El taller que sacó a los chicos de El Portezuelo a pintar entre los árboles

Once chicos de El Portezuelo expusieron sus pinturas en Villa Dolores, pero lo que más llama la atención es dónde las crearon: al aire libre, con caballetes entre los árboles. Un proyecto comunitario que nació de una pregunta de los padres y que cambió la forma de acercar el arte a las infancias.

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El taller que sacó a los chicos de El Portezuelo a pintar entre los árboles
El taller que sacó a los chicos de El Portezuelo a pintar entre los árboles

Una sala de exposiciones en pleno centro de Villa Dolores se llenó el sábado 22 de agosto con colores que no nacieron en un atelier, sino entre los árboles y los cerros de El Portezuelo. La muestra, inaugurada en el Espacio de Artes Visuales Coca Luján, reúne los trabajos de un grupo de niñas, niños y adolescentes que desde hace más de tres años participan de un taller de artes visuales con una particularidad: buena parte de la actividad se desarrolla al aire libre, con caballetes plantados en la naturaleza.

La historia de esta experiencia comenzó con una inquietud de la propia comunidad de El Portezuelo. En la escuela primaria del lugar se dictaban clases de música, pero no existía una propuesta específica de pintura o artes plásticas. Esa ausencia encendió el interés de madres y padres, que empezaron a preguntarse por qué sus hijos no tenían también un espacio para acercarse a las artes visuales de manera sostenida.

La respuesta llegó de la mano de la Biblioteca Popular Pedro Salomón Chade, que abrió el espacio y dio inicio a un taller que fue creciendo hasta convertirse en un proyecto estable. Hoy, ese taller no se desarrolla entre cuatro paredes: los talleristas trabajan con pintura acrílica sobre tela y madera y realizan gran parte de su producción al aire libre, en contacto directo con el paisaje que los rodea.

Pintar con el paisaje como testigo

La modalidad al aire libre no es un detalle menor. Pintar en medio de la naturaleza cambia la relación con lo que se quiere representar. El paisaje deja de ser un simple tema y se vuelve una presencia viva: está en la luz, en los colores, en los árboles, en los sonidos y en las transformaciones del entorno mientras se pinta.

En El Portezuelo, el territorio forma parte del proceso creativo. Las niñas y los niños crecen en relación con ese paisaje y encuentran en él una fuente inagotable para la imaginación. Lo que observan y conocen en su vida cotidiana puede aparecer transformado en una pintura. No se trata de copiar el paisaje, sino de mirarlo, sentirlo, imaginarlo y devolverlo convertido en una imagen propia.

Ese proceso permite que cada participante desarrolle una manera singular de expresarse. Los colores elegidos, las formas, las proporciones y las escenas van marcando diferencias entre una obra y otra. El valor central de la experiencia, según sus impulsores, no es enseñar una única manera de mirar, sino ayudar a que cada uno encuentre la suya.

Once protagonistas, once miradas

La muestra reúne las producciones de León Russo, Néstor Martínez Collantes, Lila Loritz, Alba Acosta Marinaro, Blanca Acosta Marinaro, Eva Ybarra, Briana Lencina Cardozo, Carla Lencina Cardozo, Yamiro Figueroa Olivito, Tomi Olivito Figueroa y Rodrigo Bracamonte. Cada uno llegó con una producción propia, fruto de un proceso compartido pero también profundamente personal.

Las obras dialogan entre sí en las paredes de la sala, aunque conservan las diferencias que caracterizan a cada mirada. La riqueza de la muestra reside justamente en que no hay una única infancia ni una única sensibilidad: hay muchas, y cada una encontró en el arte un lugar para hacerse visible.

Contemplar la exposición implica también acercarse a la forma en que estos chicos perciben su entorno. Sus trabajos hablan de lo que ven y de lo que imaginan, de aquello que existe y de aquello que solo existe, por ahora, en el territorio fértil de la imaginación.

Un proyecto que se sostiene en comunidad

El taller de El Portezuelo contó desde sus comienzos con el acompañamiento de las familias. Madres, padres y personas cercanas a los participantes entendieron que abrir un espacio para las artes visuales era ampliar las posibilidades de formación y expresión de las infancias. Ese acompañamiento es esencial, porque la educación artística no se limita al aprendizaje de una técnica: crear implica aprender a observar, tomar decisiones, desarrollar sensibilidad y confiar en la propia capacidad de expresar algo.

La inauguración del sábado fue uno de esos momentos en los que el trabajo cotidiano salió al encuentro de la comunidad. La muestra fue organizada por la Biblioteca Popular Pedro Salomón Chade, la casa Roja y Verde y el Refugio Verde El Portezuelo, con el apoyo de quienes sostienen esta experiencia desde el territorio.

De El Portezuelo a Villa Dolores, las pinturas realizaron un pequeño viaje. Pero con ellas viajó también la historia de un proyecto que comenzó con una pregunta sencilla: ¿por qué las niñas y los niños no tienen un espacio para pintar? La respuesta, construida colectivamente, lleva ya más de tres años.

Celebrar con las manos y la imaginación

La coincidencia de la inauguración con los festejos por el Día de las Infancias le dio a la jornada un significado especial. Muchas veces, cuando llega esa fecha, los adultos piensan en qué ofrecerles a los chicos: juegos, espectáculos, regalos. Esta muestra propuso otra posibilidad: que las infancias no sean solo quienes reciben una celebración, sino quienes tienen algo para mostrar, decir y compartir.

Las paredes del Espacio Coca Luján ofrecieron la respuesta. Allí estaban sus pinturas, no como complemento decorativo, sino ocupando el centro de la escena. Los niños celebraron su día a través de aquello que habían producido con sus propias manos, con su imaginación y con años de trabajo. Celebrar las infancias puede ser también reconocerlas como creadoras de cultura, capaces de imaginar mundos, interpretar el que habitan y expresarse sobre él.

La trayectoria que acompaña

Detrás de esta experiencia está María Inés Marinaro, profesora de Artes Visuales, artista visual y docente catamarqueña, con una amplia trayectoria en producción artística y formación docente. Es docente del Instituto Superior de Arte y Comunicación (ISAC) de Catamarca, participó en proyectos de investigación sobre enseñanza y evaluación de las artes visuales e integró espacios como La Ventolera. También estuvo vinculada a la gestión cultural como directora del espacio La Primitiva y fue seleccionada para participar en “En Frecuencia”, programa regional que reunió a artistas visuales de las seis provincias del NOA.

Desde hace más de tres años coordina el Taller de Artes Visuales de El Portezuelo, donde articula educación artística, creatividad, naturaleza y territorio. La muestra dejó, finalmente, mucho más que una colección de pinturas: dejó visible una experiencia. La de una profesora que enseña, familias que acompañan, instituciones comunitarias que abren espacios y un grupo de chicos que, frente a un caballete y en medio de la naturaleza, aprendieron que aquello que observan y aquello que imaginan también puede transformarse en arte.

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