El profe de Jardín América que le puso rock nacional a la despedida de Messi
En Jardín América un docente siguió la despedida de Messi por TV y esa misma noche terminó una canción con estilo de rock nacional. La letra arranca con un mate frío y una frase de su viejo que lo cambia todo. ¿Qué dice el resto?
Julio Benítez es docente en Jardín América y convirtió la despedida de Lionel Messi de la Selección Argentina en una canción con aire de rock nacional. La escribió mientras el capitán jugaba su último partido como local en el estadio Más Monumental y la terminó esa misma noche, con la computadora como estudio.
Benítez vive en Jardín América y suele canalizar en la escritura y la música lo que le pasa con los hechos que marcan al país. Esta vez el disparador fue la despedida de Messi. La letra mezcla la trayectoria del futbolista con recuerdos familiares, agradecimiento y la celebración de diciembre de 2022, cuando la Selección conquistó el Mundial de Qatar.
Un homenaje que arrancó como poesía
La idea no nació como canción. Primero fue un poema. "La idea surgió como parte de su despedida. Quise hacer una poesía y, como ya vi que había muchas canciones dedicadas a él, se me ocurrió también transformarla en canción y con un estilo más bien al rock nacional", contó el docente a El Territorio.
El martes por la noche, mientras Messi se despedía en el Más Monumental, Benítez siguió todo desde Jardín América y le dio forma definitiva a esos versos que venía imaginando.
El fan de la casa
Hay un motivo familiar detrás de la canción: su hijo menor, Noah, es fanático de Messi. Eso hizo que el momento del estadio lo atravesara de otra manera. Para musicalizar la letra usó la computadora y así transformó los versos en una canción con la que quiso dejar su propio homenaje al jugador que marcó una época del fútbol argentino.
El resultado recorre distintos pasajes de la carrera de Messi, pero también habla de los que ya no están y de aquel diciembre de 2022 que quedó en la memoria de todos.
La letra de "Cuando ya no estés por entrar"
Hay una camiseta esperando,
un mate frío junto al televisor.
Mi viejo hubiera dicho:
«Dásela al petiso»,
y yo le habría dado la razón.
Pasaron tantos años por tu zurda,
tantos domingos detrás de una ilusión.
Éramos más jóvenes cuando llegaste…
y mientras vos jugabas
también pasaba el tiempo entre los dos.
Y no sé cómo agradecerte,
si gracias queda chico para tanto.
Cuando todo dolía
y era más fácil irse…
vos volviste.
Gracias, Lio, por volver,
cuando nosotros dudamos.
Gracias por levantarte
cada vez que te golpeamos.
Gracias por esa camiseta,
por no dejarla nunca atrás.
Por los que pudieron verlo…
y por los que ya no están.
Me acuerdo de aquel diciembre,
la calle abierta, el grito, el corazón.
Un desconocido abrazando a otro,
las banderas en los autos
y un país llorando frente al televisor.
Alguien miró una silla vacía.
Alguien brindó mirando hacia otro lugar.
—Esto era para vos, viejo…
Y siguió llorando.
Porque aquella tarde, hermano,
los que se fueron regresaron un rato.
Vos levantaste aquella Copa…
y nosotros
levantamos nuestros brazos.
Gracias, Lio, por volver,
cuando nosotros dudamos.
Gracias por levantarte
cada vez que te golpeamos.
Gracias por esa camiseta,
por no dejarla nunca atrás.
Por los que pudieron verlo…
y por los que ya no están.
Y ahora dicen que te vas.
Qué palabra jodida.
Irse.
Si durante tantos años
alcanzaba con buscarte
en algún lugar de la cancha
para saber que todavía
podía pasar algo.
Esta noche no mires el reloj.
Que espere un poco el tiempo.
¡Dale, Lio, una más!
Una gambeta.
Un pase.
Una pelota contra el palo.
¡Dale, Lio, una más!
No para ganar.
Esta vez no.
Una más
para guardar en la memoria
cómo inclinábamos el cuerpo
cuando la pelota iba hacia vos.
Gracias, Lio, por volver.
Gracias por haber quedado.
Por la celeste y blanca,
por todo lo que nos has dado.
Gracias por aquella estrella,
por aquel diciembre y mucho más.
Por nuestros hijos, por nuestros viejos,
por los que ya no están.
Por nuestros hijos…
por nuestros viejos…
por los que ya no están.
Ahora andá tranquilo, Lio.
No nos debés nada.
Mañana habrá otro partido,
otra pelota rodará.
Y algún pibe en algún barrio
va a ponerse la diez
y va a querer gambetear
como te vio gambetear.
Pero nosotros sabemos
que habrá algo que no vuelve.
La casa en silencio.
El mate quieto.
La pelota llegando a tu zurda.
Y alguien diciendo:
—Dásela a Messi.
Andá tranquilo, Lio.
Esta vez…
el partido
te lo agradecemos
nosotros.
