El turno fijo que miles de platenses no negocian: qué hay detrás del boom del pádel
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El turno fijo que miles de platenses no negocian: qué hay detrás del boom del pádel

¿Cuánto cuesta hoy reservar una cancha y por qué las mujeres cambiaron el mapa del pádel en La Plata? La explosión que ya suma más de 120 canchas y una lista de espera que no se frena.

La región ya tiene más de 30 complejos y unas 120 canchas, y la demanda obliga a reservar con anticipación. El pádel, que había tenido su gran capítulo en los 90, volvió con más fuerza después de la pandemia y hoy se mezcla con la vida cotidiana de miles de vecinos.

Hay un turno que se repite cada semana en miles de agendas. Cuatro personas, paletas en mano, una hora y media de juego. Pueden ser amigos, familiares, compañeros de trabajo o gente que se conoció justamente en la cancha. Cuando termina el partido, casi siempre aparece el mensaje para organizar el próximo.

En esa mezcla de ejercicio y vida social está una de las claves de la explosión. El fenómeno ya no distingue edades, géneros ni niveles de experiencia. Y en La Plata y la Región se nota en la cantidad de establecimientos, en las canchas que se renuevan y en una demanda que obliga a reservar con tiempo.

Entre clubes privados y sociales, complejos nuevos y lugares que recuperaron instalaciones antiguas, fuentes del sector estiman que funcionan más de 30 espacios y alrededor de 120 canchas en la Región, entre cubiertas y descubiertas. Los horarios más buscados van de 17 a 22.30, mientras que las clases ocupan buena parte de las mañanas y las primeras horas de la tarde.

“Te divertís sin saber jugar demasiado”

Sebastián Piñero (50) es dueño de Estación Norte y conoce esa historia desde adentro. Juega desde los 15 años, organizó torneos y entrenó durante mucho tiempo en las mismas instalaciones que hoy administra. Para él, el crecimiento actual se aceleró después de la pandemia.

“Junto con el tenis, fueron los primeros deportes que se habilitaron para que la gente pudiera practicar. Eso hizo que personas que venían de otras disciplinas se volcaran mucho al pádel. Es un deporte en el que te divertís sin saber jugar demasiado. Es fácil de practicar en los comienzos y después uno puede ir mejorando”, señala.

La facilidad para arrancar es una de las características que lo distinguen de otras disciplinas. No hace falta una preparación física extraordinaria ni dominar una técnica compleja. Alcanza con cuatro jugadores, una cancha, una paleta y algunas pelotas. Después, cada uno encuentra su propio recorrido y a su tiempo.

“No hace falta ser un atleta para disfrutarlo”

Walter Urquiola, responsable de Padel Up, también destaca el componente social. “Se puede armar un partido con personas de niveles muy distintos y resulta divertido igual. Pueden jugar varones y mujeres, personas con distintas capacidades físicas. No hace falta ser un atleta para disfrutarlo”, explica.

Leandro Stagnaro, a cargo de PadelPro, encuentra similitudes con aquella primera explosión de los años 90, aunque marca una diferencia de fondo. “En aquella época era una moda, una novedad, y se practicaba como un pasatiempo. Hoy los jugadores se toman mucho más en serio la actividad. El pádel se fue profesionalizando y dejó de ser una moda para quedar establecido como una de las primeras opciones a la hora de hacer deporte en nuestra ciudad”, sostiene.

El impulso de ellas

El cambio de perfil de los jugadores es uno de los aspectos más visibles. A los hombres que protagonizaron el primer auge se sumaron mujeres, chicos y adultos que nunca habían tenido una práctica deportiva regular. También llegaron jugadores provenientes del hockey, el vóley y el tenis.

Soledad Peluso, jugadora y profesora desde hace 32 años, directora de la Escuela de Pádel La Cueva, asegura que nunca había visto una convocatoria semejante. “Hace 11 años que trabajo con chicos y en los últimos tres nunca tuve tantas consultas. Tenemos el cupo completo y una lista de espera importante. También se acercan muchas mujeres que jamás habían practicado un deporte y que empiezan para probar. Después se enganchan, arman sus partidos y hasta se anotan en torneos”.

La incorporación de los más chicos tiene, en muchos casos, una explicación familiar. Llegan acompañando a sus padres y luego aparecen las clases, los amigos y las primeras competencias. La exposición de los profesionales en televisión y redes sociales también alimenta el entusiasmo.

“Hoy los chicos miran los partidos de los mejores jugadores y quieren imitarlos. Quieren hacer los mismos golpes que Agustín Tapia o Delfina Brea. Los ven como los chicos que siguen a Messi en el fútbol”, cuenta Peluso. Su escuela recibe niños desde los cuatro años.

En los adultos, las motivaciones son variadas: algunos quieren mejorar su juego, otros buscan una actividad para despejarse después del trabajo y también están quienes encuentran en la competencia amateur un estímulo para entrenar.

El crecimiento femenino resulta especialmente significativo. Urquiola lo comprobó: antes de la pandemia, en 2019, era difícil reunir diez mujeres que jugaran con cierto nivel. Actualmente, estima que su club tiene entre 600 y 700 registradas en las distintas categorías.

“Las mujeres son un motor enorme. Muchas vienen después de llevar a los chicos al colegio, aprovechan la mañana o el mediodía y encuentran ese rato para ellas. Se forman grupos, empiezan a competir y se genera una comunidad”, afirma.

Maricel Frangolini es una de las que volvió a encontrar en el pádel un espacio propio. De familia vinculada al deporte desde los años 90, jugó de chica en Mar del Plata y retomó con mayor continuidad hace un año. Ahora comparte entrenamientos con un grupo de mujeres. “Encontré un lugar cerca de casa donde daban clases y un grupo lindo. Nos juntamos los sábados o durante la semana. Es una actividad que disfruto mucho”, cuenta.

Lucía Timossi llegó en 2024, impulsada por las ganas de probar una disciplina que estaba ganando popularidad. Entrena los sábados con profesores y destaca la atención personalizada durante las clases. “Es un deporte bastante accesible en cuanto a la posibilidad de practicarlo. Las paletas y algunos elementos pueden ser caros, pero el profesor está pendiente de lo que hacés y corrige tus movimientos. Siento que el precio vale la pena”, señala.

Agenda, costos y negocio

La expansión también transformó el mapa comercial. La cantidad de complejos nuevos y las inversiones realizadas por establecimientos tradicionales muestran que hay un negocio en crecimiento, aunque sostenerlo requiere una estructura cada vez más exigente.

Alquilar una cancha durante una hora y media, el formato más habitual, cuesta en general entre 44.000 y 70.000 pesos, según el establecimiento y sus servicios. Dividido entre cuatro jugadores, representa entre 11.000 y 17.500 pesos por persona, sin contar las pelotas ni otros gastos.

Stagnaro señala que un turno cuesta 40.000 pesos. “Somos un club de barrio, estamos en una zona estudiantil y tenemos una sola cancha. Preferimos sostener ese rango para abrirles la puerta a quienes se acercan por primera vez al deporte”, explica. La demanda se concentra especialmente entre las 19 y las 22, mientras que las mañanas quedan destinadas principalmente a las clases.

Gerardo, de 50 años, juega desde la adolescencia, con una interrupción de varios años. Retomó alrededor de 2009 y mantiene desde hace más de seis años un turno fijo los martes, de 20.30 a 22. Integra un grupo que comenzó con padres del colegio al que concurrían sus hijos y que hoy tiene cuatro jugadores estables y varios suplentes.

“Tratamos de respetar el día durante todo el año para organizarnos laboral y familiarmente. Juego porque me gusta, me distrae y nos reunimos con amigos”, resume.

El costo de su partido es de 56.000 pesos por la cancha y unos 8.000 por un tubo de pelotas, que les alcanza aproximadamente para un mes. Cada jugador aporta alrededor de 14.000 pesos por el alquiler y 2.000 para las pelotas. A eso pueden sumarse la renovación del grip, la paleta o el calzado. “Cuando empezás vas con lo que tenés. Te prestan una paleta, después comprás alguna usada y de a poco vas incorporando elementos”, cuenta.

Piñero advierte que la rentabilidad de los complejos debe analizarse junto con los gastos de mantenimiento. La iluminación, los servicios y la conservación de las superficies representan costos importantes. Además, los establecimientos antiguos debieron invertir para adaptar sus canchas a las nuevas condiciones.

Cambio de escenario

La transformación de las canchas es otra de las claves del nuevo pádel. Las antiguas superficies de cemento y las paredes macizas dieron paso, en la mayoría de los establecimientos modernos, a pisos de alfombra, césped sintético con arena y cerramientos de vidrio templado. También cambiaron los alambrados y la iluminación.

“En mi club tuvimos que adaptarnos a los cambios de superficie. Antes se jugaba sobre cemento y con paredes de cemento; ahora se utiliza alfombra y vidrio. Los establecimientos nuevos ya nacen con esas características, mientras que los antiguos tuvimos que reconvertirnos”, explica Piñero.

La evolución también modificó la percepción sobre las lesiones. Durante los años 90, el pádel arrastraba cierta fama de ser perjudicial para las rodillas y la columna. Las superficies actuales amortiguan mejor el impacto, aunque los movimientos siguen exigiendo cuidados.

Peluso advierte que los problemas más frecuentes están vinculados con el codo, el hombro, la muñeca y las rodillas. Los cambios bruscos de dirección, las frenadas y los giros pueden generar lesiones cuando se realizan sin técnica o preparación. Por eso recomienda aprender a golpear y desplazarse dentro de la cancha, realizar una entrada en calor y complementar el juego con ejercicios de fuerza.

Stagnaro considera que la prevención es otro de los cambios importantes respecto de los años 90. “Antes no importaba demasiado la edad, el riesgo cardíaco, el sobrepeso o cualquier otro factor. Hoy hay más conciencia. Es indispensable contar con un buen calzado, mantener las instalaciones en condiciones y tener en cuenta las limitaciones personales. Existen riesgos de lesiones, pero no más que en cualquier otro deporte”, sostiene.

En PadelPro también registran un incremento de las consultas para tomar clases. “La persona que se acerca hoy sabe que, además de ser un deporte atractivo, requiere cierto entrenamiento si no quiere que quede simplemente en algo recreativo. Siempre hubo alumnos, pero en el último tiempo aumentaron muchísimo”, agrega. La entrada en calor, la hidratación y una alimentación equilibrada son, para él, cuidados básicos.

Maricel, que además es profesora de Educación Física, coincide en que la preparación muscular es indispensable. Lucrecia Decotto, que volvió a jugar en marzo después de muchos años y había competido durante la década del 90, también retomó el entrenamiento de fuerza y la actividad aeróbica para llegar en buenas condiciones a los partidos.

La profesionalización

El otro motor del crecimiento es la profesionalización. El pádel dejó de ser una actividad circunscripta a clubes y torneos locales para convertirse en un espectáculo internacional, con jugadores reconocidos y competencias que se transmiten por televisión y redes sociales.

Los torneos del circuito Premier Padel despertaron el interés de aficionados que siguen los resultados y buscan reproducir los movimientos de sus referentes. Agustín Tapia, Federico Chingotto, Franco Stupaczuk, Martín Di Nenno y Delfina Brea, entre los argentinos, comparten protagonismo con figuras españolas como Arturo Coello, Alejandro Galán, Juan Lebrón y Gemma Triay.

Gustavo Asnaghi, de 60 años, conoce el deporte desde sus primeros pasos en la Ciudad. Fue uno de los primeros jugadores platenses y participó del primer Mundial de Pádel, disputado en España, donde llegó hasta los cuartos de final. Actualmente integra la organización de los torneos Premier que se realizan en Argentina.

Asnaghi también forma parte de la historia de Othelo, el complejo donde funciona la Crystal Palace, una cancha de vidrio desmontable y transportable creada por el platense Jorge Galeotti. Según cuenta Asnaghi, “es la primera cancha de vidrio del mundo”.

La expansión profesional alimenta el desarrollo de los torneos amateurs. En La Plata se organizan competencias para menores, adultos y veteranos, en distintas categorías y para ambos sexos, con actividad local, provincial y nacional.

Urquiola observa esa relación en su complejo de Lobos, donde las clases, los partidos y los torneos forman parte de un mismo recorrido. “Los chicos empiezan en las escuelitas, después se animan a competir y eso los entusiasma a seguir entrenando. La clase, el partido y el torneo se retroalimentan”, describe. En ese camino, el complejo invirtió en una cancha principal con formato de estadio y gradas, que a fin de año será sede de un máster de ascenso de la Asociación de Jugadores Profesionales de Pádel.

De Mar del Plata a La Plata: la historia de un deporte que tuvo dos vidas

El pádel nació en México, a fines de la década del 60, por iniciativa de Enrique Corcuera, quien adaptó un espacio de su propiedad para crear una cancha más pequeña que la de tenis, rodeada de paredes que permitían incorporar los rebotes al juego. La idea se expandió hacia España, donde encontró terreno fértil y comenzó a desarrollarse como actividad deportiva y social. Desde allí se proyectó hacia otros países europeos y, especialmente, hacia la Argentina, que se convertiría en una de las grandes potencias de la disciplina.

En nuestro país, el deporte tuvo una expansión extraordinaria durante los años 90. Se multiplicaron las canchas, los clubes y los torneos, y el pádel llegó a convertirse en una de las actividades más practicadas después del fútbol. Luego atravesó un período de retracción, cuando muchos establecimientos cerraron y la disciplina perdió parte de la popularidad que había alcanzado. Décadas más tarde, el fenómeno volvió a crecer, esta vez con una infraestructura más moderna y un circuito profesional internacional.

En La Plata, los primeros pasos se dieron a mediados de 1986, después de que el paddle —como se lo escribía entonces— se convirtiera en una de las grandes atracciones del verano en Mar del Plata. Muchos turistas llevaron la novedad a sus ciudades y la disciplina comenzó a instalarse en distintos puntos del país.

El primer establecimiento platense fue La Plata Paddle, en 43 entre 18 y 19. Poco después abrió Arenas Paddle, en 7 entre 42 y 43. Allí, a instancias del doctor Juan Carlos De Marco, se creó a fines de 1986 la Asociación Platense de Paddle (APPTAS), considerada la primera asociación de este deporte en el mundo.

La entidad organizó torneos, consiguió patrocinadores, promovió la actividad y acompañó a los primeros jugadores que provenían, en su mayoría, del tenis, el tenis criollo y la pelota a paleta. Entre aquellos pioneros estuvieron Nandy Sarachu, Gustavo Asnaghi, Guillermo y José Luis Rifourcat, Adrián Frangul, Gustavo Shodlbauer, María José Sbrascini, Pablo Rovaletti y Sebastián Mocoroa.

La Ciudad también aportó figuras que luego tuvieron una extensa trayectoria internacional. Gastón Malacalza, Maxi Grabiel, Gerardo Derito, Agustín Gómez Silingo, Ramiro Moyano, Juan Manuel Rodríguez y Juan Restivo, entre otros, participaron durante años del circuito profesional. Varios desarrollaron después sus carreras como entrenadores en el exterior, donde formaron academias y trabajaron con jugadores de primer nivel.

La relación de La Plata con el pádel internacional tuvo otros dos hitos. En el club Estación Norte se disputó el primer Mundial de Menores de la disciplina. Y en el complejo Othelo funciona la primera cancha de vidrio del mundo desmontable y transportable, creada por Jorge Galeotti.

Gustavo Asnaghi, protagonista de aquella primera generación, recuerda el camino recorrido desde los primeros torneos locales hasta el presente, en el que participa de la organización de competencias internacionales. Cuarenta años después de aquellas primeras canchas, la Ciudad vuelve a vivir una expansión que remite a la década del 90, aunque con un deporte mucho más profesionalizado y conectado con el mundo.

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