El país donde los jóvenes son más felices que sus padres (y no es el que imaginás)

Los números ubican a los jóvenes argentinos entre los más satisfechos del mundo, por encima de Suecia y Estados Unidos. Pero hay un indicador que subió 25% en otra franja y encendió todas las alarmas.

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El país donde los jóvenes son más felices que sus padres (y no es el que imaginás)
El país donde los jóvenes son más felices que sus padres (y no es el que imaginás)

Los menores de 25 años en Argentina marcan 7,1 puntos de satisfacción vital, un número que los pone por encima de Estados Unidos, Reino Unido y quince países de Europa occidental. Sin embargo, hay una alarma que crece en otra franja etaria.

La conversación sobre los jóvenes suele venir con un estribillo: "tienen todo y son infelices", "no toleran la frustración", "viven pegados al celular". Son frases que aparecen apenas se abre el tema, como si describieran una verdad evidente. Pero los datos globales no siempre acompañan esa intuición.

El último Informe Mundial de la Felicidad, basado en la Encuesta Mundial de Gallup, propone una escala simple: cada persona ubica su vida entre 0 y 10. Los menores de 25 años en el mundo respondieron, en promedio, 6. Los argentinos de esa franja marcaron 7,1 y se ubicaron en el puesto 21 entre 147 países.

El dato sorprende cuando se mira el ranking completo: los jóvenes argentinos están a la par de los uruguayos y por encima de chilenos, brasileños, estadounidenses (puesto 60) y británicos (64). Además, superan a los de 15 de los 20 países de Europa occidental relevados, entre ellos Suecia, Noruega, Alemania y Suiza.

¿Los jóvenes están peor que los adultos?

Otro lugar común sostiene que las nuevas generaciones son más infelices que sus mayores. Los datos muestran que eso ocurre en pocos lugares. En los cuatro países de Norteamérica y Oceanía que considera el informe —Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda—, los menores de 25 declaran menos satisfacción que el resto de la población. En Europa occidental pasa lo mismo en casi la mitad de los casos.

En el resto del mundo, la regla se invierte: los jóvenes son más felices que sus mayores en el 82% de los países y en todos los latinoamericanos. La Argentina sigue ese patrón, con 7,1 puntos entre los menores de 25 frente a 6,4 del promedio nacional. La explicación probable tiene que ver con mejor salud, menos responsabilidades económicas y de cuidado, y vínculos sociales más intensos.

Una tendencia que no es generalizada

¿Los jóvenes se están volviendo más infelices con el tiempo? No parece ser un fenómeno global. El informe compara la satisfacción de los menores de 25 en 2023-2025 con la de 2006-2010. En promedio, subió casi 0,3 puntos en el mundo: aumentó en 85 países y cayó en 51, con un patrón regional claro.

De los 20 países donde más retrocedió, 12 son occidentales desarrollados, como Canadá, Estados Unidos, España o el Reino Unido. En cambio, en Europa oriental, gran parte de Asia, África y América Latina creció. En la Argentina subió 0,18 puntos. Si se mira más atrás, la Encuesta Mundial de Valores muestra que la satisfacción con la vida de los argentinos de hasta 29 años pasó de 6,7 puntos en 1984 a 7,5 en 2017, la última medición disponible.

Con estos datos, no hay evidencia clara de una generación que se hunda.

El rol de las redes: no todas son iguales

El informe dedica buena parte de sus páginas a las redes sociales, señaladas muchas veces como responsables del malestar juvenil en el mundo anglosajón. La conclusión es más matizada. Las diferencias en el tiempo de uso no alcanzan para explicar por qué la felicidad juvenil cayó tanto en algunos países y no en otros: América Latina, por ejemplo, combina un uso muy intenso de redes con niveles relativamente altos de bienestar juvenil.

Una pista parece estar en para qué se usa internet. Al comparar países, los jóvenes están relativamente mejor allí donde la red se usa más para comunicarse con otros. El tiempo dedicado a las redes sociales, por sí solo, no muestra una relación clara con el bienestar.

El patrón reaparece al mirar plataformas concretas: en América Latina, las más orientadas a conversar y mantener vínculos, como WhatsApp, se asocian con mayor satisfacción con la vida. Las centradas en contenidos seleccionados por algoritmos, como Instagram o TikTok, muestran lo contrario. La hipótesis del informe es que las redes pueden contribuir al bienestar cuando extienden vínculos que ya existen fuera de la pantalla.

Los lazos que sostienen

Hay abundante evidencia de que los lazos con amigos, familiares y la comunidad están fuertemente asociados con la felicidad. En Europa occidental, por ejemplo, el informe muestra que entre los más jóvenes cayeron la confianza en los demás y la frecuencia con la que se encuentran con otros.

En la Argentina, nueve de cada diez personas dicen tener a alguien con quien contar ante una dificultad, una cifra que no cambió en los últimos 20 años. Además, el país está entre los que más comen en compañía. Si la felicidad juvenil latinoamericana siguió un camino distinto al de los países desarrollados, es probable que se deba en parte a que aquí, por ahora, esos lazos se sostienen.

La señal que preocupa

Nada de esto quiere decir que todo esté bien. Hay otros indicadores muy preocupantes, como lo que viene pasando con los suicidios en ciertas franjas de edad. Entre los adolescentes de 15 a 19 años, la tasa bajó cerca de 20% entre 2017-2019 y 2022-2024. Pero entre los 25 y los 34 subió alrededor de 25% y en 2024 llegó a 13,5 cada 100.000 personas, el valor más alto en dos décadas.

La suba aparece tanto en las estadísticas del Ministerio de Salud como en las del Ministerio de Seguridad, elaboradas por caminos distintos, por lo que difícilmente se explique por problemas de registro. Tampoco parece algo exclusivamente argentino: según los datos que recopila la OMS, la tasa en esa franja también subió con fuerza en Uruguay y Brasil. Las causas todavía no están claras, y sería aventurado atribuirlo a un solo factor, sea la pandemia, la economía o las pantallas.

La paradoja de la satisfacción y el suicidio

¿Cómo puede ser que la satisfacción con la vida de los jóvenes se mantenga alta, e incluso haya subido, mientras aumentan los suicidios? La diferencia de edades no alcanza para explicarlo: entre los 25 y los 34 años también hay evidencia de que la satisfacción con la vida subió en las últimas dos décadas.

La paradoja es más aparente que real, porque ambos indicadores captan cosas distintas. Las encuestas muestran un promedio de lo que ocurre en la sociedad. El suicidio, en cambio, habla de un grupo muy específico de personas que atraviesan un sufrimiento extremo, que no queda reflejado en los promedios. Por eso hay poca correlación entre la satisfacción con la vida promedio de un país y su tasa de suicidios.

La imagen que dejan los datos es bastante menos sombría que la que suele aparecer en la conversación pública. No hay evidencia clara de que los jóvenes argentinos sean una generación particularmente infeliz, estén peor que sus mayores o atraviesen un deterioro sostenido de su bienestar.

Eso convive con problemas muy graves que merecen atención, como el aumento de los suicidios entre los adultos jóvenes. Y deja en evidencia una deuda estadística: la Argentina necesita medir de manera regular y sistemática el bienestar subjetivo de su población. Sería deseable que el Indec incorporara estos indicadores a sus relevamientos. Sin buenos datos sobre cómo la gente evalúa su vida, corremos el riesgo de discutir problemas reales a partir de impresiones o diagnósticos importados.

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