El secreto mejor guardado del Pacto del Milagro: no nació donde todos creían
¿Sabías que el Pacto del Milagro no nació en 1692? Una investigación revela el verdadero origen de esta tradición salteña.
A días de que las imágenes del Señor y la Virgen del Milagro sean entronizadas este 25 de julio, una investigación del CONICET y la UBA revela que el famoso Pacto de Fidelidad no surgió en 1692, sino más de un siglo después.
Cada septiembre, Salta se paraliza para renovar el "Pacto de Fidelidad" con sus patronos. La frase "Tú eres nuestro, nosotros somos tuyos" resuena en la Catedral y el Parque San Martín como la promesa más profunda de la identidad salteña. Pero, ¿cuándo nació realmente ese juramento?
¿Un invento del siglo XIX?
Según la antropóloga e historiadora Julia Costilla Fontenla, autora de "El Pacto Salteño con el Señor del Milagro", la devoción popular comenzó a fines del siglo XVII tras los terremotos que destruyeron Esteco. En aquel entonces solo se realizaban procesiones y penitencias de agradecimiento. La fórmula del Pacto como rito oficial no existía en esos primeros años.
Los archivos del Obispado de Salta confirman que fue recién el 18 de octubre de 1844 cuando el sacerdote Cayetano González, en medio de una nueva seguidilla de temblores, improvisó desde el atrio del templo la histórica proclama: "Este Pueblo es del Señor y el Señor es de este Pueblo".
Un juramento que unió a una sociedad golpeada
Aquel juramento buscaba unir a una sociedad salteña golpeada por la naturaleza y atravesada por feroces internas políticas tras la Independencia. Con los años, la Iglesia oficializó esa promesa de fidelidad recíproca, transformándola en el acto central que hoy conocemos y que desde mediados del siglo XX se renueva de manera ininterrumpida año a año.
Este 25 de julio, cuando la Catedral Basílica abra sus puertas para la Entronización, miles de fieles volverán a mirar a los patronos con la misma fe de siempre. Comprender la historia revelada por los documentos de época no hace más que agigantar una tradición que superó guerras, terremotos y el paso de los siglos para transformarse en el símbolo máximo de los salteños.