“El vampiro de Monteros”: los atroces crímenes del asesino serial más grande de la historia argentina
La provincia de Tucumán cuenta con uno de los capítulos más oscuros de la historia policial argentina. Es precisamente el de Florencio Roque Fernández, conocido como “El Vampiro de la Ventana”. Nacido en 1935 en un ambiente de pobreza extrema en la periferia de Monteros, Florencio Fernández tuvo una infancia difícil: un médico le diagnosticó ezquizofrenia, y como su familia no pudo acompañarlo […]
De la noche a la mañana, un pueblo tranquilo y seguro como Monteros se convirtió en un infierno y la leyenda de “El vampiro” fue propagada por la prensa en la provincia y enseguida en toda la Argentina.
La caída
A finales de 1959 la policía tucumana empezó a notar que las casas de las víctimas estaban a una distancia similar a una cueva ubicada en las afueras de Monteros, lugar en el que vivía Fernández y del que salía solo por las noches a causa de su fotofobia.
El 14 de febrero de 1960, tres meses después de su último homicidio, Florencio Roque Fernández, entonces de 25 años, intentó su décimo sexto golpe, pero se descubrió envuelto por un operativo de pinzas policial. Mientras pretendía volver a su cueva, un detective lo divisó, lo siguió sigilosamente y, al advertir el lugar de escondite, avisó a sus compañeros.
Fue declarado inimputable y llevado de inmediato a un hospital psiquiátrico de San Miguel de Tucumán. Murió de causas naturales ocho años después, según se estima, porque tampoco hay registros de su defunción.
Sus delirios quizás fueron inducidos por interpretación fílmica que Bela Lugosi hizo de la novela Drácula, que se estrenaría exactamente 29 años antes de su captura, un 14 de febrero de 1931, marcando un antes y un después en las producciones cinematográficas de terror y dejando una huella en la psique de Fernández, que él mismo se encargó de horadar con sus horrendos asesinatos.