El ruido del tráfico que no escuchás ya está dañando tu cerebro, según un experto

¿Sabías que el ruido del tráfico que ya no escuchás puede estar dañando tu cerebro sin que te des cuenta? Un experto revela cómo el entorno urbano afecta tu salud cognitiva.

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El ruido del tráfico que no escuchás ya está dañando tu cerebro, según un experto

Vivir cerca de una avenida con tráfico intenso no solo altera el sueño: la contaminación sonora y del aire dejan marcas profundas en la salud cerebral, aunque no las percibas. El médico español Ignasi Coll, máster en Geriatría y Gerontología, explicó cómo el entorno urbano modela el envejecimiento del cerebro.

¿Qué es el exposoma y cómo influye el barrio?

La neurociencia actual habla de exposoma: todo lo que nos afecta a lo largo de la vida y que, poco a poco, modela nuestra biología y conducta. Según Coll, “el cerebro no envejece aislado, sino dentro de un entorno. La evidencia reciente vincula contaminación, ruido y privación socioeconómica con peor salud cognitiva”. En cambio, los espacios verdes se asocian con mejor salud mental y menor riesgo de deterioro cognitivo.

Ruido nocturno: el enemigo silencioso

La Organización Mundial de la Salud (OMS) fija el límite deseable de ruido exterior nocturno en 55–60 dB. Vivir cerca de rutas o avenidas concurridas expone a niveles superiores, lo que se relaciona con hipertensión, eventos cardiovasculares y mala calidad del sueño. Coll advierte: “Un ruido que ya no oímos puede seguir alterando el sueño. Que nos acostumbremos al runrún del tráfico no significa que ya no afecte. La adaptación subjetiva no equivale a inmunidad fisiológica”. Durante el sueño profundo, el sistema glinfático limpia metabolitos como la beta amiloide; si el sueño se fragmenta, esa higiene neuronal se resiente.

Contaminación urbana y deterioro cognitivo

Las partículas finas y ultrafinas del aire cruzan barreras, activan neuroinflamación y dañan los vasos sanguíneos. Los estudios vinculan vivir cerca de tráfico intenso con peor rendimiento cognitivo y mayor riesgo de demencia, según Coll. El calor urbano y la falta de sombra agravan el estrés térmico y el insomnio estival, condiciones que dificultan conciliar el sueño y empeoran los daños cerebrales.

Zonas verdes: el antídoto natural

Parques, arboledas y espacios azules se asocian con menos ansiedad y depresión, más actividad física ligera y mejor sincronía circadiana. Caminar por calles arboladas reduce la percepción de estrés, y sentarse en un banco facilita vínculos sociales que refuerzan la red social, “uno de los mejores seguros frente al deterioro cognitivo”, destaca Coll. “Para una persona mayor, un banco, una vereda segura o un parque cercano no son detalles menores: pueden marcar la diferencia entre salir o quedarse encerrada”, agregó.

¿Cómo proteger el cerebro en la ciudad?

Coll recomienda caminar por rutas más verdes aunque insuman cinco minutos extra, exponerse a la luz solar por la mañana para anclar el reloj circadiano y proteger el sueño con persianas. También sugiere armonizar el hogar: mantenerlo ordenado reduce el estrés, decorar con plantas mejora el confort, y realizar micropausas sin pantalla en parques cercanos. Participar en iniciativas de barrio, como huertos urbanos o caminatas semanales, también ayuda. “Cuidar el cerebro no es solo hacer sudokus o tomar omega-3. Poder respirar mejor, dormir mejor, caminar sin miedo, ver árboles, conversar con alguien y seguir formando parte del barrio. No podemos cargar toda la responsabilidad sobre la persona. Las ciudades, y quienes las diseñan, también tienen que hacer su parte”, concluyó.

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