El paraíso escondido de Neuquén que parece sacado de un cuento
A pocos kilómetros de Chos Malal hay un pueblo que parece detenido en el tiempo. Naturaleza, aventura y rincones escondidos: lo que no te cuentan de Las Ovejas y por qué cada vez más viajeros eligen este destino.
Hay un rincón en el norte neuquino que tiene todo lo que uno busca cuando quiere desconectarse: montañas, ríos, bosques y un silencio que se siente en el aire. Y lo mejor: no hace falta perderse en la inmensidad de la Patagonia para llegar.
Se trata de Las Ovejas, un pueblo de montaña que en los últimos tiempos se convirtió en el destino elegido por quienes quieren escapar del ruido sin tener que manejar horas y horas.
¿Dónde queda y cómo se llega?
Las Ovejas está a solo 91 kilómetros de Chos Malal, la ciudad más grande de la zona, que tiene cerca de 16 mil habitantes. Desde Neuquén capital, el viaje es de casi 500 kilómetros: hay que pasar por Zapala, Las Lajas, Chos Malal y Andacollo hasta tomar la Ruta Provincial N°43.
El trayecto, lejos de ser un trámite, ya es parte de la experiencia: los paisajes cambian a cada curva y el asfalto se va fundiendo con el paisaje de cordillera.
Qué se puede hacer en Las Ovejas
No es un pueblo para quedarse quieto. Entre las actividades que se pueden hacer están las cabalgatas, el mountain bike, el trekking, el rafting y el kayak. También hay largas caminatas por senderos que parecen sacados de otra época y pesca deportiva en los ríos de la zona.
Para los que prefieren algo más tranquilo, siempre se puede simplemente respirar aire puro y dejarse llevar por el sonido del agua.
Los rincones que no podés dejar de conocer
Si vas, hay varios lugares que se volvieron imperdibles. Entre ellos se destacan las lagunas de Epulauquen, la cascada La Chaquira, el sendero interpretativo Hayas del Sur y la cascada La Fragua, en Manzano Amargo. También se puede ver el arte rupestre que sigue presente en Colomichicó, una huella de los pueblos originarios que le da un plus cultural a la visita.
Las Ovejas es de esos lugares que no aparecen en las postales típicas, pero que cuando se conocen, se vuelven difíciles de olvidar.