El profe que fue lustrabotas y dedicó 40 años a la FNE: su emotiva despedida
¿Qué llevó a un exlustrabotas a convertirse en un pilar de la FNE? La emotiva historia del profe Portillo, sus 40 años de entrega y la despedida que nunca olvidará.
La historia de Carlos Portillo arrancó mucho antes de pisar un aula como docente. Tras quedar huérfano de padre, trabajó como diariero y lustrabotas, y esa experiencia forjó al profesor que luego se convertiría en uno de los asesores más queridos de la Fiesta Nacional de los Estudiantes. Su vínculo con la Escuela de Educación Técnica N°1 de Jujuy lo llevó a formar generaciones y a dejar una huella imborrable.
Su infancia estuvo marcada por la necesidad y el esfuerzo. "Éramos siete hermanos y falleció mi papá. Había que empezar a buscar recursos. Uno de esos recursos fue ser diariero y lustrabotas. Eso me marcó la vida porque me permitió tener contacto con la sociedad y entender que cada uno hace su propia historia", recordó Portillo en diálogo con TodoJujuy.
De alumno a profesor: el camino en la Técnica N°1
Portillo egresó en la promoción 1976 de la Escuela Técnica N°1 y, años después, regresó como profesor. Durante más de cuatro décadas acompañó a los estudiantes, sobre todo en la construcción de las carrozas para la Fiesta Nacional de los Estudiantes. En su primer año como asesor logró el primer premio, aunque con el tiempo entendió que el reconocimiento verdadero estaba en otra parte.
"Los estudiantes significan el futuro. La escuela les da herramientas y nosotros les sembramos esperanza e ilusión de un mañana mejor. Ellos también nos transmiten energía; es algo recíproco", expresó.
El ojo del profe para detectar problemas
Para Portillo, la docencia va más allá de enseñar contenidos. "Siempre tuve la suerte de detectar algún chico que estaba bajoneado. Lo llamaba, hablábamos y a veces solo necesitaba ese empujón. Muchos chicos vienen con problemas y en los ojitos está el pedido de auxilio", relató.
La jubilación que lo emocionó para siempre
El día que se jubiló, sin esperarlo, la comunidad educativa le preparó una despedida inolvidable. "Ese día fue tan grandioso. Que los chicos cantaran mi apellido, que me abrazaran y que todo el colegio firmara una bandera para mí me dejó marcado. Ahí sentí que ese había sido mi camino", puntualizó.
Aunque ya no da clases, sigue ligado a la escuela: acompaña a los carroceros, participa con los exalumnos y prepara una serenata por el aniversario de la institución. "El amor hacia la escuela va a estar conmigo hasta que me vaya. Hoy los estudiantes necesitan un abrazo, un cariño y un reconocimiento. Ellos están empezando el camino para ser el futuro de nuestra provincia", concluyó emocionado.