El secreto que esconden los pasillos del centro: la historia que pocos conocen

¿Sabías que el primer pasaje comercial cubierto de la ciudad data de 1938 y que una guerra mundial frenó su expansión? Descubre cómo se forjó este circuito que hoy es parte de la identidad tucumana.

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El secreto que esconden los pasillos del centro: la historia que pocos conocen

Un modelo comercial que nació en 1938 y transformó para siempre la forma de comprar y circular en la ciudad. Las galerías comerciales del centro de San Miguel de Tucumán son mucho más que simples pasajes cubiertos; representan una solución urbana que se expandió durante décadas, adaptándose a los cambios económicos y sociales, y hoy forman parte del patrimonio inmaterial de la ciudad.

Todo comenzó en 1938 con la inauguración de la Galería Juan B. Pezza, ubicada en San Martín 650. Este fue el primer intento concreto de crear un pasaje comercial cubierto en Tucumán. El proyecto original preveía una conexión directa con la calle 24 de Septiembre, pero la irrupción de la Segunda Guerra Mundial y su impacto económico interrumpieron las obras. Aunque quedó inconclusa y no llegó a consolidar un recorrido pasante, sentó las bases de un modelo que se replicaría y ampliaría en las décadas siguientes.

¿Cómo se expandió este sistema?

Durante los años posteriores, la expansión de este tipo de espacios se vio limitada por la coyuntura económica. Recién a mediados del siglo XX, con mayor acceso al crédito y una ciudad en proceso de modernización, las galerías comenzaron a multiplicarse. El punto de inflexión llegó en la década de 1950, tras la firma de un convenio entre empresas encabezadas por Enrique García Hamilton, Enrique Minyersky, Carlos de La Serna y la firma Kostzer Hermanos.

Ese acuerdo permitió desarrollar y unificar un sistema de galerías interconectadas dentro de una misma manzana céntrica. Como resultado se materializaron y vincularon las galerías Maipú, Central y San Martín, inauguradas en 1956. La Galería Maipú fue proyectada por el ingeniero Saúl Catsap y la arquitecta Sara Abregú. La Galería Central estuvo a cargo del ingeniero Luis Silvetti, con una propuesta de diseño neocolonial. La Galería San Martín fue obra del arquitecto José Elías Niklison.

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En una etapa posterior se sumaron la Galería Muñecas (1959), proyectada por los arquitectos Adolfo Cavagna y Ricardo Marré, y la Galería Medici, completando el aprovechamiento interior de la manzana delimitada por San Martín, Maipú, Mendoza y Muñecas. En paralelo, ya funcionaban en la cuadra contigua la Galería Rose Marie, que se extendía hacia el pulmón de manzana bajo el nombre de Florida, con salida sobre calle San Martín.

¿Qué hizo especial a la Galería Mendoza?

El 9 de julio de 1963 se inauguró la Galería Mendoza, incorporándose a un circuito ya consolidado. Fue promovida por el empresario Camel Auad y proyectada por el arquitecto Carlos Invernizzi. Su ubicación estratégica, frente al Mercado del Norte, reforzó el eje comercial de la zona. La Galería Mendoza fue la de mayor complejidad estructural hasta ese momento: contaba con tres plantas y 63 locales, distribuidos en 39 comercios, 22 oficinas y dos confiterías, ubicadas en el acceso principal y en el centro del recorrido.

En 1988, el complejo se amplió hacia el oeste con la incorporación de la Galería Junín, extendiendo su salida hasta esa calle. La misma manzana céntrica continuó sumando espacios durante las décadas siguientes. En 1980 se inauguró La Gran Vía, concebida como una galería de perfil más exclusivo, ubicada en planta baja bajo un moderno edificio de oficinas. Luego se incorporaron la Galería del Ángel (1983), la Galería Ancel (1986) y la Galería del Centro (1987), esta última conectando Muñecas al 100 con San Martín a través del edificio conocido como Galería La Unión.

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¿Cuáles fueron las claves de su éxito?

El éxito sostenido de las galerías respondió a una combinación de factores: pasillos amplios que facilitan la circulación y los encuentros espontáneos, iluminación artificial avanzada para la época, distribución racional de locales (muchas veces agrupados por rubro), incorporación de obras artísticas y recursos estéticos, y la vinculación directa con las peatonales y la zona bancaria.

Desde fines de los años 50, el surgimiento de boutiques y supermercados comenzó a modificar los hábitos de consumo. Más tarde, en los años 80, la generalización del uso de tarjetas de crédito introdujo nuevas dinámicas comerciales. A fines del siglo XX y comienzos del XXI, la llegada de shoppings, hipermercados, cines y patios gastronómicos planteó un nuevo escenario competitivo.

¿Cómo se adaptaron a los cambios?

Frente a ese contexto, las galerías atravesaron procesos de renovación edilicia, modernización estética y actualización de sistemas de climatización. Durante la pandemia debieron adaptarse a protocolos sanitarios, con control de accesos y circulación diferenciada. Superada esa etapa, retomaron su dinámica habitual.

Hoy, las galerías comerciales de Tucumán no solo representan una transformación física del microcentro, sino también un componente del patrimonio inmaterial de la ciudad. Integradas a los recorridos diarios, vinculadas históricamente a familias emprendedoras —muchas de ellas de origen sirio-libanés—, siguen funcionando como espacios de tránsito, comercio y encuentro que forman parte de la identidad urbana tucumana.

Caminar por sus pasillos continúa siendo una experiencia cotidiana que combina consumo, memoria y vida social en el corazón de la ciudad.

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