El río que baña el Gran Tucumán esconde un dato que nadie quiere mirar
Un equipo de técnicos bajó al río Salí con frascos numerados y una escribana. Lo que volvió del laboratorio dejó a todos en silencio: en un solo punto del Gran Tucumán, el agua esconde un número que nadie quiere mirar.
Un estudio sobre la calidad del agua del río Salí encendió todas las alarmas en Tucumán: en el tramo del puente Ingeniero Barros, que une la Capital con Alderetes, se detectaron concentraciones de coliformes fecales hasta 2.400 veces superiores al límite máximo tomado como referencia por los investigadores.
El relevamiento fue coordinado por el ingeniero Mario Amado, del equipo técnico del legislador José Seleme, y las muestras se analizaron en la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (Eeaoc). Los resultados derivaron en la presentación del proyecto “Miremos al río”, una iniciativa que busca un abordaje integral para sanear y recuperar la cuenca.
Dónde y cómo se tomaron las muestras
Los especialistas recorrieron el corredor que va desde Las Talitas y San Miguel de Tucumán, sobre el margen oeste, hasta Alderetes y Banda del Río Salí, en el este. La idea era establecer con qué calidad llega el agua al conglomerado urbano y en qué condiciones lo abandona.
Se eligieron cuatro puntos: el dique de contención La Aguadita, al norte; el puente Ingeniero Barros; el puente Lucas Córdoba, entre la Capital y Banda del Río Salí; y la zona de las canteras, al sur y ya fuera del Gran Tucumán. Las extracciones se hicieron con certificación de una escribana pública y los frascos se enviaron al laboratorio solo con una numeración, sin identificar su procedencia.
La toma se realizó el 13 de mayo, después de un período de lluvias abundantes y antes del inicio de la zafra. Los técnicos consideraron que ese era un momento relativamente favorable para el río y advirtieron que, con menor caudal y plena actividad industrial, los niveles podrían ser aún peores. Esa última apreciación es una estimación del equipo y no una medición concreta en esas condiciones.
Qué encontró el estudio
La Eeaoc analizó tres grupos de parámetros: metales pesados y sustancias químicas (entre ellos plomo, arsénico, éter etílico y detergentes), bacterias coliformes totales y coliformes fecales.
En el primer grupo no se hallaron valores significativos en ninguno de los cuatro sitios, según el informe. El panorama cambió por completo al evaluar la contaminación bacteriológica.
Tomando La Aguadita como valor de referencia —un punto donde el estudio ya señala contaminación—, los coliformes totales resultaron 5,6 veces mayores en el puente Barros, 25,6 veces superiores en el Lucas Córdoba y volvieron a ubicarse en 5,6 veces el valor inicial en las canteras.
Los resultados más preocupantes fueron los de coliformes fecales, asociados a contaminación de origen humano o animal. Si se le asigna el valor 1 a La Aguadita, el registro se multiplicó por 32 en el puente Barros, por 10 en el Lucas Córdoba y por 5,7 en las canteras.
Al contrastar esos números con los límites normativos usados como referencia, las diferencias fueron todavía más grandes: La Aguadita presentó un nivel de materia fecal 75 veces superior al máximo considerado permitido; el puente Barros, 2.400 veces; el Lucas Córdoba, 750 veces; y las canteras, 430 veces.
Las fuentes de la contaminación
Los especialistas vincularon las variaciones a múltiples fuentes urbanas. Mencionaron la planta depuradora de Las Talitas, que recibe líquidos cloacales de esa ciudad, Tafí Viejo y Villa Carmela, además del bajo porcentaje de viviendas conectadas a las redes sanitarias en algunos sectores.
También apuntaron al Canal Norte, que recibe desechos de áreas habitadas en sus márgenes, y a los canales Sur, San Cayetano y ex Aeropuerto. A ese cuadro se suman comunas sin redes cloacales, donde las aguas residuales terminan en pozos ciegos, canales o directamente en cursos de agua.
La problemática de los líquidos cloacales en la cuenca del Salí-Dulce no es nueva: documentación de la propia Legislatura provincial ya había identificado este tipo de efluentes entre los factores de contaminación del sistema hídrico.
Los riesgos para la salud
El estudio advirtió sobre las posibles consecuencias sanitarias del contacto con agua microbiológicamente contaminada. La exposición accidental, directa o durante actividades recreativas puede aumentar el riesgo de enfermedades transmitidas por el agua, cuadros gastrointestinales —como diarrea, vómitos y dolor abdominal— e infecciones de piel, ojos y oídos. Los niños, los adultos mayores y las personas con mayor vulnerabilidad sanitaria son los grupos que requieren especial atención.
El riesgo se agrava porque hay familias asentadas sobre las márgenes e incluso en sectores del cauce, muchas sin servicios básicos adecuados. El informe también destacó que distintos tramos del Salí se usan para pescar y para otras actividades que implican contacto directo o indirecto con el agua.
Los investigadores concluyeron que los resultados justifican ampliar los estudios, determinar con mayor precisión las fuentes de contaminación y avanzar con políticas públicas orientadas a reducir los riesgos ambientales y sanitarios.
Qué dice el Gobierno provincial
Desde el Ministerio de Desarrollo Productivo provincial, del que depende el área ambiental, una fuente consultada para el informe sostuvo que la presencia de asentamientos sobre las márgenes de canales y ríos es un componente central del problema y planteó que se está frente a una crisis socioambiental que no puede resolverse únicamente con tratamientos del agua.
La misma fuente indicó que los controles provinciales, cuyos análisis también son refrendados por la Eeaoc, probablemente arrojen resultados coincidentes. No obstante, remarcó que las muestras deben repetirse en distintas épocas del año porque los valores pueden variar considerablemente según las precipitaciones, el caudal proveniente de El Cadillal y otros factores.
También señaló que los cursos de agua tienen capacidad de autodepuración, algo que el relevamiento reflejaría en la reducción de algunos indicadores cuando el Salí abandona la zona más densamente urbanizada. Según esa posición oficial, además, la calidad del río habría mejorado respecto de los residuos industriales, a partir de controles semanales realizados junto con Santiago del Estero antes de que el cauce ingrese en esa provincia.
El proyecto “Miremos al río”
Los antecedentes oficiales muestran que la contaminación de la cuenca fue objeto de iniciativas y reclamos legislativos durante años. En documentación parlamentaria previa se identificaron como fuentes de deterioro los sedimentos, los efluentes industriales, los residuos sólidos urbanos y los líquidos cloacales. En 2024, además, la Legislatura trató pedidos de información sobre controles a establecimientos industriales y relevamientos de vertidos cloacales clandestinos.
En ese contexto, Seleme presentó el proyecto de ley “Miremos al río”. En sus fundamentos, el legislador sostuvo que el Salí atraviesa un “estado de emergencia ambiental” en buena parte de su cuenca y consideró que el problema se agrava a su paso por el Gran Tucumán, donde se concentra cerca de un millón de habitantes.
La iniciativa pone especial atención en los barrios y asentamientos irregulares de las riberas, cuyos habitantes no solo están expuestos a la contaminación y a la falta de servicios esenciales, sino también al peligro de las crecidas y eventuales desbordes.
El proyecto propone trabajar sobre cuatro ejes: saneamiento hídrico; recuperación del ecosistema del río y sus zonas ribereñas; gestión de los riesgos hídricos e integración urbana; e inclusión social y desarrollo económico.
Seleme planteó que distintos organismos académicos, especialistas, organizaciones ambientales y dependencias estatales llevan años elaborando diagnósticos, proyectos de saneamiento y alternativas de financiamiento para la cuenca. Un informe publicado este 6 de octubre también repasó iniciativas sobre el Salí formuladas a lo largo de aproximadamente siete décadas, algunas con ejecución limitada o directamente abandonadas.
Para el legislador, la magnitud del deterioro requiere una política de Estado sostenida en el tiempo, porque sus consecuencias exceden el ambiente y alcanzan tanto a la salud de la población como a la economía provincial. La propuesta busca, justamente, convertir el diagnóstico sobre la contaminación del río Salí en un programa integral de recuperación que contemple al mismo tiempo los aspectos sanitarios, ambientales, urbanos y sociales.