El túnel que iba a unir Tucumán con Tafí del Valle y quedó en un cajón: cuánto costaría hoy
Hace más de 30 años se proyectaron dos puentes y un túnel en el kilómetro 30 de la ruta 307. Tenía presupuesto y hasta gobernador que lo impulsaba. Sin embargo, jamás se construyó, y hoy la montaña sigue cortando el camino a los valles.
Llegar a Tafí del Valle por la ruta 307 es, desde hace más de ocho décadas, un ejercicio de paciencia y riesgo. Entre los kilómetros 25 y 50, en plena Quebrada de Los Sosa, el camino se mete en las yungas y camina al borde del río, con la montaña siempre acechando. Ahí, las piedras y la tierra bajan cuando quieren.
La temporada de lluvias, que va de octubre a marzo, es la época brava: los derrumbes son la causa número uno de cortes de tránsito. En invierno el problema cambia de forma, pero no desaparece. La Dirección Provincial de Vialidad debe disponer cortes preventivos por heladas, niebla espesa y calzada congelada, sobre todo en el tramo que va de Acheral a Tafí del Valle.
Hay un verano que quedó en los registros como muestra de la magnitud del asunto: en 1987 se contabilizaron 20 interrupciones del tránsito y varios accidentes que involucraron a trabajadores viales.
El proyecto que se quedó en el papel
Tanta piedra cayendo terminó por empujar una idea que, a comienzos de los 90, parecía la solución definitiva. Durante la gobernación de Ramón Ortega se proyectó construir dos puentes y un doble túnel a la altura del kilómetro 30, uno de los puntos más inestables de todo el recorrido.
El presupuesto estimado era de $ 3 millones, que en aquel momento equivalían a U$S 3 millones. La obra, sin embargo, nunca pasó de la etapa de planificación.
Una discusión que arrancó antes de que existiera el camino
La pelea por un acceso seguro a los valles es más vieja que la ruta misma. Entre 1938 y 1940, Vialidad Nacional analizó varias alternativas. Una proponía salir desde Acheral, cruzar Puente Caído y la Sierra de La Ventanita para bajar hacia La Angostura. Otra planteaba entrar desde Pueblo Viejo por la Quebrada del Portugués hasta El Mollar.
El ingeniero Ricardo Maury, conocido por haber construido el viaducto ferroviario de La Polvorilla, fue quien propuso aprovechar la Quebrada del río Los Sosa. Después de sobrevolar la zona, concluyó que ese trazado permitiría acortar el recorrido en 13 kilómetros y evitar un desnivel de unos 600 metros, aunque saldría más caro por kilómetro que las otras opciones.
El proyecto se aprobó en mayo de 1940 y las obras arrancaron cuatro meses después, con frentes de trabajo en simultáneo en Acheral y Amaicha. El 25 de junio de 1941 llegó el primer automóvil a Tafí del Valle. La inauguración oficial se concretó el 17 de enero de 1943.
Desde ahí, la 307 se volvió clave para el turismo y para la comunicación entre la llanura tucumana y los Valles Calchaquíes. Pero su mantenimiento nunca dejó de estar atado a la geología y al clima de la montaña.
Las alternativas que se estudiaron y quedaron en el camino
Con los años se evaluaron numerosas variantes de acceso. Entre ellas figuran recorridos desde El Siambón por Anfama, por la cumbre de Mala Mala, desde la Quebrada de Lules y a través de El Matadero, El Lampacito, La Aguada y El Alisal.
Otra propuesta histórica fue la llamada pasada de Los Lugones, impulsada desde la gobernación de Lucas Córdoba, con un trazado que partía desde La Fronterita, en Famaillá. También se consideró un acceso desde Raco por el río Los Planchones y Anca Juli, según antecedentes recopilados por Carlos Páez de la Torre (h) y Pedro León Cornet en el libro Una historia de Tafí del Valle, publicado en 2011.
El túnel: 16 kilómetros que cambiarían todo
La opción que más podría transformar la conectividad provincial es un túnel desde el piedemonte hasta el valle. Los estudios históricos indican que la distancia más corta está entre el paraje La Tortilla, al noroeste de Famaillá, y Abra La Angostura, en el acceso a El Mollar: unos 16 kilómetros en línea recta, bastante menos que el recorrido actual por la montaña.
La Tortilla queda a unos nueve kilómetros al norte del ingenio La Fronterita y a 12 kilómetros al noroeste de Famaillá, en una zona del piedemonte parcialmente dedicada a la actividad agrícola.
La idea de atravesar la montaña con un túnel se empezó a discutir incluso antes de que terminara la ruta 307, cuando especialistas de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Tucumán evaluaban conexiones directas con Tafí del Valle.
El gran obstáculo siempre fue el costo. Las estimaciones generales para túneles de montaña van de U$S 10 millones a U$S 50 millones por kilómetro, según las condiciones geológicas, las dimensiones y las características técnicas. Aplicadas a 16 kilómetros, esas cifras darían una inversión preliminar de entre U$S 160 millones y U$S 800 millones, sin contar necesariamente los accesos, las instalaciones complementarias ni otros costos. Se trata de una referencia teórica, no de un presupuesto hecho para Tucumán.
La variante más ambiciosa: túnel y tren
Hay una alternativa todavía más grande: un túnel que permita el paso de vehículos y también de formaciones ferroviarias. Según el trazado propuesto, desde la estación del Ferrocarril Belgrano en Bella Vista hasta La Tortilla hay unos 20 kilómetros, a los que se sumarían los 16 del eventual túnel hasta el valle.
Si se cuentan los 24 kilómetros que separan la Capital de Bella Vista por el recorrido ferroviario mencionado, se podría proyectar una conexión de aproximadamente 60 kilómetros entre San Miguel de Tucumán y Tafí del Valle. Eso sí: requeriría estudios específicos de factibilidad técnica, económica, geológica y ambiental, además de evaluar su integración con la red ferroviaria existente.
Por ahora, túneles y trazados alternativos siguen en el terreno de las propuestas históricas y las posibilidades de infraestructura. No hay proyecto ejecutivo aprobado ni financiamiento comprometido.
Mientras tanto, la ruta 307 sigue cargando con el peso de la conectividad turística y económica de los valles, con trabajos de mantenimiento que se repiten año tras año. La necesidad de un acceso seguro, de menos interrupciones y de costos de conservación más bajos mantiene viva una discusión que Tucumán arrastra desde hace más de ocho décadas: cómo cruzar la montaña sin depender de un solo camino expuesto a los derrumbes y al clima.
