El residuo que una aceitera tiraba al compost ahora es cuero: el invento sanjuanino que dio la vuelta al jurado

Una aceitera lo mandaba al compostaje y los estudiantes de una escuela técnica de Rawson le vieron otro destino: de ese descarte pastoso salió un material que imita al cuero y que terminó primero en el regional de Industria Inspira. Cómo lo transformaron y qué les falta para seguir.

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El residuo que una aceitera tiraba al compost ahora es cuero: el invento sanjuanino que dio la vuelta al jurado
El residuo que una aceitera tiraba al compost ahora es cuero: el invento sanjuanino que dio la vuelta al jurado

Un grupo de estudiantes de la EPET N° 3 de Rawson convirtió lo que la industria olivícola descarta en un material que se parece bastante al cuero. Con ese desarrollo, la escuela se quedó con el primer premio regional de "Industria Inspira", el certamen que el área Joven de la Unión Industrial Argentina organiza entre establecimientos técnicos y agrotécnicos de San Juan y Mendoza.

El proyecto se llama Biocuero y su materia prima es el alperujo, el subproducto pastoso que queda después de extraer el aceite de oliva. La definición regional se disputó en la Nave Cultural de Guaymallén, en Mendoza, con 60 propuestas de ambas provincias en competencia.

Los otros proyectos sanjuaninos que se lucieron

San Juan viajó a Mendoza con una delegación de 120 estudiantes de 13 escuelas técnicas y agrotécnicas, de gestión estatal y privada, acompañados por sus docentes mentores y por el equipo de la Dirección de Educación Secundaria Técnica y Formación Profesional del Ministerio de Educación.

Además del primer puesto de la EPET N° 3, otras dos iniciativas locales quedaron entre las más destacadas: la EPET N° 9 de Ullum, con briquetas térmicas ecológicas fabricadas a partir de residuos orgánicos, y la Escuela Agrotécnica Ejército Argentino de Valle Fértil, con una propuesta para revalorizar la carne de cabras de refugo.

De la práctica profesional a la primera cartera

Todo arrancó en la materia Prácticas Profesionalizantes, que dicta la docente Claudia Tarabay en el último año de la especialidad técnico-química. Desde 2025 la escuela sostiene prácticas externas con la firma SolFrut S.A., y fue en ese vínculo donde los alumnos se enteraron de que una de las plantas de la empresa genera grandes cantidades de alperujo.

El residuo, que la compañía manda al compostaje, todavía guarda material aprovechable. Con ese dato, en marzo de 2026 Tarabay presentó al Ministerio de Educación un proyecto institucional de revalorización de residuos agroindustriales con dos ejes: cosmética capilar y biomateriales tipo cuero vegetal. Diez estudiantes se inclinaron por el segundo camino.

El programa de mentorías, que conecta proyectos escolares con empresas voluntarias, sumó a dos profesionales de SolFrut: Lourdes de los Ríos, analista de Recursos Humanos, a cargo de la gestión del equipo, y Evelyn Sanchez, especialista en gestión de aceites, en el acompañamiento técnico.

Cómo se transforma el descarte en una placa resistente

El alperujo no sirve tal como llega. Es una mezcla pastosa con restos de aceite que la industria no terminó de extraer, y así no alcanza las propiedades que exige un material similar al cuero. Por eso el equipo diseñó dos vías de acondicionamiento, una húmeda y otra seca, con etapas de secado, limpieza, decantación, filtración y molienda.

Ambos procesos son lentos, pero cumplen una función clave: frenan la descomposición natural del residuo y permiten seguir trabajando sobre él. El resultado son placas de biocuero con las que los alumnos armaron su primer prototipo: una cartera.

El material salió resistente al quiebre, maleable, al agua y sin olor, de tono chocolate y brillo parejo. Para lograrlo, la fórmula lleva glicerina, almidón y gelatina. Queda un obstáculo técnico: los fragmentos de carozo de aceituna triturado que quedan en el alperujo generan puntos de ruptura y hoy se retiran a mano, hasta que consigan un equipo de molienda más fino.

Sin petróleo, sin industria cárnica y sin microplásticos

La diferencia con el cuero sintético tradicional es de origen: aquel se fabrica a partir del petróleo, mientras que este biocuero es materia orgánica, compostable y biodegradable, y no necesita de la industria cárnica para conseguir su insumo.

Según Tarabay, fueron los propios estudiantes quienes empujaron el enfoque de sustentabilidad y bienestar animal. Pensaron el material para accesorios y mantas de mascotas, marroquinería, cintos y hasta para impermeabilizar espacios de animales. Y le encontraron otra ventaja: si se rompe, no libera microplásticos al ambiente.

Lo que dijeron en el INTA

En pleno desarrollo, el equipo y su mentora consultaron al Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), que trabaja en productos derivados del alperujo para alimentación porcina. De acuerdo con el relato de Tarabay, un investigador del organismo valoró el camino que eligieron los chicos para acondicionar el residuo y les mencionó antecedentes parecidos en otros países de la región.

El director de la EPET N° 3, Eduardo Yáñez, contó que la escuela dicta tres especialidades —electrónica, construcciones y química, esta última la más nueva— y que tiene un vínculo directo con el Grupo Arcor/Cartocor, que toma egresados como laboratoristas en sus plantas. El esquema de mentorías con empresas, explicó, apunta a replicar la vida real de un técnico: “Es como venderlo a la empresa”, señaló, porque los alumnos deben presentar el producto y también su lógica comercial y de distribución.

Un antecedente con sello propio

No es el primer logro de la institución. En 2025 la escuela ya había conseguido un reconocimiento nacional con unas cápsulas de agua solubles, pensadas para disolverse en la boca y orientadas al uso deportivo, que incluso iniciaron el trámite de patentamiento.

Esa experiencia llevó a la dirección a plantearse cómo sostener los proyectos cuando los alumnos se reciben. El tema sigue abierto: los diez estudiantes del biocuero cursan el último año y en diciembre dejarán de ser alumnos, y todavía no existe una figura institucional que les permita continuar ligados al desarrollo como egresados.

El premio regional tiene un beneficio concreto: el equipo completo viajará a Buenos Aires para disputar la instancia nacional del certamen.

“Diamantes en bruto”

Para Yáñez, el valor de estas iniciativas va más allá del trofeo. “Primero no tienen los vicios del sistema, entonces generan un producto inédito, con toda la energía de la juventud y la valentía”, dijo el director, que los definió como “diamantes en bruto”. Y reconoció que a esa edad él no habría tenido la seguridad que hoy muestran sus alumnos frente a un jurado.

La EPET N° 3 volverá a mostrar su trabajo este viernes 16 de octubre de 2026 en la Expo Técnica de Albardón, en el marco de la Semana de la Educación Técnica. Tarabay, por su parte, dejó una invitación para los estudiantes de otras escuelas técnicas y agrotécnicas: animarse a investigar sobre lo que les interesa, “aun cuando los resultados no sean los esperados”, y aprovechar las prácticas externas para conocer el mundo del trabajo antes de egresar.

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