El secreto que esconden los desechos cloacales de San Martín de los Andes y que nadie imaginaba
Los lodos cloacales de San Martín de los Andes hoy terminan en un vertedero privado, con costos, olores y espacio que se complican cada temporada. Un equipo científico de la UNCo ya tiene un plan para convertirlos en energía y abono, y el resultado podría cambiar la forma en que la ciudad mira sus desechos.
Un equipo de la Universidad Nacional del Comahue estudiará si los lodos de la planta de tratamiento de la ciudad pueden convertirse en energía y abono, en lugar de terminar enterrados en un vertedero privado.
El fango espeso que queda al final del tratamiento de las cloacas, formado por microorganismos y materia orgánica, podría dejar de ser un dolor de cabeza para San Martín de los Andes. Un grupo de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional del Comahue (FAIN-UNCo) investigará si de esos lodos se puede obtener energía y un material aprovechable mediante digestión anaeróbica.
El proyecto se llama «Valorización energética y agronómica de los lodos de la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales de San Martín de los Andes mediante digestión anaeróbica y cultivo de macrófitas flotantes», fue elegido en la convocatoria Ciencia en Territorio de la Agencia Neuquina de Innovación para el Desarrollo (Anide) y lo dirige la doctora en Ingeniería Química Marcela Noemí Gatti.
La investigación durará 12 meses, divididos en dos etapas de seis, con un presupuesto solicitado de 9,1 millones de pesos. Todo se hará en laboratorio: no se instalará ningún digestor ni planta en la ciudad.
Un residuo que hoy es solo un problema
Gatti explicó a Río Negro que las plantas depuradoras arrancan con rejas y desarenadores para proteger el bombeo, y siguen con reactores y decantadores. Del fondo de esos decantadores sale el fango concentrado.
El del decantador secundario está compuesto por microorganismos vivos y muertos y por materia orgánica de degradación lenta. Como buena parte de esos microorganismos también es materia orgánica, se trata de un material que «no está estabilizado». Lo habitual es someterlo a una digestión aeróbica o anaeróbica, y esta última es la que interesa al proyecto.
Según el proyecto, en San Martín de los Andes los lodos se espesan, se deshidratan, se almacenan y se destinan a disposición final, con desafíos de espacio, olores y manejo de un material que todavía contiene materia orgánica y nutrientes.
Gatti indicó que hoy van a un vertedero de un privado y que la planta sigue generándolos. La delegada de la Región Lagos del Sur, Eliana Rivera, sostuvo que el problema incluye costos y sitios de disposición, y que hace falta verlos «como un recurso y no verlos como un residuo», algo que «implica un cambio de concepción, un cambio de mirada por parte del ciudadano».
Desde la región surgió la idea de usarlos en suelos degradados por incendios. La doctora advirtió que aplicar el lodo tal cual es problemático por su alto contenido de materia orgánica: al descomponerse puede generar lixiviados, líquidos que llegan a las napas y deterioran el suelo, incluso en terrenos que ya se quemaron. Por eso el equipo propone transformarlo antes.
Qué energía y qué abono podrían salir
La digestión anaeróbica es un proceso probado en el mundo y usado en muchas depuradoras. La materia orgánica pasa por reacciones en serie (hidrolíticas, fermentativas y metanogénicas) hasta degradarse en metano y dióxido de carbono. El resultado es un biogás con mucho metano, que podría quemarse o alimentar un motor para generar electricidad.
El otro producto sería un material con muy baja carga orgánica y rico en nitrógeno y fósforo, con concentraciones de nitrógeno de unos 600 miligramos por litro, aproximadamente. Al estar estabilizado, según la doctora, podría usarse con más confianza como abono para el suelo, aunque debe emplearse de forma racional y almacenarse y aplicarse de manera adecuada.
Plantas acuáticas para potenciar el proceso
El proyecto sumará codigestión: digerir los lodos junto con otro material, en este caso biomasa de Limnobium laevigatum, una planta flotante de la zona. Gatti explicó que los microorganismos aprovechan mejor una mezcla de sustratos y que la especie se encuentra en el canal de Roca y en el balneario de Neuquén, «crece a pleno sol y en invierno ralentiza su crecimiento sin morir».
Esa biomasa se producirá en un canal de cultivo de 21 litros alimentado por un efluente cloacal. El grupo ya trabajó con estas plantas para depurar efluentes y luego digerirlas, un ciclado de nutrientes que la doctora enmarca en la economía circular. «Uno le llama contaminante, yo lo veo como un nutriente», resumió.
Las dos etapas del estudio
En la primera etapa se medirá cuánto metano produce el lodo, con ensayos de potencial bioquímico metanogénico en cuatro condiciones, cada una por triplicado: lodo solo y lodo combinado con biomasa de la planta en proporciones de 90:10, 75:25 y 50:50 por ciento de sólidos volátiles.
También se analizarán cinco muestras de lodo, dos en temporada turística alta, dos en invierno y una en un período intermedio, con estudios fisicoquímicos, microbiológicos y de metales pesados como plomo, arsénico, cadmio, mercurio y cromo, para compararlos con la Resolución Provincial 410/18. Se relevarán además posibles fuentes de metales en la localidad, como aserraderos, cervecerías artesanales, talleres mecánicos, hoteles y lavanderías.
En la segunda etapa se usarán dos digestores semicontinuos de laboratorio de 4,7 litros cada uno, para estudiar el tiempo de retención hidráulica y la carga orgánica volumétrica, a temperaturas de entre 20 y 25 grados.
Qué información se espera
Al cabo de los 12 meses se espera estimar cuánto biogás podría producirse a escala real, definir parámetros técnicos de diseño y caracterizar el digestato, en un informe técnico para las instituciones vinculadas, además de presentar resultados en ámbitos científicos y elaborar al menos un artículo para una revista arbitrada.
Gatti explicó que la idea es informar a San Martín cuánto metano y cuántos litros de digerido saldrían del lodo que produce la planta por día y por año.
El equipo lo integran además Valeria Díaz, máster en intervención ambiental y docente de la UNCo, y la ingeniera en biotecnología Margarita Cesano. Según la información oficial, el proyecto tiene el aval de la Facultad de Ingeniería, reúne capacidades de las ingenierías agronómica, electrónica y química, e incluye estudiantes y un egresado de Ingeniería Química.