El secreto detrás del boom de la cerámica en Jujuy: una profesora lo revela
¿Por qué la cerámica se volvió tan popular en Jujuy? Una profesora con años de experiencia revela el motivo que atrae a cada vez más alumnos a sus talleres.
La cerámica dejó de ser un simple pasatiempo en Jujuy para convertirse en una verdadera forma de vida. Yanina Castro, una ceramista que llegó desde Buenos Aires hace diez años, contó por qué cada vez más personas se suman a sus talleres. No se trata solo de aprender una técnica, sino de encontrar un espacio propio.
Un fenómeno que crece en la provincia
Según explicó Castro, el interés por la cerámica no para de aumentar. Muchos llegan con la idea de emprender, pero la mayoría busca algo más profundo.
“En su mayoría son mujeres que necesitan un espacio para ellas, para dedicarse a ellas, aprender algo nuevo y también conocer gente nueva”, reveló la profesora.
De hecho, entre sus alumnos actuales solo hay un varón, que además es profesor de plástica. El taller se transformó en un punto de encuentro donde se cruzan experiencias, edades y objetivos muy distintos.
¿Por qué la cerámica atrapa tanto?
El oficio tiene una particularidad: exige estar completamente presente. Cada paso, desde preparar el material hasta terminar la pieza, demanda una concentración total.
“La cerámica es estar presente. Todo el proceso requiere mucha presencia, mucha atención. No podés estar haciendo cerámica mientras estás con la cabeza en otro lado”, afirmó Castro.
Esa exigencia ayuda a desconectarse de las preocupaciones diarias. “Te conecta, te blanquea la mente y te hace estar ahí, en el presente”, agregó.
Aunque también aclaró que no todo es calma: “Las chicas sí se estresan. Hay muchas que vienen súper ansiosas y dicen: ‘Hoy voy a hacer esto y quiero terminarlo hoy’”. La ansiedad por terminar rápido choca con los tiempos del proceso.
El requisito fundamental para empezar
No hace falta saber dibujar ni tener experiencia previa. Para Castro, hay una sola capacidad que es imprescindible: la paciencia.
“La única capacidad es la paciencia”, resumió.
Durante las primeras clases se aprenden las técnicas básicas, y recién después cada alumno empieza a ganar autonomía y a encontrar su propio estilo. La cerámica también enseña a aceptar que algunos resultados no se controlan del todo, lo que estimula la creatividad y la tolerancia a la espera.
El taller de Castro es mucho más que un lugar para hacer piezas: es un refugio para quienes buscan un momento de pausa en medio del ritmo acelerado de la vida cotidiana.
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