El plan de Dillom que se gestó en redes y explotó en Rosario

Un 90% del público menor de 30 y un show que nadie anunció: así se vivió la noche violenta de Dillom en Rosario, donde el artista desafió todas las reglas de la planificación.

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El plan de Dillom que se gestó en redes y explotó en Rosario
El plan de Dillom que se gestó en redes y explotó en Rosario

El artista adelantó en X e Instagram que quería una "noche violenta" y, sin aviso previo, armó un show que paralizó la Sala de las Artes. Lo que empezó como un simple posteo se convirtió en un fenómeno que desafió la lógica de la planificación.

Todo comenzó el 31 de agosto, cuando Dillom escribió en su cuenta de X: "quiero hacer un kilombito esta semana". Apenas tres días después, el jueves 3 de septiembre a las 8:30, subió una historia a Instagram con un mensaje que encendió las alarmas: "me desperté con ganas de noche violenta". El video lo mostraba junto a su equipo en un bondi de gira, pero sin revelar el destino. La especulación se desató.

La primera "noche violenta" había tenido lugar en Buenos Aires el 15 de agosto, tres días después del lanzamiento de su disco La Nueva Violencia. Esa noche hizo tres shows en una: arrancó en El Teatrito, siguió por Niceto y cerró en Deseo. El formato quedó inaugurado con la promesa de replicarse en distintas ciudades del país. Rosario fue la elegida.

¿Qué es una noche violenta?

Lejos de la violencia física, el concepto encierra un factor vertiginoso y sorpresivo. Hacer algo que no estaba planeado, que simplemente sucede. Un acontecimiento que genera preguntas incómodas: ¿cómo terminé acá si mañana tengo que trabajar? ¿Por qué estoy haciendo esto si el Excel de la vida indica otra cosa? ¿Qué hago haciendo una cola para un ticket físico de un show que no estaba anunciado, si mi algoritmo no me lo indicó?

Parte de la "nueva violencia" es justamente eso: romper con la vida excesivamente planificada y pautada. Algo que descoloca y deja pensando si lo que pasó fue real o producto de la imaginación.

Ese vértigo se trasladó al show. Una hora y media de música sin respiro, el disco entero en orden, al palo, más tres canciones de bonus: 16 temas en total. La Sala de las Artes se convirtió en una cápsula perdida en un universo donde todo se digita y se planea. La gente, feliz, bailaba, cantaba y hasta se animaba a exacerbar ideas políticas: se escucharon gritos de "el que no canta votó a Milei" y la marcha peronista.

El público no era de viejos nostálgicos: el 90% no superaba los 30 años. Pibada ultra transpirada haciendo pogo en el campo. La "nueva violencia" también es eso: imponerse a todo lo digitado, atravesarlo y, de vez en cuando, dejar que algo te rompa el coco.

Un artista que no se parece a nadie

Dillom es un degenerado musical, una esponja que absorbe todo. Saca lo que estaba, lo lustra y lo muestra de otra forma. En el show, el guitarrista Franco Dolzani hizo una intro de tres segundos de "Isabel", de Ratones Paranoicos, antes de tocar "Cocodrilo". Un instante que unió a la generación que escuchó ese tema en 1993 con la que tiene el tatuaje del video de la canción de Dillom.

En la tribuna, los periodistas mezclados con los fans comentaban: "suena a Viudas e Hijas", "parece Babasónicos", "me hizo acordar a B52s", "es como si Los Twist se hubieran formado hoy", "eso fue un guiño a Pulp", "mordió la rosa como Leo Mattioli". Pero Dillom es único, no le copia a nadie y no se sabe bien qué género hace.

Su propuesta lo convierte en un fenómeno popular que, sin ser masivo, deja una huella indeleble en pibes, pibas y vejetes. Y lo logra siendo un artista independiente, jugando en las grandes ligas de la ultra industria con su sello y management, Bohemian Groove. Otro desafío en el contexto de negocio actual.

Quienes lo vieron en sus anteriores conceptos de Post Mortem y Por Cesárea se encontraron con algo nuevo. La puesta en escena es cero personalista, sin aditivos audiovisuales pomposos. Todo sucede a través de la banda —Franco Dolzani en guitarra, Bernardo Ferrón en bajo y sintetizadores, Gringo en guitarra, Santiago Ludueña en batería, y las excelentes Juana Rozas y Babeblade en coros— y las canciones. Un combo letal y demencial.

El show terminó, pero la noche no. Hubo after show a una cuadra, donde Dillom pasó música hasta las 2 de la mañana. La noche fue violenta. Cuando te quisiste acordar, pestañeaste y se hizo viernes.

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