El secreto de la radio que siete chicos de Monteros no quieren que se apague
¿Qué pueden lograr siete amigos de barrio cuando se juntan frente a un micrófono? La historia de “Mucha Chispa”, el programa radial que nació en Monteros y que tiene un secreto detrás de su éxito.
Un grupo de amigos de entre 9 y 14 años de Villa Nueva, en Monteros, transformó sus vacaciones de verano en una aventura radial que sorprendió a todos. Lo que comenzó como una simple curiosidad terminó siendo un programa que los tiene “enganchados” y que demostró que la radio sigue viva. Con el nombre “Mucha Chispa”, estos jóvenes tomaron el control de la 104.3 de Radio Ibatín, propiedad del padre de uno de ellos, y convirtieron las tardes de martes y jueves en un espacio de música, información y mucha adrenalina.
¿Cómo nació la idea?
Todo empezó cuando Samuel Aparicio, de 11 años, comenzó a frecuentar el estudio de radio donde su papá, Oscar Aparicio, trabajaba. Lo que para Samu era un lugar familiar, para sus amigos Luis Páez (13), Luis Santino Costa (14), Samuel Albarracín (13), Thiago Costilla (9), Martino Gómez (11) y Jeremías Elías (11) era un misterio que despertó su interés. En las charlas de barrio, Oscar notó que los chicos tenían conocimientos y argumentos sólidos sobre diversos temas, y decidió darles una oportunidad cuando ellos mismos pidieron un espacio al aire.
La idea ya venía con un plan: tenían claro qué música usar de presentación, los temas que querían abordar y las canciones para su programa. “Entonces juntamos información, queriendo informar a chicos, familias, y también entretener”, fundamentó Samuel Aparicio. Así, con esa chispa inicial, nació “Mucha Chispa”.
Los nervios del primer día y el aprendizaje
Los micrófonos impusieron respeto al principio. “Se sentía un poco de nervio, pero después nos fuimos acostumbrando”, admitió Luis. “Todavía nos trabamos, nunca lo habíamos hecho, pero ya nos sale más natural”, expresó Santino. Los primeros programas fueron, según sus propias palabras, “un desastre”, pero con el tiempo y la autocrítica, fueron mejorando.
Cada uno encontró su lugar. Samuel Aparicio eligió hablar de videojuegos, Santino, Samu Albarracín y Luis se inclinaron por los deportes, investigando resultados locales y nacionales. Thiago, el más pequeño, empezó solo dando el pronóstico del tiempo, pero pronto se animó a sumar más tiempo de charla.
La música, las reglas y los desafíos técnicos
Oscar, el operador y padre de Samu, puso una regla clara: nada de malas palabras en las letras. Esto llevó a los chicos a prestar atención a las canciones y a descartar algunas que no cumplían. Su gusto musical resultó ser ecléctico: desde cumbia villera y trap, hasta rock nacional, pop, folclore y hasta canciones en ruso y coreano, pasando por The Beatles, Chaqueño, Milo J y José Luis Perales.
Los chicos no solo seleccionan la música, sino que también se encargan de descargarla, convertirla a MP3 si es necesario y buscar información sobre los autores para compartir con la audiencia. Un desafío mayor llegó cuando, en medio de un programa, se cortó el internet. La situación puso a prueba su capacidad de improvisación y organización mental, demostrando que habían internalizado los temas para poder desarrollarlos verbalmente.
La logística del barrio y las peleas por el aire
Como viven a pocas cuadras de la emisora, hubo días en que, mientras sonaba la música, bajaban corriendo a sus casas a buscar información, la leían rápidamente y volvían al aire. “Dejamos a docentes, pedagogos, especialistas en educación que rememoren todo lo que estos amigos aplicaron”, reflexiona el artículo, mientras ellos lo resumen en “mucha adrenalina y muchísima risa”.
No todo fue color de rosa. Hubo peleas por los tiempos de inicio, por quién hablaba más y hasta por sumar nuevos integrantes. “Yo me enojaba porque no me dejaban hablar, pensaba en dejarlo, pero después me di cuenta que no podía renunciar a algo que me gusta”, confesó Luis. Sin embargo, lograron organizarse y mantener la amistad como motor principal.
El reconocimiento en la calle y el futuro
La sorpresa llegó cuando empezaron a ser reconocidos. “Vos sos el de Mucha Chispa”, le dijeron un día a Samuel Aparicio en una estación de servicio. Para ellos, fue motivo de orgullo y emoción. “Estoy feliz por estar con ellos, siempre me crié saliendo a jugar juntos, y ahora hacemos radio”, reflexionó Luis.
Con el inicio de las clases, la continuidad del programa estuvo en duda, pero el grupo no quiere soltarlo. “Cuando se la domina, es difícil soltarla”, dice Oscar, el operador, quien mira con orgullo a este semillero que en Monteros mantiene viva a la radio con pasión, amistad y nuevas voces.