El rol de las escuelas como factor protector, el eje de la prevención del suicidio en Misiones
Las escuelas como factor protector, el impacto de la crisis económica y un sector con acceso a armas que preocupa: los tres frentes del Septiembre Amarillo en Misiones.
Misiones puso en marcha su agenda de concientización sobre la salud mental en el marco del Septiembre Amarillo. La coordinadora de la Comisión para la Prevención Integral del Suicidio, Natalia Falcone, detalló los ejes de trabajo y remarcó el papel de las escuelas como factor protector, además de advertir sobre el impacto de la crisis económica.
Con el inicio de septiembre, la provincia activó una serie de actividades orientadas a sensibilizar a la comunidad. El objetivo es instalar la idea de que el suicidio se puede prevenir con el compromiso de todos los actores sociales. Misiones es uno de los pocos distritos que mantiene un esquema de trabajo intersectorial continuo durante todo el año.
“La idea es trabajar mucho en lo que es sensibilización, que quiere decir llevar este tema a la comunidad, hablar, poder transmitir la idea de que el suicidio se puede prevenir y requiere el trabajo de toda la comunidad”, explicó Falcone. Para la especialista, el primer obstáculo a superar son los prejuicios que rodean a la temática, lo que muchas veces impide que las personas que sufren busquen asistencia. “Para poder trabajar y prevenir necesitamos derribar muchos mitos que hay en torno a la conducta suicida, que hacen que las personas por ahí no pidan ayuda, no se acerquen, no hablen del tema”, agregó.
Desde 2024, el gobierno provincial convirtió esta problemática en un eje prioritario de gestión. Eso implicó ajustar los registros para obtener datos más precisos y diseñar políticas públicas que involucran a distintas áreas del Estado. Falcone comparó el abordaje con la prevención de siniestros viales, donde intervienen múltiples factores de riesgo y protección. “La escuela es uno de ellos, por eso se trabaja codo a codo con todo el área de educación, para que con los protocolos se pueda detectar a tiempo, acompañar a los adolescentes y darles recursos para que puedan trabajar su salud mental”, detalló.
La comunidad educativa como contención y el impacto de la crisis
El rol de docentes y directivos es clave para advertir señales de alerta en los jóvenes. Tras dos años de funcionamiento de la Comisión, la comunidad educativa se consolidó como un espacio de resguardo. “Vemos que la comunidad educativa, en general, las escuelas, en todos sus niveles, son un factor protector para nuestros jóvenes y adolescentes porque en ese contexto están observados, cuidados, acompañados cada vez más”, destacó Falcone.
Sin embargo, la vulnerabilidad aumenta cuando las personas pierden el lazo con estas instituciones. “El problema por ahí más grave o donde perdemos este contacto es cuando las personas salen y ahí ya quedan más libradas a lo individual, a buscar ayuda o a poder pedir o a que alguien los detecte a tiempo”, analizó.
La situación social y económica del país también forma parte del diagnóstico. La falta de empleo, la recesión y la pérdida de proyectos de vida actúan como detonantes que agravan los cuadros de vulnerabilidad. “¿Cómo puede estar la salud mental de una persona si no tiene trabajo, si no tiene proyectos de vida, si el barrio en el que vive vive situaciones de violencia o de conflicto constante?”, planteó Falcone, y remarcó que lo económico “es un factor de riesgo más que si se pone feo y se complica, por supuesto que va a tener incidencia”.
El trabajo con las fuerzas de seguridad
Otro de los focos de atención está puesto en los integrantes de las fuerzas de seguridad, un sector que por las características de su labor y el acceso a recursos de alta letalidad requiere un seguimiento específico. La Policía de Misiones participa activamente en el espacio intersectorial para optimizar los canales de asistencia interna y externa.
“¿Cuál es el riesgo mayor de las fuerzas de seguridad? El acceso a un método tan letal como son las armas de fuego”, precisó la coordinadora. Explicó que los uniformados comparten los mismos factores de riesgo que el resto de los ciudadanos, pero la disponibilidad del armamento eleva el peligro ante una crisis. Por eso, “se trabaja en protocolos, en acompañamientos y en fomentar los pedidos de ayuda dentro de lo que son las fuerzas de seguridad para que sean escuchados y atendidos a tiempo”.
Falcone insistió en que el objetivo principal es dotar a la sociedad de herramientas de detección temprana para intervenir antes de que las situaciones se vuelvan extremas. “Una persona que se quita la vida ya es una tragedia personal y para la sociedad”, concluyó.