El refugio de la escucha: el espacio en San Juan que recibe el dolor sin juzgar

¿Qué pasa cuando alguien se sienta frente a un desconocido y suelta todo lo que le pesa, sin miedo al juicio? En la Catedral de San Juan hay un equipo que escucha lo que nadie quiere oír.

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El refugio de la escucha: el espacio en San Juan que recibe el dolor sin juzgar
El refugio de la escucha: el espacio en San Juan que recibe el dolor sin juzgar

En tiempos de incertidumbre económica y falta de contención, la Catedral de San Juan ofrece un espacio gratuito y confidencial donde la palabra y el silencio se convierten en una salida para quienes cargan con angustias y soledades. Se trata del Ministerio de la Escucha, una iniciativa que nació hace tres años y que ya se consolidó como un punto de encuentro para toda la comunidad, sin importar su credo.

Cómo nació la propuesta

La idea surgió a partir de una observación del padre Andrés Riveros, quien notó que muchas personas se acercaban al confesionario no para confesar pecados, sino para contar problemas personales que no siempre tenían que ver con lo espiritual. Fue así que creó el Ministerio de la Escucha, aprobado por el arzobispo de San Juan, monseñor Jorge Lozano, y que funciona en la Catedral San Juan Bautista.

El espacio es atendido por un equipo de voluntarios, entre ellos contadores y profesionales de sistemas, que recibieron una formación previa de seis meses. "Son cursos para aprender a escuchar desde el corazón, escuchar en silencio, sin juzgar, ver a Jesús en el otro, sin interrumpir", explica Vanesa Jornet, coordinadora del servicio.

Qué se escucha en cada jornada

Los temas que más se repiten reflejan las grietas del presente social: la falta de empleo y el deterioro de la autoestima, los conflictos familiares, la violencia, el suicidio, las adicciones y, de manera muy marcada, la soledad profunda de personas que, aun teniendo familia, no encuentran con quién hablar sin sentirse juzgadas.

"La gente acá viene una vez, esto está lejos de ser una terapia, ni siquiera hay un proceso de seguimiento", aclara María Elisa Salguero, una de las ministras que recibe a los asistentes. El encuentro es único, gratuito y por orden de llegada.

El desafío de contener sin palabras

Las ministras también enfrentan situaciones límite. "Hay que estar escuchando y no decir nada en esa situación, pero la fortaleza espiritual y la oración me ayudan, además del grupo en donde hablamos todo", cuenta Salguero. Jornet agrega: "Muchos me dicen que se van a matar y están ahí frente a vos".

En esos casos, los voluntarios orientan con cautela sobre las redes de asistencia del Estado y la Iglesia, manteniendo siempre la confidencialidad. La transformación en quienes se acercan se nota en los detalles: los que llegan con angustia suelen irse con el rostro despejado, tras haber ordenado sus pensamientos al exteriorizarlos.

"Hay una nueva Iglesia que quiere atraer aquella gente que se sintió excluida. Acá está la casa de Dios, todos somos hijos iguales y todos vamos a estar, no vamos a estar mejor en ningún lugar del mundo mejor que en nuestro propio hogar", dicen Jornet y Salguero.

El servicio funciona de lunes a sábados, de 10:30 a 12:00 y de 18:00 a 19:30. Las voluntarias alientan a que se creen más espacios de este tipo y sugieren hablar con el sacerdote de cada parroquia para replicar la experiencia.

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