El secreto que los alemanes descubrieron en los cerros de Salta

¿Qué encontraron dos botánicos alemanes en las rocas de un río salteño que terminó dando la vuelta al mundo científico?

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El secreto que los alemanes descubrieron en los cerros de Salta
El secreto que los alemanes descubrieron en los cerros de Salta

Dos botánicos alemanes llegaron a Salta en la segunda mitad del siglo XIX buscando plantas exóticas, pero terminaron encontrando algo que cambiaría la ciencia: fósiles marinos de millones de años. Sus nombres, Pablo Lorentz y Jorge Hieronymus, quedaron grabados en la historia de las ciencias naturales del país.

Lorentz y Hieronymus formaban parte de aquella camada de naturalistas viajeros que recorrían el territorio a lomo de mula, como antes lo habían hecho Darwin o Burmeister. Su expedición, realizada entre 1871 y 1873, los llevó a explorar la flora subtropical de las Yungas, pero también a toparse con un tesoro escondido en las rocas.

Un viaje que empezó por las plantas

En marzo de 1873, los científicos llegaron a la ciudad de Salta tras un largo recorrido por Rosario de la Frontera, Metán y el río Juramento, por lo que hoy se conoce como la "ruta Güemesiana". Venían herborizando plantas, y su trabajo sentó las bases de la botánica sistemática en la Argentina.

El botánico Lázaro Novara, de la UNSa, siguió los pasos de la expedición y fue a Córdoba para estudiar los especímenes conservados. Los duplicados habían sido enviados a Alemania, donde el eminente August Grisebach los analizó y escribió dos volúmenes fundamentales sobre la flora argentina. Esos materiales, lamentablemente, fueron destruidos durante los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial.

Lorentz, contratado por Sarmiento para la Academia Nacional de Ciencias de Córdoba, tuvo un duro enfrentamiento con su jefe, el sabio Germán Burmeister, que le costó el puesto. Se fue a Entre Ríos, donde enseñó y estudió la flora, y murió a los 46 años. Es el único de los primeros científicos de Sarmiento que fue enterrado en el país.

El hallazgo en las rocas del río

Pero el destino les tenía preparada una sorpresa. En su recorrido por los ríos Yacones, de las Nieves y Potrero de Castillo, a los naturalistas les llamó la atención la cantidad de bloques sueltos de rocas negras y hojaldradas en el lecho del río. Al romperlas, se llevaron la sorpresa de que estaban llenas de fósiles marinos, especialmente trilobites.

Esos fósiles, que hoy se sabe que pertenecen al Ordovícico inferior, fueron enviados al Dr. Emanuel Kayser, del Servicio Geológico Prusiano, quien publicó en 1876 un trabajo que se convirtió en un clásico: "Sobre fósiles primordiales y del silúrico inferior de la República Argentina". Allí describió los primeros fósiles salteños, entre ellos trilobites, braquiópodos y gasterópodos.

El revuelo científico fue mayúsculo. Kayser compartió ejemplares con otro paleontólogo alemán, Fritz Frech, quien describió en 1880 un trilobite del cerro San Bernardo y lo llamó "Dalmania caudata". Pero las disputas sobre su clasificación y edad no terminaron ahí: el noruego Waldemar Brögger también se metió en la discusión, hasta que Kayser, en 1898, aclaró que se trataba de otra especie y la bautizó "Thysanopyge argentina".

Ese trilobite se convirtió en el primero descrito para las rocas del cerro San Bernardo y hoy es uno de los más famosos de las montañas del norte argentino y de Bolivia. En las montañas de Pascha, en Salta, y en Tarija, Bolivia, se han encontrado ejemplares gigantes de entre 20 y 40 centímetros de diámetro, con una conservación que los hace verdaderas piezas de museo.

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