El partido más violento del fútbol argentino terminó con tres jugadores presos en Devoto: la frase que nació de esa batalla
Un partido de fútbol terminó con tres jugadores presos en Devoto. La frase que nació de esa batalla campal y que todavía se sigue repitiendo.
La cárcel de Villa Devoto está a punto de cerrar sus puertas después de casi un siglo de funcionamiento. El penal, inaugurado en 1927, será desocupado tras un acuerdo entre el gobierno de la ciudad de Buenos Aires y el gobierno nacional. Pero más allá de las historias que acumuló, hay una frase que sigue viva en el lenguaje popular: "La gloria o Devoto".
La expresión resume los dos finales posibles para cualquier empresa riesgosa: el triunfo absoluto o la catástrofe total. Y nació, curiosamente, de un partido de fútbol que se convirtió en una batalla campal.
El origen de la frase
El autor de la sentencia fue Carlos Salvador Bilardo, por entonces jugador de Estudiantes de La Plata. La frase no fue una simple ocurrencia: la acuñó después de protagonizar uno de los episodios más violentos de la historia del deporte argentino.
Todo ocurrió el 22 de octubre de 1969, en la Bombonera. Estudiantes y Milan disputaban el partido revancha de la Copa Intercontinental. Los italianos habían ganado el primer encuentro en San Siro por 3 a 0, y los argentinos necesitaban revertir esa diferencia para consagrarse campeones. Una tarea casi imposible.
Un clima enrarecido
En ese momento, la Argentina vivía bajo la dictadura de Juan Carlos Onganía, que atravesaba una crisis política. Según los propios jugadores de Estudiantes, antes del partido enviados del gobierno entraron al vestuario para advertirles que debían "ganar o morir".
"Con un triunfo tapábamos el desorden que tenía el gobierno. Por eso vinieron al vestuario a hablarnos así", declaró años después Alberto Poletti, arquero del Pincha, a la agencia Telam.
Una guerra en la cancha
El partido fue exactamente eso: una guerra. La violencia comenzó desde el primer minuto, con agresiones que partieron principalmente de los jugadores platenses. Estudiantes logró imponerse por 2 a 1, pero el resultado quedó en un segundo plano.
La revista El Gráfico tituló la crónica como "La página más negra del fútbol argentino". El defensor Ramón Aguirre Suárez le rompió la nariz de un codazo al rival Néstor Combin, que terminó con el rostro y la camiseta blanca completamente ensangrentados. Eduardo Luján Manera le pegó una piña al mediocampista milanés Gianni Rivera, que dejó el campo con la cabeza abierta. Y Poletti intentó agredir a otro adversario, Giovanni Lodetti.
Tres a Devoto
Los tres futbolistas de Estudiantes fueron expulsados y terminaron tras las rejas. En el país regía un edicto del propio Onganía para Reuniones Deportivas, que permitía enviar a la cárcel por 30 días a los jugadores expulsados "por acciones recias o agresiones".
"Perdimos la cabeza. Nos equivocamos", admitiría luego Poletti. Y contó cómo fue su paso por la prisión: "Nos alojaron en un pabellón en el entrepiso de la cárcel de Devoto. Estábamos aislados, no podíamos hablar con ningún otro detenido. Había dos celdas y un baño. Éramos presos políticos. Estuvimos un mes ahí por orden presidencial".
Paradójicamente, un año antes, cuando Estudiantes se había consagrado campeón intercontinental tras vencer al Manchester United, el mismo Onganía había recibido en la Casa Rosada al plantel de Osvaldo Zubeldía con todos los honores.
Además de la prisión, la AFA aplicó sanciones ejemplares: expulsó a Poletti de por vida, le dio 30 partidos de suspensión a Aguirre Suárez más cinco años de inhabilitación para partidos internacionales, y a Manera le impuso 20 partidos de suspensión más tres años de inhabilitación para torneos internacionales.
Con el tiempo, esas sanciones fueron levantadas. No así la pena de 30 días en prisión, que se cumplió a rajatabla. Bilardo, compañero leal de los detenidos, confesó que ni bien se enteró de las detenciones se fue "volando" a Devoto y que luego visitó la cárcel los 30 días para ver a sus amigos.
"Incluso intenté hablar con el señor Onganía, pero no me dejaron", dijo el Narigón en el documental El fútbol es Historia.
El legado de Bilardo
Carlos Bilardo sería más tarde director técnico de Estudiantes, con el que salió campeón en 1982. Luego, como conductor de la Selección Nacional, alcanzó la gloria máxima en el Mundial de México 1986. Y fue él mismo quien acuñó la frase que perdura hasta hoy, resumen de su filosofía futbolística y de vida: "En este país, no tenés alternativa: la gloria o Devoto".