El portero de All Boys que fue copiloto de Pirincho De La Mata y casi se pelea en Brasil

¿Qué hace un ex copiloto de Turismo Carretera abriendo el portón de un club de barrio? Daniel Sánchez es el guardián del Ramón Turnes, pero su vida es pura velocidad. Conocé la historia del hombre que casi se pelea en Brasil y sufrió un susto que paralizó un partido.

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El portero de All Boys que fue copiloto de Pirincho De La Mata y casi se pelea en Brasil
El portero de All Boys que fue copiloto de Pirincho De La Mata y casi se pelea en Brasil

Daniel Humberto Sánchez, de 63 años, es mucho más que el hombre que abre el portón del estadio Ramón Turnes cada domingo. Su historia mezcla la pasión por All Boys, el rugir de los motores y un susto que paralizó un partido. Este santarroseño, que se define como 'el portero oficial de los periodistas', guarda en su memoria anécdotas que van desde codearse con leyendas del automovilismo hasta un viaje a Brasil para ver a Franco Colapinto.

Una vida entre el fútbol y los fierros

Nacido en Santa Rosa, Daniel creció en una familia donde los autos eran religión. Su padre, Humberto Oscar Sánchez, corrió en la Limitada 27 con motor Ford T y en la Fórmula 4 Pampeana. 'Me decía: vení, sentate y aprendé. Ahí empezó mi locura por esto', recuerda Daniel, que trabajó haciendo amortiguadores en el taller familiar de calle San Juan.

Esa pasión lo llevó a ser copiloto de Pirincho De La Mata en el Turismo Carretera. 'Andábamos ahí, los veíamos, los saludábamos, no es que éramos amigos', admite sobre haber compartido circuitos con Luis Rubén Di Palma, 'El Flaco' Traverso, Emilio Satriano y Roberto Mouras.

Una anécdota lo marca: 'Una vez le pegué un trompis en el casco porque no aceleraba para pasar a otro auto. Me miró y siguió manejando. Cuando bajamos me dijo: si volvés a hacer eso, es la última vez que te subís conmigo. Yo no corro para ganar, lo hago para divertirme'. Daniel asegura que esa lección no la olvidó nunca.

El día que casi se va a las manos en Brasil

Fanático de Carlos Reutemann, Daniel nunca había visto una carrera de Fórmula 1 en persona. Hace unos meses, cuando Franco Colapinto debutó en Brasil, no lo dudó: 'Reventé unos dólares que tenía, arreglé con una agencia y me fui'. La experiencia fue fantástica, pero tuvo un condimento extra.

'Querés creer que me peleé con unos brasileños y casi me cagan a trompadas. Nos cargaban, les contesté y se nos venían. Al lado mío había dos pibitos argentinos que me dijeron: viejito, quedate tranquilo que nos matan. Al final zafamos, pero nos tenían mal'.

El susto en el Ramón Turnes

El domingo 31 de mayo, durante el partido entre All Boys y Campos de General Acha, Daniel sufrió una descompensación que obligó a interrumpir el juego. 'Estaba charlando con una de las policías cuando sentí que me iba. Ella alcanzó a agarrarme y evitaron que cayera redondo', cuenta.

El médico del club y vicepresidente, Nicolás Altolaguirre, lo asistió de inmediato. Luego fue trasladado al hospital Favaloro, donde le hicieron todos los estudios y no le encontraron nada. 'Habrá sido estrés, nervios. Ese día por suerte no había ido mi nieto Benicio, que siempre me acompaña. Era su cumpleaños pero ni comí al mediodía para ir a la cancha', relata.

Un coleccionista apasionado

En su departamento, Daniel guarda un pequeño museo: más de 500 autos en miniatura, una réplica del casco de Reutemann y la 'Limitada 27', el auto que manejaba su padre, que está en el taller de un amigo. 'Es historia viva, es herencia, es un puente entre generaciones', dice.

Pero su lugar en el mundo es el estadio de All Boys, al que va desde los 4 años. 'Voy 3 o 4 horas antes, me quedo sentado en el banco de suplentes', confiesa. Aunque no recuerda si es socio, colaboró con todas las comisiones directivas, desde la época de 'Chimbo' Moslares hasta la actualidad. 'A esta altura tendría que ser socio vitalicio', bromea.

Daniel Sánchez es, sin dudas, un personaje de domingo. Con su llavero en mano, abre el portón para periodistas y fotógrafos, siempre con una sonrisa. Porque en cada puerta que abre, en cada historia que cuenta, demuestra que la verdadera grandeza está en la humanidad que se comparte. Es el guardián de la puerta auriazul, el hombre que hace de cada domingo una celebración.

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