El pionero francés que llegó a Neuquén en 1909 y terminó redactando su Constitución
Un joven nacido en una estancia sobre el río Chimehuín se enroló en el ejército americano, volvió en el vapor Desirade y años después fue elegido diputado constituyente por el partido Demócrata. Viajaba 400 kilómetros de ripio en un Dodge de madera para redactar la Constitución de Neuquén. Lo que hizo después, cuando dejó la política...
La historia de Andrés de Larminat no se entiende sin la estancia Cerro de los Pinos. Allí nació el 10 de febrero de 1922, en un campo que su padre, don Santiago, había fundado sobre las márgenes del río Chimehuín, entre San Martín de los Andes y Junín de los Andes. Ese mismo hombre que creció entre alambrados y galpones llegó a ser diputado constituyente por el partido Demócrata en 1957, cuando Neuquén se preparaba para tener su propia Constitución.
Don Santiago había estudiado agronomía en el Instituto Agronómico de París. Su padre, Jean de Larminat, lo envió a estudiar las razones por las que convenía que la familia fundara un emprendimiento en Argentina y en qué lugar. Así arribó a Buenos Aires en febrero de 1909. Recorrió varias provincias y decidió comprar un campo en Neuquén: las primeras 5.000 hectáreas en la costa del Chimehuín. Después convocó a sus hermanos y la estancia llegó a sumar 11.000 hectáreas.
Los hermanos construyeron alambrados, galpones, casas, caminos y canales. Cuando estalló la Primera Guerra Mundial partieron a Francia a pelear y dejaron el establecimiento a cargo del capataz Gallardo Lavalle. Al volver, ya casados, sus hijos crecieron y se educaron en el campo.
De la Patagonia a la guerra y a la política
A los 12 años, Andrés y su hermano Bernardo se fueron al Colegio Marín, en Luján (PBA). En 1933 se abrió en Belgrano el Colegio Francés de Buenos Aires, con enseñanza mixta franco/argentina y facilidades para pupilos. Los Larminat terminaron el bachillerato francés, que tenía equivalencia con el argentino.
En 1939 estalló la Segunda Guerra Mundial. Bernardo tenía 19 años, evitó el servicio militar obligatorio argentino y se embarcó hacia Canadá para enrolarse en las fuerzas aéreas. Andrés, demasiado joven para enrolarse, se quedó en el país e hizo el servicio militar en un regimiento de Cartógrafos del ejército, en Misiones. En 1943 viajó a Estados Unidos para enrolarse en el ejército americano y fue destinado a Argelia.
Terminada la guerra, en 1945, Andrés y Bernardo embarcaron en el vapor Desirade rumbo a Buenos Aires. Llegaron el 17 de octubre de 1945, el mismo día de la masiva movilización obrera en Plaza de Mayo para pedir la liberación del coronel Juan Domingo Perón. Magdalena, la esposa de don Santiago, había encomendado a sus hijos a la Virgen María cuando partieron a pelear, por lo que mandó construir una capilla en la estancia.
En 1949, Andrés se casó con María Teresa Castrale y construyó su casa en el casco de la estancia. Tuvieron tres hijos: Miguel, Pedro y Pablo. Mientras se dedicaba al campo, también se involucró en la actividad gremial y fue nombrado secretario de la Sociedad Rural del Neuquén, una institución fundada en 1933 y muy respetada en la provincia.
El diputado que viajaba 400 kilómetros de ripio
En 1957, la flamante provincia del Neuquén llamó a elecciones para constituir la asamblea constituyente. Andrés fue elegido diputado constituyente por el partido Demócrata, representando los intereses del interior. El viaje era una odisea: 400 kilómetros de rutas de tierra y ripio, llenas de lagunas y bardones de nieve, en un viejo Dodge de carrocería de madera. A veces tomaba el colectivo desde Junín hasta Zapala y después el tren hasta Neuquén. Pasaba 15 días seguidos en la capital para trabajar en la asamblea y después volvía a pasar una semana en el campo.
Aprobada la Constitución Provincial, regresó a su trabajo rural y logró mejorar la calidad de la lana que producían sus ovejas, el lote denominado "Larminat Hnos.". También dedicó mucho tiempo a la Sociedad Rural, de la que se retiró en 1985 para dedicarse a cuidar sus animales.
Con los años, enfocó su atención en cuidar y mejorar el parque de Cerro de los Pinos. Tenía pasión por los árboles, una pasión heredada de su familia. Don Andrés falleció a los 89 años en su amada Cerro de los Pinos, en 2011. Desde entonces quedó para siempre en su querido parque. Hoy se lo homenajea como a todos los convencionales constituyentes que permitieron el dictado de la Constitución provincial neuquina, el paso previo al nacimiento de una gran provincia.
