El Súper Niño llega a Mendoza y los viñateros ya calculan cuánto les va a costar
Sergio Villanueva, del Fondo Vitivinícola de Mendoza, ya anticipó qué puede pasar con la uva y con los costos de las fincas cuando el Súper Niño se instale en la provincia. El dato que más preocupa a los productores.
Las lluvias de los últimos días en buena parte de Mendoza y el granizo que cayó este miércoles 20 de octubre volvieron a poner el foco en un fenómeno que preocupa al sector: el Súper Niño y sus posibles efectos sobre la próxima temporada vitivinícola.
El exceso de humedad puede ser un arma de doble filo. Por un lado, favorece el crecimiento de las vides; por el otro, multiplica el riesgo de enfermedades y obliga a los productores a invertir más recursos en el cuidado de las fincas.
El impacto económico, en la mira
Sergio Villanueva, referente del Fondo Vitivinícola de Mendoza, anticipó que el fenómeno podría dejar consecuencias económicas de peso, sobre todo en un contexto donde la producción primaria arrastra precios bajos de la uva y costos que no dan respiro.
"Yo creo que va a tener un gran impacto desde el punto de vista económico", sostuvo Villanueva al analizar qué pasaría con un período de lluvias más intensas y sostenidas en el tiempo.
El principal riesgo que identificó es la aparición de enfermedades causadas por hongos, como el mildiu o la peronóspora, que atacan las plantas cuando la humedad se mantiene alta durante mucho tiempo.
Para prevenirlas, los productores deben aplicar tratamientos y productos específicos. El problema es que ese gasto extra cae sobre fincas que ya trabajan con márgenes muy ajustados.
Fincas abandonadas y un año malo que se acumula
Villanueva explicó que, por la crisis de rentabilidad, algunos productores ya recortaron las tareas de mantenimiento de sus viñedos. Otros directamente dejaron fincas abandonadas porque las ganancias son nulas o casi inexistentes. En ese escenario, un clima que exija más cuidados podría agravar las dificultades.
"Estamos en un momento donde ha sido un mal año para la producción primaria por los precios. Viene de otro año anterior, pero cuando se acumulan es peor", señaló.
El otro problema es la incertidumbre: aunque hay pronósticos, todavía no se sabe con precisión cuánto va a durar el fenómeno ni qué intensidad tendrá. Si la humedad se mantiene durante los próximos meses, las fincas van a necesitar más plata para proteger los cultivos.
Por eso, el referente consideró clave evaluar alternativas de financiamiento que les permitan a los productores afrontar el costo adicional de los tratamientos. También pidió que los gobiernos provinciales contemplen medidas para facilitar el acceso a esos productos si el escenario climático se complica.
Menos uva y precios bajo presión
Para Villanueva, la próxima cosecha podría tener una producción menor por la suma de varios factores: el abandono de fincas, los cuidados insuficientes por las dificultades económicas y los posibles daños de las enfermedades ligadas a la humedad.
En ese sentido, anticipó que podría haber menos disponibilidad de uva y que eso presionaría sobre los precios. Aclaró, de todos modos, que la evolución del mercado también dependerá de cómo se comporte el consumo.
El referente remarcó que los precios de la uva ya necesitaban una recomposición antes incluso de considerar los efectos del Súper Niño, porque los costos de producción superan los valores que paga el mercado.
"Los costos de producción son bastante superiores a los costos que estaba pagando el mercado", afirmó.
La duración del fenómeno también incide en el precio. Si las lluvias y la humedad se estiran hasta marzo o abril, podrían coincidir con la cosecha y complicar las condiciones de la vendimia.
El lado bueno del agua
Más agua no es necesariamente una mala noticia para la vitivinicultura. Según Villanueva, las lluvias pueden favorecer el crecimiento de las plantas y aumentar el tamaño y el peso de las uvas.
La contracara es que la humedad persistente eleva el riesgo de enfermedades que exigen tratamientos específicos.
El dirigente también señaló que los períodos húmedos pueden reducir la probabilidad de heladas tardías, una amenaza habitual para los viñedos entre octubre y mediados de noviembre, capaces de dañar las plantas y comprometer parte de la producción.
Respecto del granizo, recordó que su impacto depende de la zona afectada y de la intensidad de cada episodio. Según su estimación, las pérdidas históricas por este fenómeno suelen representar entre el 8% y el 10% de la producción total, aunque en algunas áreas el porcentaje puede ser mayor.
Las granizadas de octubre, un mes en el que estos episodios son poco habituales para la época, se suman a las señales de alerta que deja el comportamiento del clima.
Mendoza y San Juan, en el centro de la escena
Mendoza y San Juan concentran la mayor parte de la producción vitivinícola argentina, por lo que cualquier alteración climática que las afecte puede tener consecuencias para toda la actividad.
Villanueva también advirtió sobre los daños de las heladas en zonas productoras más al norte, desde San Juan hasta los Valles Calchaquíes, donde algunas variedades tempranas y uvas de mesa ya sufrieron un frío poco habitual.
Además, consideró que el impacto de la humedad podría ser más intenso en otras regiones vitivinícolas del país, aunque las consecuencias dependerán de las condiciones particulares de cada una.
Por ahora, el principal problema es la falta de certezas sobre la evolución del clima y su efecto sobre los cultivos. Para Mendoza, el desafío será afrontar una posible temporada con mayores exigencias sanitarias en las fincas, en un contexto en el que los productores ya tienen dificultades para cubrir los costos habituales de producción.
"Todo esto implica una incertidumbre y hay que prepararse", resumió Villanueva, con la mirada puesta en lo que puede venir para un sector que ya viene golpeado.