El veterano que comandó a los perros de Malvinas: la historia de Suavia, la perra que no abandonó a un soldado herido
Miguel Paz comandó a los perros de guerra en Malvinas. En Posadas recordó la historia de Suavia, la perra que se quedó junto a un soldado herido hasta que llegaron los camilleros. Pero hay un detalle que todavía no logra cerrar.
Miguel Paz tenía 26 años cuando le ordenaron formar una sección de perros de guerra para Malvinas. Este exteniente de la Armada Argentina visitó Posadas para contar una faceta poco conocida del conflicto de 1982: el rol de los ovejeros alemanes y sus guías en Puerto Argentino.
Junto a Carlos Felizola, excombatiente del Ejército, Paz llegó a la capital misionera como parte de las actividades del grupo Malvinas, Educación y Valores, integrado por 11 veteranos de distintas fuerzas y jerarquías. Ambos compartieron sus testimonios en escuelas y ante veteranos de la región.
En diálogo con el programa Acá te lo Contamos por Radioactiva, el exoficial reconstruyó su experiencia al frente de la agrupación de perros de guerra y el compromiso de los jóvenes que lo acompañaron.
De Puerto Belgrano a las islas
Paz estaba destinado en el Batallón de Seguridad de la base naval Puerto Belgrano, donde funcionaba una agrupación con cerca de 100 ovejeros alemanes y unos 80 hombres. La rutina era de entrenamiento, prácticas de ataque y exhibiciones.
El 2 de abril de 1982 cambió todo. “Surge lo del 2 de abril y el 5 de abril me llaman y me dicen que tenía que conformar una sección de perros de guerra, o sea, algo mucho más chico de lo que yo tenía, que era una agrupación para ir a Malvinas”, relató Paz.
La primera misión fue garantizar la seguridad dentro de Puerto Argentino. Organizaba patrullas diarias que recorrían distintos sectores y debían informar cualquier incidente.
Las consignas eran estrictas: “No podíamos entrar a las casas de los isleños, no podíamos entrar a sus almacenes ni tener ningún tipo de controversias con ellos”, explicó. Según recordó, durante los dos meses y medio que cumplieron esas funciones no hubo conflictos con los habitantes de las islas.
Además de la vigilancia, el grupo colaboró con la logística de la Infantería de Marina para abastecer a los efectivos en el frente y distribuir correspondencia entre las unidades.
Cinco guías al frente
El momento más duro llegó el 11 de junio de 1982. Un movimiento táctico del Batallón de Infantería de Marina N.º 5 exigió que cinco guías y sus perros subieran a las alturas de Sapper Hill, dentro del alcance de la artillería británica.
Paz tenía 26 años y muchos de sus soldados eran apenas adolescentes que hacían el servicio militar. “Cuando yo designé los cinco guías que tenían que ir al frente, para que veas la compenetración que había con esta defensa de la patria y de la bandera, directamente ellos tomaron sus cascos, su mochila, su fusil, su perro y subieron a un camión”, recordó.
Ninguno se negó ni intentó evitar el traslado. Para Paz, esa reacción reflejó el compromiso de los jóvenes con la tarea asignada.
En la noche del 13 al 14 de junio, durante la máxima resistencia argentina, los cinco guías debieron replegarse. Los perros estaban entrenados para soportar disparos de pistolas y fusiles, pero no el estruendo de la artillería.
“Yo ahí les había dado las instrucciones de que, dado el caso, larguen los perros y los recuperamos”, contó.
A la mañana del 14 lograron recuperar a los cinco hombres y, en un primer momento, a dos de los animales. Más tarde, integrantes del Ejército les devolvieron a Suavia, la única hembra que habían llevado a las islas.
Suavia, la que se quedó junto al herido
La historia de Suavia es uno de los recuerdos que Paz conserva con especial emoción. Cuando los militares se la devolvieron, le contaron que la perra había permanecido junto a un soldado herido durante el repliegue, hasta que llegaron los camilleros.
“Esta perra, cuando se estaba replegando, vio a un personal del Ejército herido y se quedó con él hasta que fue levantado por camilleros”, relató Paz, citando las palabras de aquellos efectivos.
Desde entonces, el veterano y sus compañeros intentan identificar a ese soldado para conocer más detalles: cuánto tiempo estuvo herido y en qué lugar fue encontrado.
No todos los animales sobrevivieron. Dos perros murieron durante el repliegue, bajo el fuego de la artillería británica.
“Son para nosotros héroes de combate de cuatro patas, pero también héroes de combate”, sostuvo Paz.
El vínculo entre guía y perro
Paz explicó que el vínculo entre los animales y sus guías era clave para el funcionamiento de la sección. Cada perro tenía un acompañante con quien desarrollaba una relación estrecha, construida en el entrenamiento y la convivencia diaria.
“La simbiosis que se encuentra entre el perro y ese guía es permanente”, afirmó.
Cuando un soldado terminaba el servicio militar, se destinaban unos 15 días para que el nuevo guía se adaptara al animal y construyera el vínculo necesario.
Los perros no eran mascotas: eran animales adiestrados para funciones militares. Un veterinario se ocupaba de su atención diaria y un suboficial especializado en adiestramiento coordinaba las actividades junto con los guías.
Memoria y futuro
La visita a Misiones forma parte de las actividades del grupo Malvinas, Educación y Valores, que lleva sus testimonios a escuelas e instituciones vinculadas con las Fuerzas Armadas. El Ministerio de Defensa conoce la modalidad de trabajo y convocó a sus integrantes para dar charlas en establecimientos militares. También participan desde hace años en la exposición de la Sociedad Rural de Palermo.
En Posadas, los veteranos visitaron una escuela secundaria y dieron una charla en el Colegio de Abogados. “Pero nuestro mensaje principalmente es para los chicos de la escuela, así que ubicamos una escuela secundaria sí o sí”, señaló Paz.
El encuentro con los estudiantes fue significativo por la atención con la que escucharon los relatos. Para los veteranos, transmitir lo vivido es una forma de mantener viva la memoria y acercar a las nuevas generaciones a una parte de la historia argentina.
Consultado sobre el reclamo de soberanía, Paz consideró que el escenario es complejo por el peso internacional de Gran Bretaña y su condición de miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, con poder de veto. También cuestionó la interpretación británica del principio de autodeterminación de los pueblos y sostuvo que la disputa requiere comprender las dimensiones históricas, políticas y estratégicas del territorio.
Para el veterano, las islas importan más allá de su superficie: por su ubicación en el Atlántico Sur, su relación con la Antártida y sus recursos naturales. Valoró las acciones argentinas frente a las empresas que buscan explotar petróleo en la zona en disputa y consideró importante sostener el reclamo.
Aunque reconoció las dificultades, mantiene la esperanza: “No sé si voy a estar con vida, pero tengo mi fe en que en algún momento vamos a poder recuperar Malvinas”, expresó.
Antes de despedirse, Paz compartió un recuerdo personal: cursó primero y segundo grado en el colegio Roque González de Posadas, cuando su padre trabajaba en el Banco Nación y la familia vivía frente a la plaza. Por eso, además del reencuentro con la historia y con otros veteranos, la visita tuvo un significado especial. “Me siento muy agradable y muy en casa”, dijo, agradecido por la recepción y con la esperanza de regresar el próximo año.