El titiritero que eligió su tiempo: Córdoba homenajea a Roberto Espina con una tarde de títeres y memoria
Córdoba le abre las puertas a un homenaje que mezcla títeres, música y memoria. Pero hay una frase de un compañero de ruta que explica por qué Espina eligió su tiempo y sus acciones.
El Centro Cultural Casona Municipal abre sus puertas este viernes para recordar a uno de los grandes referentes del teatro de títeres en español. La cita es a las 19 en avenida General Paz 395, con entrada libre y gratuita, y propone un recorrido que cruza la memoria, la literatura, la música y el universo titiritero.
El encuentro se llama El espinazo infinito y reúne a artistas que trabajaron cerca de la obra y el legado de Roberto Espina. La propuesta no se limita a una charla: combina videos, canciones, lecturas y funciones en miniatura.
Quiénes participan
Quique Di Mauro aportará memorias en formato de video. Lucía Di Mauro presentará títeres dentro de las "pantomimas musicales" de Héctor y Eduardo Di Mauro. Daniel Di Mauro narrará el cuento El monstruo, de Espina. Menta Sáez pondrá las canciones, Galia Kohan leerá textos del propio dramaturgo y Verónica Urbani cerrará con una presentación de Lambe Lambe.
Un creador que marcó camino
Nacido en Buenos Aires en 1926, Espina construyó una carrera clave para el teatro de títeres en todo el ámbito hispanohablante. En 1956, con 30 años, fundó el grupo Los Comediantes de la Ruta. Ya en la década del 60 se sumó al Centro de Estudios de Arte Dramático Fray Mocho, un espacio que resultó decisivo en su formación.
Entre 1959 y 1995 desplegó una escritura con sello propio, que encontró en los retablos y en las puestas de titiriteros de habla hispana una manera de seguir vivo y de multiplicarse. Su producción se reconoce por la originalidad y por las puertas que abrió para la creación escénica.
Pero Espina no fue solo autor y hombre de teatro. Su compromiso estuvo atravesado por la búsqueda de utopías igualitarias, alimentadas por las ideas socialistas de los siglos XIX y XX. Para él la libertad no era una idea abstracta: implicaba elegir, tomar decisiones y cargar con las incertidumbres y los conflictos que esa elección trae aparejados.
La voz de un compañero de ruta
El dramaturgo y titiritero español Esteban Villarrocha, vinculado al Teatro Arbolé de Zaragoza, recordó esa dimensión humana e intelectual de Espina a partir de una relación que cruzó escenarios y fronteras.
"Roberto Espina era un hombre elegante; elegante proviene de elegir, escoger: él eligió su tiempo y sus acciones", escribió Villarrocha. Su recuerdo describe a un hombre libre y apasionado, atravesado por el desasosiego, que sostenía sus convicciones sin esquivar las contradicciones.
Juntos recorrieron España, Argentina, Cuba y Portugal. En esos viajes compartieron conversaciones sobre cultura, teatro, política y literatura, además del descubrimiento de poetas chilenos, literatura argentina contemporánea y dramaturgia criolla. También discutieron con intensidad sobre ideología, táctica y estrategia.
"Fuimos compañeros", resumió Villarrocha, en una frase que condensa el afecto, la afinidad intelectual y el compromiso compartido.
El espinazo infinito busca recuperar esas distintas capas de Espina: el creador, el pensador y el compañero de ruta. Una invitación a reencontrarse con su legado a través de las voces, las imágenes y las expresiones artísticas que mantienen viva su memoria.
Las obras de Roberto Espina
Su producción incluye títulos como Alocada Avaricia (1959), Osobuco Soberbio a la Parrilla (1959), Las Zorrerías (1959), El Payaso y el pan (1961), La Carpa de Trufaldino (1968), El Té se Enfría (1968), La Vaca Blanca (1973), Infra Versus Supra o las Andanzas de Metacarpio y Cardumen (1973), Sin ton ni son (1973), El Sueño del Juicio (1983), JuandeMaríade (1984), El Ensayo o Quién le teme a Beau Geste (1987), La Edad Dorada (1991) y Guanahani (1995). La más extensa, La República del Caballo Muerto, se desarrolló entre 1968 y 1990.