El paseo que San Martín soñó: la historia secreta de la Alameda de Mendoza
¿Sabías que San Martín plantó los primeros álamos de la Alameda? Descubrí cómo este paseo de siete cuadras se convirtió en el corazón de Mendoza.
No es solo una calle: la Alameda de Mendoza guarda los secretos de una ciudad que creció a orillas del Tajamar. Desde antes de la Independencia, este corredor de siete cuadras fue testigo del paso de carruajes, tranvías y sueños de inmigrantes. Ahora, la dirección de Patrimonio Cultural de la Ciudad revela cómo nació este emblema.
Según los registros históricos, el canal Tajamar existía desde la época colonial. Su función era clara: proteger a Mendoza de las crecidas y distribuir el agua de riego. Pero sobre ese corredor, el Cabildo impulsó en 1806 la idea de un paseo público, autorizado finalmente por el virrey Santiago de Liniers en 1808.
¿Quién le dio forma a la Alameda?
Fue el general José de San Martín quien, al asumir como gobernador intendente de Cuyo en 1814, transformó aquel espacio casi desierto en un verdadero paseo ciudadano. Ordenó plantar álamos, construir un templete de estilo griego y sumar bancos para que los vecinos disfrutaran de las tardes mendocinas, lejos del bullicio militar de la Plaza Mayor.
Aquellos álamos, traídos desde Europa por Juan Francisco Cobo, no solo dieron nombre al paseo. También cambiaron el paisaje de la provincia y aportaron madera para viviendas, muebles e incluso para el antiguo teatro que se levantó antes del terremoto de 1861.
El impacto en los viajeros
Los visitantes extranjeros quedaron fascinados. El comerciante británico Samuel Haigh recordaba haber recorrido la Alameda acompañado de “encantadoras mujeres”, mientras disfrutaba helados bajo las brisas de la cordillera. Otros describían un paseo sombreado por dobles hileras de árboles, con jardines de rosas, agua corriendo junto al camino y una vista imponente hacia los Andes.
Ni el devastador terremoto de 1861 logró borrar su historia. Durante años, la zona fue parte del “Barrio de las Ruinas”, hasta que la expansión urbana de fines del siglo XIX le devolvió el protagonismo. Con el ferrocarril llegaron inmigrantes italianos, españoles, árabes y judíos, que moldearon la personalidad comercial y cultural del barrio.
Mueblerías, templos y bares: el alma de la Alameda
Ese crisol de culturas convirtió a la avenida San Martín y sus alrededores en un corredor de intensa actividad. Las tradicionales mueblerías se volvieron una marca registrada del barrio, junto a tiendas de ropa, negocios de alimentos y pequeños comercios familiares que atendieron a generaciones de mendocinos.
La vida cotidiana encontró refugio en bares y restaurantes, lugares de encuentro para comerciantes, vecinos y trabajadores. Allí era tan importante hacer compras como compartir un café o una larga sobremesa. La fe también halló su espacio: sobre la Alameda conviven el Colegio y la iglesia de la Compañía de María, el Templo Evangélico y el Centro Islámico Árabe de Mendoza, reflejo de la diversidad cultural.
Cerca permanecen otros símbolos, como el monumento a Fray Luis Beltrán (1917), la Biblioteca Pública General San Martín y el Museo del Área Sanmartiniana, levantados donde el Libertador soñaba retirarse.
Transformaciones que marcaron época
Durante el siglo XX, la Alameda cambió varias veces de aspecto: tuvo una impronta francesa, incorporó piedra de la región, atravesó una remodelación en 1978 y finalmente recuperó su esencia con las obras de 2003, que devolvieron protagonismo al paseo y recrearon el antiguo canal Tajamar a cielo abierto.
Hoy, caminar por la Alameda es recorrer la memoria mendocina. Las mueblerías siguen siendo parte del paisaje; los bares mantienen la tradición de las reuniones; los templos recuerdan la diversidad cultural, y los grandes árboles ofrecen sombra a quienes, como hace más de doscientos años, eligen este rincón para detenerse. Porque la Alameda nunca fue solo una calle: fue la puerta de entrada de carretas y tranvías, el paseo favorito de San Martín, el barrio de los inmigrantes y el escenario donde Mendoza escribió buena parte de su historia.