El predio que recibe a miles de tucumanos cada año acaba de cumplir cuatro décadas y ahora apuesta a un proyecto que podría devolverle a la provincia una especie que se había perdido. De qué animal se trata y cómo piensan lograrlo.
La Reserva Experimental Horco Molle sopló 40 velitas y lo hizo rodeada de autoridades, vecinos y todo el equipo que la sostiene día a día. El acto se realizó en sus instalaciones y contó con la presencia del rector de la UNT, Sergio Mohamed; el decano de la Facultad de Ciencias Naturales e Instituto Miguel Lillo, Hugo Fernández; el director de la Reserva, Juan Pablo Juliá; y el intendente de Yerba Buena, Pablo Macchiarola, entre otros.
El espacio depende de la Facultad de Ciencias Naturales e Instituto Miguel Lillo de la Universidad Nacional de Tucumán y desde hace cuatro décadas combina investigación, docencia y extensión universitaria en un mismo predio.
Cuatro décadas de historia
La Reserva fue creada el 17 de octubre de 1986, cuando Rodolfo Martín Campero estaba al frente del rectorado. La iniciativa surgió del doctor Florencio Gilberto Aceñolaza, quien se convirtió en su primer director y le dio el impulso inicial a un proyecto que con los años se transformó en referencia.
Durante la celebración, Mohamed puso el acento en lo que el lugar representa para la universidad en su conjunto. “40 años de una institución que conjuga o resume lo que es la universidad, una institución que tiene una gran tarea de extensión, que es la difusión de la fauna y de la flora de nuestra región entre nuestros chicos y en la comunidad”, afirmó.
El rector también subrayó el rol formativo del espacio. “Una institución que hace investigación, que hace docencia de grado, donde se forman estudiantes y donde también se forman investigadores”, agregó.
Un laboratorio a cielo abierto
Fernández, por su parte, describió a la Reserva como un ámbito donde la gestión ambiental y la producción de conocimiento científico van de la mano. “Son 40 años de mucho trabajo en una institución que, como digo siempre, gestiona naturaleza”, sostuvo. Además, remarcó que en estas décadas el intercambio con instituciones de otras regiones del país y del exterior permitió sumar saberes.
La REHM funciona como laboratorio de campo de la Facultad y allí los estudiantes pueden realizar prácticas vinculadas al manejo de fauna, la restauración ecológica y la conservación de la biodiversidad. Según explicó Juliá, el espacio permite desarrollar experiencias de formación en contacto directo con el ambiente natural.
El director también aportó un dato que habla de la convocatoria del lugar: recibe alrededor de 50.000 visitantes por año, entre contingentes escolares y familias que participan de las propuestas de educación ambiental.
Las especies que buscan recuperar
En materia de investigación, la Reserva puso el foco en proyectos destinados a recuperar especies amenazadas de la provincia. “Empezamos como un muestreo de flora y fauna para hacer educación ambiental y ahora estamos trabajando en nuestros propios proyectos para recuperar o ayudar a recuperar especies amenazadas de la provincia”, explicó Juliá.
Entre esas iniciativas aparecen el tucán, que había desaparecido de Tucumán en la década de 1980; el tapir, cuya reintroducción se busca impulsar; y la rana marsupial, un anfibio amenazado característico de las selvas tucumanas.
El lazo con Yerba Buena y el Jardín Botánico
La relación entre la Universidad y el municipio de Yerba Buena también tuvo su espacio en el aniversario. Macchiarola destacó el aporte que la Reserva hace a la ciudad en materia ambiental, turística y educativa. “Es un espacio que al municipio le ha dado mucho desde el punto de vista medioambiental, desde el punto de vista turístico, desde el punto de vista educativo”, expresó.
El intendente mencionó además las visitas de establecimientos educativos que llegan al predio para conocer los ecosistemas y la fauna de la provincia.
La conmemoración sirvió también para recordar otro cumpleaños: el Jardín Botánico, que nació de la Reserva durante los 30 años de la institución, cumple una década de funcionamiento. Ese espacio está dedicado a la preservación y difusión de las especies de flora autóctona.
Así, entre autoridades universitarias y municipales, la jornada repasó las áreas que sostienen a la Reserva Experimental Horco Molle: docencia, investigación, conservación y extensión.