El único maestro de la USI: enseña a inimputables y revela cómo logró lo impensado
David Dannemberg es el único maestro del aula satélite de la Escuela Especial 50 en la Unidad de Salud de Inimputables. Insistió durante años para lograr algo que hoy parece natural, pero que al principio generaba temor. Lo que consiguió cambió la rutina de decenas de pacientes.
David Dannemberg es el único docente del aula satélite de la Escuela Especial 50 que funciona desde hace cinco años en la Unidad de Salud de Inimputables (USI). Allí, entre pacientes declarados inimputables que cumplen condena, encontró el desafío que dice querer sostener hasta jubilarse.
La USI aloja a 100 pacientes: 13 mujeres y 87 hombres. Alrededor de 60 están en condiciones de asistir a la escuela. Las clases se organizan en grupos de 12 o 13 personas, en turnos de dos horas, y Dannemberg dicta dos turnos por día.
El aula satélite nació con dos maestros y grupos de apenas 5 alumnos. Con los años, el equipo se redujo a uno y la matrícula creció. "Nos fuimos adaptando y aprendiendo (nunca se deja de aprender), descartando cosas, ajustando… y fuimos incrementando el número a medida que ganamos experiencia y manejo", contó a PRIMERA EDICIÓN. El apoyo del equipo de salud mental fue clave para incorporar herramientas y tips en un proceso de ensayo y error.
Cuando el plan no sobrevive al día
Planificar una clase no garantiza que se pueda dictar. "A veces de los 12 vienen 4 de los que planificamos y los otros 8 no estaban en los planes", relató. Las ausencias tienen motivos variados: salidas en comisión al odontólogo o al juzgado, o simplemente que el paciente no se siente bien. El Servicio Penitenciario Provincial (SPP) se encarga de buscarlos y acompañarlos al aula.
"Hay que ser flexible, ir sobre la marcha", resumió el docente, que también ajusta las actividades sobre la hora cuando el contexto impone otro rumbo.
El único espacio mixto de la USI
El aula satélite es la única actividad institucional dentro de la USI que comparten hombres y mujeres. No siempre fue así: durante los primeros dos o tres años las clases eran separadas. Dannemberg insistió ante los directores de salud y de seguridad hasta que logró que el espacio fuera mixto.
"La verdad es que nos sorprendimos todos de cómo funcionó sin problemas y posibilitó que interactúen", afirmó. El objetivo principal, explicó, es que los pacientes sociabilicen. Al aula le fueron sumando "distintos condimentos" para convertirla en un espacio social.
De primaria incompleta a título universitario
La matrícula es heterogénea: alumnos de 18 a más de 60 años, con recorridos que van desde primaria incompleta hasta títulos universitarios. Aunque la oferta es de nivel primario, asisten personas con secundario y hasta estudios de grado completos.
"Difícilmente le voy a enseñar matemática a alguien que es ingeniero", admitió el maestro. Las diferencias no se notan en el día a día porque el foco está puesto en la socialización y en crear un ambiente distendido, de charla y buen trato, que los saque por unas horas del encierro.
Son los propios pacientes quienes piden ir a la escuela. "Nos sorprendió el recibimiento que tuvo el espacio", señaló Dannemberg.
De Gendarmería al aula en contexto de encierro
Nacido en Concepción de la Sierra, estudió para maestro rural y de zona de frontera. No cree en la vocación como un llamado innato: de chico pensaba en ser militar e incluso empezó la Escuela de Oficiales de Gendarmería, donde unos pocos meses le bastaron para saber que no era lo suyo. La docencia apareció después, como opción.
"Hay que elegir algo y después ponerle ganas, cariño", sostuvo, y recordó una frase de su madre: hacer lo mejor posible aunque el trabajo sea limpiar baños. Con la docencia, dijo, el amor se fue despertando. "Hoy, si volviera atrás no elegiría otra cosa", aseguró.
Trabajó en escuelas rurales de Formosa y en colegios privados de Chaco antes de volver hace 23 años a Misiones. Hace 16 años comenzó en la educación carcelaria, primero en la Unidad Penal VI, a prueba, cuando la escuela todavía no existía. Permaneció allí hasta que hace unos cinco años le propusieron mudarse a la USI. Dudó al principio, pero aceptó: "La rutina me aburre y me gustan mucho los desafíos".
Hoy no tiene dudas: "Pienso jubilarme acá y en la USI".
Una mano amiga
El maestro contó que a sus alumnos les faltan ropa, zapatos y colchas, porque muchos no tienen contacto con nadie de afuera. Quienes quieran colaborar pueden comunicarse al 3764-225384.