El procurador de Chubut fue contundente con la IA que sexualiza imágenes: «No es un chiste, es un delito»
El procurador general de Chubut les habló directo a los pibes que usan la IA para manipular imágenes de compañeras: lo que muchos toman como una joda puede terminar en una causa penal, y el marco legal que los alcanza ya no es el mismo de antes.
Jorge Miquelarena, procurador general de Chubut, puso el tema sobre la mesa sin vueltas: crear o difundir imágenes sexualizadas de otras personas con inteligencia artificial no es una travesura digital, es una conducta que puede terminar en una causa penal. «No es un chiste ni una broma, es un delito», disparó.
El funcionario se refirió puntualmente a la práctica de tomar el rostro de alguien y representarlo en situaciones de contenido sexual mediante herramientas de IA. Según advirtió, ese tipo de maniobras deja un daño profundo en quienes aparecen en esas imágenes, más allá de que el material nunca haya existido en la realidad.
El contexto: investigaciones que tocan a menores
La advertencia de Miquelarena no cae en el vacío. Llega en medio de investigaciones que involucran a menores de edad y al uso de inteligencia artificial para manipular imágenes de compañeras y compañeros de escuela.
El procurador subrayó que el perjuicio para las víctimas puede ser enorme incluso cuando el contenido es generado digitalmente o directamente tiene apariencia de dibujo o de animé. Es decir: no hace falta que la imagen sea realista para que provoque un daño concreto y habilite una investigación penal.
Qué pasa con la responsabilidad de los adolescentes
Otro de los puntos que planteó Miquelarena tiene que ver con los autores cuando son adolescentes. En esos casos, sostuvo, la responsabilidad penal debe analizarse de acuerdo con la legislación vigente.
En esa línea, recordó que la reducción de la edad de imputabilidad modifica el marco legal que se aplica a determinadas conductas. Por eso insistió en que los jóvenes tienen que entender algo básico: usar la inteligencia artificial para producir o difundir imágenes sexualizadas de otras personas no es un juego y puede traer consecuencias legales.
El mensaje del procurador apunta a un cambio cultural tanto como jurídico: lo que circula como un archivo más en un grupo de mensajes puede convertirse en el inicio de una causa penal y en una marca difícil de borrar para la persona expuesta.