El productor que convirtió el mango que se tiraba en una bebida milenaria
Rescató recetas de sus abuelas españolas e italianas y hoy elabora elixires con frutas que muchos descartan. El mango, protagonista de una historia que ya cruzó fronteras.
Alberto Sachetti, un productor de 58 años de Orán, elabora elixires, hidromieles y vinagres a partir de frutas de la región, rescatando recetas familiares que recibió de sus abuelas españolas e italianas. Lo que comenzó como un pasatiempo se convirtió en un emprendimiento que llama la atención de vecinos y turistas.
“Por ley no le podemos decir vinos, porque el vino viene de la uva”, explicó Sachetti, que prefiere llamar a sus productos “elixires”. Se trata de bebidas fermentadas que se obtienen a partir de frutas, agua y la acción de levaduras salvajes, sin ningún tipo de aditivo artificial.
Del mango que se tira al elixir
Uno de sus productos más emblemáticos es el elixir de mango, elaborado con una fruta que abunda en la zona y que muchas veces termina desperdiciada. “En Orán, el mango se tira, porque si se pudre en el fondo de tu casa, el olor no te gusta. Yo empecé a recoger ese mango para producir”, relató.
El proceso consiste en dejar fermentar el mango con agua, logrando una fermentación controlada que da como resultado una bebida alcohólica. Según Sachetti, al convertirse en alcohol, la bebida conserva las propiedades de la fruta. Además, cada árbol aporta un sabor distinto, por lo que evita mezclar frutas de distintas procedencias.
Un mundo detrás de cada fruta
También elabora elixires de maracuyá, moras y granada. “Cada fruta tiene su impronta”, afirmó. En el caso de la granada, es uno de los productos más costosos de producir por el tiempo que demanda extraerla y encontrar el equilibrio entre la fruta y el agua. “Es todo cuestión de equilibrio”, resumió.
Su participación en la Feria Potencia en Salta fue un éxito: los productos más vendidos fueron la hidromiel con mango y el elixir de moras.
La hidromiel, una bebida milenaria
Otro de sus productos es la hidromiel, una bebida fermentada a base de miel y agua, considerada una de las más antiguas de la historia. Para Sachetti, la miel le da una característica particular y la convierte en una alternativa natural a los energizantes comerciales. “Hoy en día los chicos se acostumbran a poner energizantes en las bebidas. El energizante tiene mucho azúcar concentrado. La hidromiel es un energizante igual, solo que natural y te aporta toda la ventaja de la miel”, expresó.
Entre sus variedades también se encuentra la “Sangre Vikinga”, una hidromiel que incorpora cerezas al momento de fermentar, dando como resultado una preparación de mayor intensidad.
Experimentos y desafíos
Sachetti también prepara ajo con miel fermentada, un proceso que lleva más de seis meses. “Tenemos ajo con miel fermentada, tiene más de seis meses”, contó. Lo comenzó a hacer para consumo propio, pero cada vez encuentra más posibilidades.
La época de mayor producción es el verano, cuando el calor favorece la acción de las levaduras, pero la comercialización se mantiene durante todo el año.
El desafío más grande para los pequeños productores del interior no es la elaboración, sino darse a conocer. “Lo que más cuesta de producir en el interior es darlo a conocer”, afirmó. Aunque las redes sociales le representan un desafío, sus productos ya trascendieron fronteras: algunas personas compraron elixir de mango para llevarlo hasta Japón.
Calidad antes que cantidad
La elaboración artesanal implica que no todos los lotes llegan al consumidor. “Si un lote sale mal, tiramos todo. No nos arriesgamos a que la gente sufra algún dolor de panza”, explicó. Cada producción se registra con datos como la receta, la hora, la temperatura y las condiciones del proceso.
Para Sachetti, el objetivo no es solo vender: “Al nivel que yo lo hago, no voy a decir que saldré a ganarme el mundo, pero sí puedo aportar una bebida sana, probiótica, en toda mi región, y la gente lo puede aprender”, concluyó.