El sismo que marcó a San Luis: la odisea de las familias que pasaron un mes durmiendo al aire libre

¿Qué pasó aquella noche de 1936 en San Luis? Familias enteras durmieron a la intemperie durante semanas. Conocé los detalles de un sismo que marcó a la provincia.

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El sismo que marcó a San Luis: la odisea de las familias que pasaron un mes durmiendo al aire libre
El sismo que marcó a San Luis: la odisea de las familias que pasaron un mes durmiendo al aire libre

En mayo de 1936, un violento terremoto sacudió el norte de San Luis y dejó una estela de destrucción que aún resuena en la memoria provincial. Durante más de un mes, numerosas familias debieron dormir a la intemperie, soportando el frío del invierno puntano mientras sus casas quedaban inhabitables.

La noche que la tierra rugió

Todo ocurrió alrededor de las 20:17 del 21 de mayo. El movimiento principal, registrado por el INPRES con fecha 22 de mayo, alcanzó una intensidad de VIII grados en la escala Mercalli y se sintió con fuerza en localidades como San Martín, San Francisco del Monte de Oro, Quines, Villa de Praga y Las Chacras. El fenómeno también se percibió en otras zonas de Cuyo y Córdoba, dejando en claro que no fue un evento menor.

El investigador Mario Z. Camargo reconstruyó el episodio a partir de archivos históricos y publicaciones de la época. Según su trabajo, el sismo provocó derrumbes y graves grietas en numerosas construcciones. Los vecinos, presas del pánico, evacuaron sus hogares y buscaron refugio en patios, calles y plazas, mientras las réplicas y los ruidos subterráneos se prolongaron durante varios días.

Testimonios que estremecen

Un enviado especial del diario La Reforma recorrió la zona y describió la magnitud del desastre: “Más del noventa por ciento de los edificios de la población se encuentran seriamente afectados”, informó sobre San Francisco del Monte de Oro. Las paredes agrietadas y las viviendas a punto de colapsar se volvieron una postal cotidiana.

La vida cotidiana se alteró por completo. En una escuela del departamento San Martín, la directora intentó continuar con las clases pese al estado del edificio, pero los padres se negaron a enviar a sus hijos por temor a que la estructura se desplomara.

Un héroe anónimo en el correo

En medio del caos, surgieron historias de compromiso y valentía. Deovigildo A. Becerra, jefe de Correos y Telégrafos, permaneció toda la noche en su puesto, a pesar de que el edificio había sufrido daños graves. Su misión: transmitir información a la población. En una época sin celulares ni redes sociales, el telégrafo era el único vínculo entre los pueblos afectados y el resto del país.

La emergencia no terminó esa noche. El 25 de junio de 1936, la Comisión Popular de Auxilio a los damnificados envió una carta al director de La Reforma pidiendo ayuda. El reclamo era urgente: “innumerables familias que duermen a la intemperie”, expuestas al frío y a las enfermedades, aún no habían recibido suficientes carpas para resguardarse.

El desastre visto por las cámaras

La revista Caras y Caretas, en su edición N°1968 del 20 de junio de 1936, publicó una cobertura gráfica del sismo. Las imágenes mostraban la Escuela Nacional de Villa de Praga en ruinas, la vivienda de un vecino de San Martín destruida, muebles de la Escuela N°151 de Las Chacras convertidos en dormitorio improvisado y familias alojadas en carpas. Una foto particularmente conmovedora retrató a Carlos Genaro Rodríguez junto a su familia dentro de su refugio en Las Chacras, mientras otra mostraba una carpa en la plaza de esa localidad con efectivos del Ejército interviniendo.

La noticia cruzó el océano

El impacto del terremoto trascendió fronteras. Diarios españoles como El Sol, de Madrid, publicaron el 29 de mayo una nota titulada “Pueblo destruido por un terremoto”, asegurando que los habitantes de Las Chacras habían huido al campo. Al día siguiente, el periódico Ahora informó sobre nuevos movimientos y describió a Las Chacras como una localidad reducida a escombros, con desprendimientos de rocas en Paso Grande, San Martín y San Francisco del Monte de Oro.

En la capital puntana, el sismo se sintió con violencia: algunos relojes se detuvieron y cayeron cornisas, aunque no hubo daños comparables con los del norte provincial. En El Trapiche, se reportaron fuertes ruidos subterráneos.

Un legado que perdura

Noventa años después, el terremoto de 1936 sigue siendo una referencia clave para la sismología argentina. El INPRES lo ubica en las coordenadas -32,600 y -66,000, y el Observatorio Sismológico del CONICET lo incluye entre los eventos que demostraron la capacidad de las Sierras Pampeanas Orientales para generar sismos de gran magnitud.

Más allá de los registros técnicos, aquella noche de mayo quedó grabada en la memoria colectiva a través de escenas cotidianas: familias rescatando muebles de casas agrietadas, chicos sin escuela, vecinos durmiendo bajo carpas y un jefe de Correos que eligió quedarse en un edificio dañado para que la información siguiera fluyendo.

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