El pronóstico era grave y solo un milagro podía salvarla: Juliana tocó la campana de la vida

Si alguna vez escuchaste una historia que te hizo dudar entre la ciencia y la fe, la de Juliana te va a sacudir: 16 meses de quimioterapia, cirugías y un diagnóstico que cerraba todas las puertas. Lo que pasó este lunes en Oro Verde no lo esperaba nadie.

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El pronóstico era grave y solo un milagro podía salvarla: Juliana tocó la campana de la vida
El pronóstico era grave y solo un milagro podía salvarla: Juliana tocó la campana de la vida

Juliana Sonzogni, oriunda de Villa Urquiza, celebró este lunes el final de su tratamiento oncológico al hacer sonar la campana de la vida en la fundación Cemener de Oro Verde, en un emotivo acto junto a su familia y al equipo médico que la acompañó durante meses.

La joven, que debió someterse a cirugías en Buenos Aires y a un extenso tratamiento en el centro de Oro Verde, llegó a su última sesión de quimioterapia y, con su característica sonrisa, marcó el fin de una etapa que definió como una lucha que valió la pena.

Un milagro de sanación

Su padre, Mario Zonzogni Pross, compartió en redes sociales un mensaje cargado de emoción y gratitud: "¿Por qué creemos que Dios nuestro Señor y su Madre la Santísima Virgen María nos concedió un Milagro de Sanación? Como muchos saben, Juli tenía un pronóstico médico muy grave, sólo un milagro podía traerle sanación, y así fue".

En su publicación, agradeció a quienes rezaron por su hija, incluso a quienes no son creyentes, y destacó el apoyo de comunidades católicas y no católicas: "Este indudable milagro tiene su origen en el amor de todos ustedes que rezaron con fe a nuestro Señor".

"Como agradecerles tanto amor, como devolverles esas plegarias que trajeron un milagro, no hay palabras", expresó, y remarcó que "sabemos de innumerables personas que nos acompañaron desde el silencio, sin expresarse, pero son parte de este milagro".

También tuvo palabras de reconocimiento para el equipo médico: "Es imposible no hacer público nuestro entero agradecimiento a la doctora María Fernanda Peserico, nuestra prima, nuestro ángel, quien junto a su hija, nuestra amada sobrina, la doctora Natalia Palma Peserico, estuvieron al lado nuestro, hora a hora, minuto a minuto, durante esos terribles 16 meses".

Además, mencionó a familiares, amigos, vecinos de Paraná y de la Villa, a los doctores Mariano Leanza y Verónica Vilche, a las "superpoderosas" y al personal de la Fundación Cemener, a quienes envió bendiciones y agradeció con un "gracias, gracias, gracias".

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