciana Bordón, junto a docentes y alumnos, recibió a la comitiva con los brazos abiertos.
La jornada incluyó una merienda y una chocolatada compartida con los chicos, pero también juegos, bailes y risas que marcaron a ambos lados. El presidente de la CEA, Facundo Villagra, contó que “la iniciativa nació con el objetivo de acercar una pequeña ayuda a los niños y niñas de la comunidad en el marco del Mes de la Niñez”.
Sin embargo, lo que más destacó fue el intercambio: “Terminamos llevándonos muchísimo más”. Villagra explicó que los niños los recibieron “con una energía increíble” y que los juegos que habían preparado se transformaron según lo que los propios chicos proponían, haciendo la experiencia “todavía más especial”.
Una realidad que transforma
Para los estudiantes, el viaje fue una oportunidad de acercarse a una comunidad del interior y conocer otra realidad. “Muchas veces somos nosotros quienes creemos que vamos a llevar algo, cuando en realidad terminamos llevándonos muchísimo más”, reflexionó Villagra, quien aseguró que se llevan “aprendizajes, historias, sonrisas y recuerdos”.
El agradecimiento fue mutuo: Villagra valoró la calidez de las autoridades y docentes de la escuela, y también agradeció a todos los que colaboraron con donaciones, difusión y organización. “Cada aporte, por pequeño que pareciera, terminó formando parte de una jornada que significó muchísimo para nosotros”, dijo.
La experiencia dejó una semilla: el deseo de que esta visita sea el comienzo de un proyecto más grande, que incluya volver a El Divisadero y también llegar a otras escuelas y comunidades del interior. “Aspiramos a que cada visita sea una oportunidad para aprender de las comunidades, conocer sus necesidades y pensar juntos de qué manera podemos colaborar desde nuestro lugar como estudiantes y como Universidad”, concluyó.