El secreto de las dos boticas que marcaron la Salta del siglo XIX
Dos boticas del siglo XIX fueron el centro de la vida médica salteña. Una funcionó 109 años. ¿Qué secretos guardaban sus laboratorios?
Un trabajo publicado en 1970 por el Dr. René Joaquín Lávaque rescató la historia de dos farmacias fundadas en la segunda mitad del siglo XIX en Salta. Una de ellas funcionó durante 109 años y cerró sus puertas recién en 1961.
El boletín N°103 de la Sociedad Española de Historia de la Farmacia de Madrid difundió la investigación del bioquímico y farmacéutico salteño, quien además fue docente en el Colegio Nacional, la Escuela Nacional de Comercio y la Escuela Agrícola.
¿Cuáles eran esas boticas?
Hasta 1870, dos boticas eran el centro obligado de médicos y transeúntes: la de don Miguel Fleming y la de don Francisco Mendióroz. Fleming, irlandés de Dublín, llegó a Buenos Aires y se instaló en Salta en 1852 por consejo de don José de Uriburu. Allí fundó la farmacia "El Aguila", primero en calle Alvarado entre Libertad (hoy Alberdi) y La Florida, y luego en La Florida 162.
Su actuación fue brillante: colaboró durante la invasión del caudillo catamarqueño Felipe Varela y en la epidemia de cólera de 1886, recibiendo el reconocimiento del gobierno y el pueblo. Fleming vendió la botica al farmacéutico don Francisco Ortelli. Finalmente, "El Aguila" cerró el 26 de marzo de 1961, tras 109 años de servicio.
Por su parte, don Francisco Mendióroz Idibarre instaló su farmacia "del Indio" muy cerca, en la acera norte de Alvarado, también entre Alberdi y La Florida. A su muerte, a fines del siglo XIX, la botica desapareció. Mendióroz era un hombre culto, amigo de médicos como el Dr. Pablo Mentegazza, el Dr. Pedro Pardo (fundador de la Academia de Medicina), los exgobernadores Moisés Oliva y Cleto Aguirre, y el cirujano militar Joaquín Díaz de Bedoya. Su hijo, Francisco Mendióroz Reto Carranza, ya médico, cerró la farmacia y la trasladó a Tucumán.
¿Qué se vendía en esas boticas?
Lávaque describió el movimiento comercial: desde muy temprano llegaban caravanas de vendedores y compradores de pueblos vecinos para adquirir remedios, agua florida, talco, anilinas, incienso, mirra y otros medicamentos. Se preparaban recetas con bebidas, sellos, obleas, pomadas y líquidos con drogas indicadas por los médicos.
En "El Aguila" había productos como te Maaikur de la sor Afra (de los laboratorios "L'Homme de Fer" de Estrasburgo), jarabe Calaya para fiebres palúdicas, el preparado del Dr. A. Roudel de Burdeos, ampollas "Arsycoidile", Pinerazine Midy, "Clretan" para neuralgias, Chocolates de Rousseau con polvo de carne, Emulsión de Scott, píldoras de Witi, jarabe Famel y soda de Seltz, entre otros.
Los secretos del laboratorio
En el interior, una gran mesa de mármol sostenía un anaquel con frascos de drogas azul cobalto o rojo con rótulos a fuego, potes de vidrio, porcelana y loza decorados con flores y hojas doradas, frascos de vidrio con tapa de esmeril, vasos, probetas, morteros, alambiques, retortas y obleteros. Al fondo, la trastienda-despensa albergaba frascos, botellas, cajas, papeles, una tina de madera para lavado y un secador con escurridos y manteles.
A un costado, la biblioteca-escritorio mostraba un cuadro de Avicena (980-1037) en su estudio, un reloj de péndulo, el recetario central para fórmulas magistrales y un armario con alcaloides y venenos bajo llave. Había farmacopeas, codex, formularios, libros de química en francés e inglés, tratados de farmacognosia e indicaciones de la flora indígena del norte.
Durante la epidemia de cólera de 1886-1887, se enviaron medicamentos al departamento de Anta por orden del gobierno provincial. Una nota-remito del 11 de marzo de 1887 detalla productos como subnitrato de bismuto, polvo de opio, manzanilla, menta, papeles purgantes, sulfuro negro de mercurio, acetato de plomo, esencia de trementina, clorodina, soda refrescante, ácido fénico, láudano de Sydenhayn, azufre y bicloruro de mercurio, firmado por el Dr. Pedro Frías.
El doctor Sidney Tamayo (1844-1910) solía recetar para anémicos y bocios píldoras de manteca de cacao que elaboraba "El Aguila": limadura de hierro 6 g, yodo 4 g y manteca de cacao c.s., fundiendo la manteca, espolvoreando la limadura y disolviendo el yodo, para luego dividir en píldoras y cubrir con goma y azúcar.