El pancito de queso que sale en minutos: la receta que vas a hacer una y otra vez
Si sos de los que no tienen tiempo para amasados complicados, esta receta te salva: con pocos ingredientes y un paso a paso simple, el cheese bread se convierte en tu aliado para la merienda o la picada. ¿Lo mejor? No necesitás ser experto en cocina.
Si hay una preparación que combina sencillez y sabor, es el cheese bread, unos pequeños pancitos de queso que se pueden hacer en casa con pocos ingredientes y sin necesidad de ser experto en cocina. La receta se convirtió en una alternativa práctica para tener algo recién horneado en pocos minutos. Su principal atractivo está en la textura: una superficie ligeramente dorada y un interior suave, con el sabor del queso como protagonista.
Además, se pueden preparar en cantidad y conservar para tener a mano durante la semana.
Qué necesitás para hacerlos
La lista de ingredientes es corta y probablemente ya tengas varios en tu cocina:
- 200 g de fécula de mandioca
- 100 g de queso rallado o semiduro
- 1 huevo
- 50 ml de leche
- 40 ml de aceite
- 1 cucharadita de sal
- 1 cucharadita de polvo de hornear
Paso a paso: así se preparan
En un bowl colocar la fécula de mandioca, el queso rallado, la sal y el polvo de hornear. Agregar el huevo y el aceite y comenzar a integrar. Incorporar de a poco la leche hasta obtener una masa suave y fácil de manipular.
Amasar durante unos minutos hasta que todos los ingredientes queden bien integrados. Formar pequeñas bolitas del mismo tamaño y colocarlas sobre una placa para horno. Llevar a horno precalentado a 180 °C durante aproximadamente 15 a 20 minutos, hasta que estén infladas y ligeramente doradas. Retirar y dejar reposar unos minutos antes de servir.
El secreto para que queden bien
La cantidad de leche puede variar según el tipo de fécula y el tamaño del huevo. Por eso conviene incorporarla de a poco, evitando que la masa quede demasiado líquida. Para conseguir pancitos más sabrosos se puede combinar mozzarella con un queso de sabor más intenso, como pategrás, provolone o parmesano. Lo ideal es comerlos tibios, cuando el queso todavía conserva una textura suave y aromática.
Una opción para cualquier momento del día
El cheese bread puede acompañar el mate de la tarde, formar parte de un desayuno diferente o convertirse en una opción rápida para una picada. También se puede preparar más pequeño para servir como bocadito en reuniones. Una vez fríos, se pueden guardar en un recipiente hermético y recalentar unos minutos antes de comer.