El plan para 'hackear' la comunicación de las bacterias que puede frenar infecciones y potenciar cultivos

Mientras las bacterias patógenas se vuelven más resistentes, un equipo de científicos tucumanos encontró una forma de cortarles la comunicación. Lo que descubrieron en la Puna y la Antártida puede cambiarlo todo.

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El plan para 'hackear' la comunicación de las bacterias que puede frenar infecciones y potenciar cultivos
El plan para 'hackear' la comunicación de las bacterias que puede frenar infecciones y potenciar cultivos

Un equipo de investigadores de Tucumán, con colaboración internacional, estudia cómo intervenir en el sistema de comunicación de las bacterias para bloquear infecciones en humanos y potenciar el crecimiento de cultivos. Los primeros resultados ya se publicaron en la revista Science y otros más recientes se presentaron en el VI Congreso Argentino de Microbiología Agrícola y Ambiental.

¿Qué son las señales químicas?

Las bacterias se comunican mediante señales químicas que les permiten detectar la presencia de otras y coordinar su comportamiento. Ese mecanismo, aunque ocurre a escala microscópica, puede ser clave para que algunas produzcan una infección o, en otros casos, para que otras favorezcan el crecimiento de una planta.

Carlos Nieto Peñalver, doctor en Microbiología, docente de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT) e investigador del CONICET, estudia ese lenguaje desde hace años. Analiza qué ocurre cuando esas señales se bloquean, se modifican o se potencian.

Escuchar y ser escuchado

Durante una entrevista en Meta Ciencia en la UNT, por Radio Universidad, el investigador explicó que las bacterias utilizan moléculas como señales químicas. “Cuando una bacteria capta una de esas moléculas es como si escuchara el mensaje que le manda otra”, señaló.

El mecanismo tiene una particularidad: las señales pueden generar efectos importantes aun cuando están presentes en concentraciones muy pequeñas. Nieto Peñalver las compara con las hormonas humanas: una cantidad mínima puede desencadenar una respuesta. Gracias a este sistema, las bacterias pueden regularse entre ellas, coordinar acciones y ahí aparece la posibilidad de intervenir en esas comunicaciones.

Hackear la comunicación

¿Qué pasaría si se pudiera impedir que las bacterias se “escuchen” entre ellas? Esa es una de las preguntas detrás de la investigación. Los científicos estudian compuestos químicos que se parecen a las señales naturales de las bacterias y también enzimas que pueden romper esas moléculas. De esta manera, se puede intentar cortar la comunicación o modificar el mensaje que recibe el microorganismo.

La expresión “hackear” sirve para explicar la idea: intervenir en el sistema de comunicación de la bacteria para cambiar su comportamiento. El interés aumenta cuando se trata de bacterias patógenas. Algunas necesitan coordinar determinadas funciones para colonizar un organismo y producir una infección. Si esa coordinación puede ser alterada, el microorganismo podría perder parte de su capacidad para enfermar.

Aplicaciones duales

La investigación tiene una colaboración con científicos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde se estudian bacterias del género Pseudomonas que pueden causar enfermedades en seres humanos. Son microorganismos especialmente relevantes en pacientes con quemaduras o fibrosis quística.

En Tucumán, en cambio, el foco está puesto principalmente en otras Pseudomonas: bacterias asociadas a las raíces de las plantas que pueden favorecer el crecimiento de cultivos como maíz, soja y tomate. La misma herramienta, entonces, puede tener dos usos completamente diferentes. Frente a una bacteria patógena, se puede intentar bloquear su comunicación. Frente a una bacteria beneficiosa, conocer cómo se comunica puede ayudar a aprovechar mejor sus propiedades.

Aliados en ambientes extremos

El equipo también busca nuevos microorganismos capaces de interferir en la comunicación bacteriana. Encontraron levaduras con esta capacidad en tejidos de caña de azúcar, la Puna y la Antártida. Parte de este trabajo se realiza junto al Instituto Antártico Argentino y también participan grupos de Italia, Francia y México.

La colaboración con la UNAM surgió a partir de la doctora Alejandra Valdés y permitió trabajar junto al investigador Rodolfo García Contreras. El proyecto, financiado por la UNT, involucró además a docentes y becarios.

Resultados y perspectivas

La estrategia no busca reemplazar a los antibióticos, sino complementarlos: debilitar a las bacterias patógenas para que los tratamientos puedan actuar con mayor eficacia. Técnicas que pueden silenciar amenazas microbianas y, al mismo tiempo, potenciar aliados para la agricultura abren caminos prometedores para la salud humana y la productividad del campo, al tiempo que subrayan el valor de la colaboración internacional y del estudio de la biodiversidad en los ambientes más inhóspitos.

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