El puente de Vaqueros cruza el río por última vez: quién fue el ingeniero que lo hizo posible en 1913

¿Quién fue el ingeniero que levantó el puente de Vaqueros en 1913 y de dónde llegó el hierro con el que se construyó? La historia que aparece detrás de las 85 toneladas que empezaron a moverse.

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El puente de Vaqueros cruza el río por última vez: quién fue el ingeniero que lo hizo posible en 1913
El puente de Vaqueros cruza el río por última vez: quién fue el ingeniero que lo hizo posible en 1913

El histórico puente de hierro sobre el río Vaqueros empezó a moverse este martes 20 de octubre después de más de un siglo en el mismo lugar. La estructura metálica será trasladada para liberar el terreno donde avanzan las obras de modernización vial del acceso norte de Salta, pero detrás de esas toneladas de hierro hay una historia de ingeniería argentina que casi nadie conoce.

El doctor Abel Cornejo, bisnieto del ingeniero Pedro José Cornejo, el hombre que tuvo a su cargo la construcción del puente, reconstruyó para El Tribuno cómo se encaraban estas obras públicas a comienzos del siglo XX, cuando el país no tenía Dirección Nacional de Vialidad ni una industria siderúrgica capaz de fabricar localmente todas las piezas necesarias.

Un país que empezaba a tender puentes

Alrededor de 1900, el Estado nacional puso en marcha una política de expansión de la infraestructura vial para mejorar las comunicaciones entre regiones. Según el relato de Abel Cornejo, se trataba de extender la red de caminos y levantar puentes que permitieran sortear las barreras naturales que frenaban el transporte y el intercambio comercial.

En ese escenario, Pedro José Cornejo cumplió un rol relevante. Pertenecía a una de las primeras generaciones de ingenieros formados en el país, en una época con muy pocos especialistas capacitados para proyectar y dirigir construcciones de esa envergadura.

Como la Dirección Nacional de Vialidad se crearía recién décadas después, las obras se ejecutaban a través de otras dependencias técnicas del Estado, con financiamiento nacional y los ingenieros disponibles. El puente de Vaqueros debe leerse dentro de ese proceso de modernización, cuando el país comenzaba a conectar localidades y a facilitar el traslado de personas y productos.

De dónde llegó el hierro

Uno de los datos más curiosos es el origen de las estructuras metálicas. Argentina no tenía entonces una industria siderúrgica desarrollada como para abastecer la demanda de grandes puentes, así que muchas piezas se importaban desde Europa.

Abel Cornejo explicó que había proveedores en Inglaterra, Francia y Alemania, países con amplia experiencia en la fabricación de puentes metálicos. Las estructuras llegaban con instrucciones técnicas para el montaje, pero eso no volvía sencilla la instalación: los ingenieros debían estudiar cada componente, hacer los cálculos y adaptar los procedimientos al terreno donde se emplazaría la obra.

En el caso de Vaqueros, Cornejo planteó que la estructura podría tener origen inglés, aunque esa procedencia todavía requiere una confirmación documental. Lo que sí remarcó fue la complejidad de las técnicas de la época, entre ellas el remachado en caliente: las piezas de acero se unían con remaches calentados a altas temperaturas que luego se colocaban y deformaban para asegurar las uniones. La resistencia de esas conexiones fue una marca distintiva de la ingeniería metálica de entonces.

Construir sin la tecnología de hoy

Levantar un puente de hierro hace más de un siglo era un desafío técnico considerable. No existían las herramientas de cálculo, las maquinarias ni los sistemas de montaje actuales. Buena parte del trabajo dependía del conocimiento de los ingenieros, de procedimientos manuales y de una planificación minuciosa.

Abel Cornejo recordó que los profesionales debían capacitarse para interpretar las instrucciones de armado y calcular cómo instalar las estructuras de manera segura. Usar grandes piezas metálicas exigía conocer su comportamiento, distribuir bien las cargas y resolver las condiciones de apoyo sobre el terreno.

El puente de Vaqueros integró una generación de obras que cambiaron las comunicaciones en varias provincias. Cornejo mencionó los antiguos puentes ferroviarios de Salta y el puente de hierro sobre el río Arenales, arrastrado por la gran crecida de 1974. También recordó el puente carretero sobre el río Dulce, en Santiago del Estero. Todas construcciones que reflejan una época en la que el hierro y el acero se volvieron centrales para el desarrollo de la infraestructura nacional.

Por qué se eligió ese lugar

La ubicación no fue casual. Según Abel Cornejo, uno de los principales problemas de la zona era el aislamiento que sufría la población durante las crecidas del río. Vaqueros tenía una importante actividad agrícola y necesitaba una comunicación estable con la ciudad de Salta para trasladar personas y producción. Cada vez que subía el caudal, ese vínculo se volvía difícil y podía quedar cortado.

El emplazamiento elegido también respondía a la geografía: en ese sector el cauce presenta un estrechamiento natural que favorecía la instalación de una estructura capaz de unir ambas márgenes. El comportamiento del río Vaqueros, sobre todo en las crecidas y por los aportes de otros cursos de agua, era uno de los factores que los ingenieros debían considerar. Así, la obra permitió superar un obstáculo que durante años había condicionado el desarrollo de aquella colonia agrícola.

Más de un siglo de servicio

El antiguo puente metálico, cuya construcción está registrada en 1913, tiene unos 110 metros de longitud repartidos en tres grandes tramos. Durante más de un siglo fue una pieza clave de la comunicación entre Salta capital y las localidades del norte.

Su función fue mutando con las décadas. Lo que nació como solución para conectar una zona rural terminó formando parte de uno de los corredores viales más transitados del área metropolitana. El crecimiento de Vaqueros y La Caldera, la expansión urbana y el aumento de vehículos hicieron que su capacidad quedara chica para las necesidades actuales.

Por eso se proyectaron nuevas estructuras para ampliar la circulación y mejorar la seguridad vial. El puente original, en tanto, no desaparecerá: la planificación contempla reubicarlo aguas abajo, donde conservará una función para peatones y ciclistas.

El operativo: 85 toneladas por tramo

El traslado iniciado este martes contempla el movimiento de tres grandes secciones metálicas, cada una con un peso aproximado de 85 toneladas. Según informó el director de Vialidad Nacional en Salta, Federico Casas, los trabajos se extenderán durante tres o cuatro días y permitirán llevar la antigua estructura a su nueva ubicación.

La intervención forma parte de las obras para modernizar el acceso norte y mejorar la vinculación vial entre la capital salteña, Vaqueros y La Caldera. Pero además del tránsito, el traslado tiene un valor simbólico: el puente que hace más de un siglo integró una colonia agrícola con la ciudad vuelve a ser protagonista de una transformación territorial.

La historia recuperada por Abel Cornejo permite dimensionar el trabajo de aquellos ingenieros que, con recursos técnicos muy distintos de los actuales, levantaron estructuras capaces de mantenerse en servicio durante generaciones. La obra de Pedro José Cornejo no fue solo una solución de ingeniería: representó un paso decisivo para romper el aislamiento de Vaqueros y acompañar el crecimiento del norte salteño.

Hoy, mientras sus enormes piezas de hierro son trasladadas, aquel puente deja atrás su función original, pero conserva su lugar en el patrimonio histórico y en la memoria de Salta.

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