El presidente de una de las fincas citrícolas más grandes del mundo: "Nos cambiaron de deporte"

¿Qué le reclama un empresario salteño al modelo económico? El titular de una de las fincas citrícolas más grandes del mundo habla sin filtro de la "transición" que atraviesa el país y del precio que pagan las pymes.

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El presidente de una de las fincas citrícolas más grandes del mundo: "Nos cambiaron de deporte"
El presidente de una de las fincas citrícolas más grandes del mundo: "Nos cambiaron de deporte"

Martín Ramírez, presidente de La Moraleja, una de las fincas citrícolas más grandes del mundo con 4.000 hectáreas en Salta, aseguró que la Argentina "cambió de deporte" y que los empresarios todavía no logran adaptarse a las nuevas reglas del juego. En diálogo con El Tribuno, el ingeniero agrónomo repasó la reconversión de la empresa hacia la industria, los costos que golpean la competitividad y el rol que le asigna a la inteligencia artificial en la gestión.

Una apuesta a la industrialización

La Moraleja, ubicada en Apolinario Saravia y Pizarro, atraviesa una transformación profunda. Lo que durante años fue una finca dedicada casi por completo a la producción de limón para fruta fresca, hoy es una agroindustria que procesa toda su cosecha en una fábrica instalada dentro del predio. Con 3.300 hectáreas de limón y 700 de naranja, la empresa realiza una molienda anual de alrededor de 160.000 toneladas de cítricos.

El ciclo productivo arranca en marzo con el procesamiento del limón, que se extiende hasta agosto. Luego, entre agosto y octubre, llega el turno de la naranja. De allí se obtienen tres productos básicos: aceites esenciales, jugos (más de 20 variedades) y cáscara deshidratada, de la que se extrae pectina, un aglutinante utilizado en las industrias alimenticia, farmacéutica y de bebidas.

"El 100% de lo que producimos, el 100% lo exportamos", subrayó Ramírez, quien asumió la presidencia de la compañía hace apenas un año, después de ocho al frente del área comercial y de producción de campo.

El empleo en la finca

La actividad genera un impacto laboral significativo en la región. Entre el plantel permanente y el semipermanente, la empresa cuenta con unos 400 empleados. Pero durante la cosecha, la cifra trepa: entre marzo y septiembre, alrededor de mil personas viven en La Moraleja. "Arrancamos con 600 cosechadores, en pleno pico estamos en mil, y en septiembre-octubre bajamos a 800", detalló.

Esa gente reside en la finca, lo que implica una logística enorme: hay que proveerles desayuno, almuerzo, merienda y cena, además del alojamiento.

"Nos cambiaron de deporte"

Consultado sobre los desafíos que enfrenta la industria en el nuevo contexto económico, Ramírez fue contundente. "La Argentina viene en muchos períodos de transformaciones. Cada cuatro o cinco años aparece un desafío nuevo", planteó. Y comparó: "Es como que jugábamos al fútbol y nos cambiaban algunas reglas, y nosotros nos adaptábamos. Ahora es como que nos cambiaron de deporte, estamos jugando al rugby. Todavía nos cuesta entender las nuevas reglas: no haber déficit fiscal, la baja de inflación".

El empresario reconoció que el modelo "le gusta" y que entiende hacia dónde apunta el Gobierno, pero advirtió que "a la gente no le está yendo del todo bien". "No es fácil manejar la frustración de la gente: la gente exige respuestas", afirmó.

En ese marco, enumeró los problemas estructurales que siguen golpeando a su negocio. "El acceso al financiamiento sigue siendo malo, las pymes no tenemos buen acceso. La infraestructura argentina es malísima, las rutas siguen destrozadas", enumeró. Y puso el foco en un caso concreto: "Este año, junto con la Unión Industrial de Salta, hicimos un trabajo por el tema del gas: me triplicaron el precio en un mes".

"Por un lado te hablan del éxito de Vaca Muerta y de que va a sobrar gas en toda la Argentina, y por otro te dicen que no te lo pueden entregar porque no está revertido el gasoducto", agregó.

El lugar de la inteligencia artificial

Ramírez también se refirió al impacto de la inteligencia artificial en el mundo empresarial. "Es transversal a la vida de todos, no solo de las empresas, también de las familias y las personas", sostuvo. Aunque se mostró cauto: "Hay que tomarlo con mucho cuidado. Si cada área de la empresa empieza a trabajar con IA por su cuenta, es como disparar al aire sin sentido".

El plan de La Moraleja es darle cohesión al proyecto: "Este año pensamos hacer capacitaciones in company para todos al mismo tiempo, para que manejemos el mismo idioma". En el futuro, imagina una figura similar al viejo departamento de IT, pero dedicada a la inteligencia artificial. "No la dejaría muy libre, no me gustaría que un empleado le pregunte a la IA qué hacer o qué no hacer en mi empresa", confesó.

La oportunidad de Salta

Para el presidente de La Moraleja, la provincia tiene un potencial enorme, aunque todavía hay sectores por explotar. "Hoy la minería es algo espectacular, la transformación que está pasando es impresionante. Pero hay otros sectores que también le han dado mucho, como el agropecuario y el agroindustrial", señaló.

"Tanto la minería para la Puna como las economías regionales y el sector agropecuario en los pueblos del interior generan un dinamismo gigantesco", destacó. Y cerró con una sugerencia: "Creo que hay que retomar más fuerte el turismo: en Salta es impresionante, hay mucho para hacer y se puede mejorar bastante".

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