El secreto de 50 millones de años que los científicos argentinos acaban de revelar sobre las ballenas

Científicos argentinos revelan cómo las ballenas lograron sobrevivir 50 millones de años. ¿Cuál es el secreto que esconden sus nichos ecológicos?

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El secreto de 50 millones de años que los científicos argentinos acaban de revelar sobre las ballenas
El secreto de 50 millones de años que los científicos argentinos acaban de revelar sobre las ballenas

Un equipo de científicos argentinos acaba de publicar un estudio que cambia lo que se sabía sobre la evolución de las ballenas. El trabajo, que salió en una de las revistas científicas más prestigiosas del mundo, revela cómo estos animales lograron sobrevivir y adaptarse durante 50 millones de años. Los detalles sorprenden hasta a los propios investigadores.

Los cetáceos, que incluyen a ballenas, delfines y marsopas, protagonizaron una de las transformaciones más asombrosas del reino animal: pasaron de caminar en cuatro patas a dominar los océanos. Pero, ¿qué factores determinaron su éxito evolutivo? Esa es la pregunta que se hicieron los especialistas del CONICET y la Universidad Nacional de La Plata (UNLP).

¿Qué descubrieron sobre la evolución de los cetáceos?

El estudio, liderado por Mónica Buono, Mariana Viglino, Maximiliano Gaetán y Nicolás Farroni del Instituto Patagónico de Geología y Paleontología (IPGP-CONICET), junto a investigadores del CESIMAR y del Museo de La Plata, analizó cómo los cetáceos ocuparon su nicho ecológico en tres momentos clave: la transición tierra-agua hace 33 millones de años, la aparición de las barbas y la ecolocalización hace 23 millones de años, y la extinción de numerosos linajes hace 2,58 millones de años.

Utilizando modelos cuantitativos y una base de datos exhaustiva que incluye fósiles y especies actuales, los científicos determinaron que los períodos de rápida diversificación transformaron por completo la organización de los nichos ecológicos. “Nuestro trabajo consistió en cuantificar la evolución de los cetáceos a lo largo de 50 millones de años, enfocándonos en dos aspectos: la diversidad taxonómica y la ecología de las especies”, explicó Buono.

El hallazgo que sorprende a la comunidad científica

Uno de los resultados más llamativos es el desacople entre la cantidad de especies y la variedad de roles ecológicos. Durante el Mioceno hubo muchas especies, pero con poca diversidad ecológica; en el Plio-Pleistoceno desaparecieron muchas especies, pero los roles críticos se mantuvieron. Esto sugiere que, para el equilibrio ecológico, es más importante preservar funciones como la filtración o la depredación que la cantidad de especies.

“Contrario a la hipótesis inicial, que sugería que la diversidad taxonómica estaría fuertemente condicionada por los factores climáticos, los resultados demostraron que esta relación no es tan lineal ni determinante”, agregó la investigadora.

Barbas y ecolocalización: las claves del éxito

Los especialistas develaron que, una vez que aparecieron estructuras como las barbas en las ballenas o la ecolocalización en los delfines, estas se estabilizaron evolutivamente y no hubo cambios drásticos. “En las ballenas barbadas se mantuvieron prácticamente iguales durante los últimos 20 millones de años. Los odontocetos exploraron un poco más, pero en ambos casos sus caminos estuvieron marcados por esas dos adquisiciones”, relató Viglino.

Un dato curioso: los cachalotes, que hoy se alimentan de calamares en las profundidades, hace 20 millones de años eran depredadores tope, como hoy es la orca. “Eso demuestra que los nichos ecológicos pueden cambiar radicalmente dentro de un mismo linaje”, agregó Paolucci.

Un trabajo que marca un antes y un después

El equipo, integrado exclusivamente por argentinos, utilizó una base de datos que incluye bibliografía en varios idiomas y colecciones de países como Estados Unidos, Bélgica, Chile y Argentina. Además, aplicaron análisis estadísticos por primera vez en cetáceos.

“Esperamos que este trabajo marque un antes y un después, que se convierta en un trabajo marco. Pudimos cuantificar y testear hipótesis que antes no se habían comprobado”, concluyó Buono. La investigación fue publicada en la revista Nature Communications.

(Fuente: CONICET)

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