El río que baña Corrientes esconde un problema invisible: el estudio que lo confirma

Los microplásticos ya se detectaron en peces y en el cuerpo humano, y un proyecto nacional con más de 50 investigadores busca medir cuán contaminados están los ríos de Corrientes y la región. Qué encontraron y qué dice la ciencia sobre lo que llega al plato.

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La contaminación por plásticos en los ambientes acuáticos de Corrientes y la región ya no es una sospecha: los microplásticos se incorporan al organismo de los peces y avanzan a través de la cadena alimentaria hasta llegar al ser humano. Así lo explicó la Dra. María Celeste Franceschini, investigadora del Laboratorio HecoB del CECOAL-CONICET-UNNE, en diálogo con Cadena de Radios.

Franceschini detalló los alcances de un proyecto nacional que busca relevar la presencia de estas partículas en ríos, lagunas y arroyos de distintas regiones del país. La iniciativa involucra a más de 50 investigadores y utiliza una metodología común para poder comparar resultados entre zonas.

¿Qué son los microplásticos y por qué preocupan?

Cuando los plásticos no son tratados ni reciclados correctamente y terminan arrojados al ambiente, comienzan a degradarse y a fragmentarse en porciones cada vez más pequeñas. Cuando esas partículas alcanzan dimensiones microscópicas, se las denomina microplásticos.

El principal riesgo está en su incorporación a los ecosistemas y a la cadena alimentaria. La investigadora señaló que distintas investigaciones ya los detectaron en organismos acuáticos y también en el cuerpo humano. "Es un tipo de contaminación", advirtió.

El proceso es escalonado: organismos pequeños incorporan las partículas, luego son consumidos por peces de mayor tamaño y así se produce una transferencia a lo largo de la cadena. Por eso, Franceschini hizo especial énfasis en evitar que los residuos plásticos lleguen a los ríos y otros ambientes naturales.

Un mapa nacional para saber cuán contaminados están los ríos

El relevamiento contempla el muestreo de lagos, lagunas, embalses, ríos y arroyos desde el norte hasta el sur de la Argentina. "Esto nos va a permitir conocer cuán contaminados están nuestros lagos, nuestras lagunas, nuestros ríos, y saber también qué tipo de plásticos predominan en una zona o en otra", explicó Franceschini.

En el marco de esta investigación, equipos de la región aportaron muestras de distintos sitios de Chaco y Formosa, entre otros puntos del Nordeste. Los resultados permitirán contar con información comparable y aportar evidencia para diseñar estrategias de prevención y políticas públicas.

La basura como recurso: el planteo de la economía circular

Durante la entrevista se destacó la importancia de combinar la investigación científica con la educación ambiental y las políticas públicas. Franceschini sostuvo que los ciudadanos pueden contribuir mediante la separación de residuos y la disposición de materiales reciclables en los puntos verdes habilitados por los municipios.

En ese sentido, planteó la necesidad de pensar el tratamiento de los residuos desde una perspectiva de economía circular, donde el plástico, el aluminio y el vidrio puedan ser recuperados, reciclados y reutilizados. "La basura es dinero. Ese plástico es dinero", señaló la investigadora, al remarcar que los residuos pueden convertirse nuevamente en materia prima dentro de sistemas adecuados de recuperación y reciclaje.

Para Franceschini, las políticas municipales resultan fundamentales para acompañar estas prácticas y generar las condiciones necesarias para que los residuos reciclables puedan ser recuperados.

El esfuerzo de los científicos argentinos detrás del proyecto

La investigadora también destacó el trabajo de los científicos argentinos que participan de la iniciativa y contó que, en sus comienzos, el proyecto tuvo que avanzar con recursos propios ante la falta de financiamiento. Según relató, la propuesta fue impulsada por investigadores argentinos, entre ellos la Dra. Belén Alfonso, quien desarrolla su actividad académica en Japón y promovió una red de investigadores argentinos para avanzar con el relevamiento.

A partir de ese esfuerzo colaborativo, distintos grupos comenzaron a realizar muestreos en diferentes puntos del territorio nacional. Franceschini remarcó que esta experiencia demuestra la importancia de la cooperación científica y de la creatividad para desarrollar investigaciones aun cuando los recursos disponibles sean limitados.

El proyecto busca así generar un mapa nacional de la presencia de microplásticos y aportar información científica que permita comprender mejor una problemática ambiental que atraviesa los ecosistemas y requiere la participación conjunta de científicos, instituciones, municipios, autoridades y ciudadanos.

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