El pacto secreto que estas cinco mujeres correntinas cumplieron antes de abrazar a sus familias
¿Qué prometieron estas cinco mujeres correntinas antes de volver a abrazar a sus familias? El pacto que cumplieron al bajar del barco quedó envuelto en un silencio que nadie pudo romper.
Corrientes, 5 de septiembre de 1869. Cuatro mujeres bajan de un barco en el puerto. Llevan harapos, están demacradas, y caminan en silencio entre la multitud que fue a recibirlas. No abrazan a nadie. No saludan. Cruzan la Plaza de Mayo y entran a la iglesia de Nuestra Señora de La Merced, donde se postran ante la Virgen. Recién después vuelven con los suyos. Lo que habían prometido durante el cautiverio quedaría, para siempre, envuelto en misterio.
Quiénes eran las cautivas
Victoria Bart de Ceballos, Carmen Ferré de Alsina, Toribia de los Santos de Sosa, María Encarnación Atienza de Osuna y Jacoba Plaza de Cabral. Cinco mujeres de familias acomodadas de Corrientes que, en plena Guerra de la Triple Alianza, fueron capturadas por las tropas paraguayas y trasladadas al Paraguay.
La ciudad había sido ocupada el 13 de abril de 1865, Jueves Santo, en la primera gran irrupción de la guerra en territorio argentino. Parte de la población y de las autoridades se desplazó hacia el interior de la provincia. En ese contexto comenzó el calvario de estas mujeres, que luego serían conocidas como Las Cautivas.
¿Por qué las tomaron prisioneras? La historiadora María Gabriela Quiñones explica que varias eran esposas de hombres vinculados al ejército o al abastecimiento de las tropas. Jacoba Plaza de Cabral estaba casada con Manuel Cabral, uno de los jefes militares. Victoria Bart de Ceballos era la esposa de un proveedor del ejército. El caso de Encarnación Atienza de Osuna es más difícil de explicar: pudo haber influido no solo la posición de su marido, Santiago Osuna, sino también las relaciones familiares entre las elites correntinas.
No fueron las únicas
El historiador Dardo Ramírez Braschi, en su trabajo “Saqueos en la provincia de Corrientes durante la Guerra del Paraguay”, advierte que el fenómeno fue mucho más amplio. Cita una información publicada por Nación Argentina el 2 de agosto de 1865: el 12 de julio de ese año, 24 mujeres oriundas de Corrientes habían sido raptadas y llevadas a territorio paraguayo. También documenta casos de mujeres que después reclamaron indemnizaciones por los daños sufridos durante el cautiverio.
Las cinco quedaron instaladas en la memoria histórica. Las mujeres cautivas, en cambio, fueron muchas más.
El silencio bajo interrogatorio
Victoria Bart de Ceballos, la más joven del grupo, dejó el único testimonio directo conocido de una sobreviviente. Según el relato recuperado por el historiador Miguel Fernando González Azcoaga, las mujeres fueron interrogadas para obtener información sobre los hombres que habían abandonado Corrientes para organizar la resistencia. Los invasores les habrían preguntado insistentemente dónde estaban sus maridos, dónde estaba la resistencia.
Ellas no respondieron. Porque no sabían o porque se negaron deliberadamente a hablar. El silencio se mantuvo incluso después de ser recluidas en el Cabildo de Corrientes. Luego vino el traslado al Paraguay. Carmen Ferré de Alsina partió con su hija Carmencita; Jacoba Plaza de Cabral, con su hijo Manuel, de apenas cuatro años.
Cuatro años de penurias
Las condiciones de vida empeoraron a medida que avanzaba la guerra. Las cautivas fabricaban su propia ropa y comían lo que podían conseguir. González Azcoaga recuerda, a partir del testimonio de Victoria, que llegaron a alimentarse con naranjas agrias. Atravesaban arroyos, caminaban durante horas y sobrevivían prácticamente sin alimentos ni calzado, arrastradas por el repliegue del ejército paraguayo tras la derrota de Curupaytí en septiembre de 1866.
Para González Azcoaga, aquellas cinco mujeres terminaron convirtiéndose en un símbolo de los numerosos civiles arrastrados por el conflicto.
La que no volvió
De las cinco, solo cuatro regresaron. Toribia de los Santos de Sosa murió durante el cautiverio. Las circunstancias exactas no están del todo esclarecidas. En 1867, una epidemia de cólera causó numerosas muertes, también entre la población civil. El testimonio de Victoria señala que Toribia habría muerto durante un brote de esa enfermedad y que sus compañeras debieron enterrarla con sus propias manos, tapándola con una de las prendas que habían confeccionado. En el monumento de Luis Perlotti, se la identifica porque es la única que lleva la cabeza cubierta.
El voto que lo cambió todo
Después de la muerte de Toribia ocurrió uno de los episodios que más rodearon de misterio la historia. Las cuatro sobrevivientes hicieron un voto a la Virgen de La Merced, patrona de Corrientes y tradicionalmente vinculada con la protección de los cautivos. Prometieron que, si lograban regresar a su ciudad y no eran ultrajadas durante el cautiverio, no hablarían con nadie antes de llegar hasta los pies de la Virgen. Primero la iglesia. Después el reencuentro con sus familias. El pacto incluía también el compromiso de no hablar públicamente de lo ocurrido durante aquellos años.
Y cumplieron. El 5 de septiembre de 1869, la noticia de su regreso se extendió rápidamente por Corrientes. Las familias acudieron al puerto, junto a numerosos vecinos. Pero las mujeres que bajaron del barco ya no eran las mismas que habían partido. No hablaron con nadie: ni con sus familiares ni con quienes habían ido a recibirlas. Desde el puerto emprendieron el camino hacia La Merced, cruzaron la Plaza de Mayo y entraron al templo. Allí se postraron ante la Virgen. Recién después regresaron con los suyos.
El monumento frente al Paraná
En el Parque Mitre de Corrientes existe una de las representaciones más poderosas de esta historia. Inaugurado en 1941, el monumento de Luis Perlotti es un monolito piramidal de 18 metros de altura con dos grupos escultóricos. En su frente aparece la figura de Bartolomé Mitre mirando hacia el Paraguay. En la contracara, el grupo de Las Cautivas mira hacia la ciudad, acompañado por dos niños. Son las dos caras de una misma guerra: la dimensión solemne y militar del conflicto, y el sufrimiento de los civiles.
En el basamento quedó grabada una frase que resume buena parte de la memoria correntina sobre aquella guerra: “…y Corrientes dio la sangre de sus varones y el dolor de sus mujeres”.
La historia fue reconstruida por Mario Markic en una emisión de En el camino, a partir de testimonios, documentos y entrevistas realizadas en Corrientes con González Azcoaga, director del Museo Histórico de la Provincia, y con Quiñones. Sus investigaciones, junto a los trabajos de Ramírez Braschi, permiten poner en contexto una historia que durante décadas permaneció rodeada de silencios.
Las cinco mujeres terminaron convertidas en un símbolo. Pero detrás del bronce siguen estando cinco vidas concretas: Victoria, Carmen, Toribia, Encarnación y Jacoba. Una no volvió. Cuatro regresaron. Y cuatro eligieron no hablar. Más de un siglo y medio después, frente al Paraná, el monumento de Perlotti todavía parece contar una historia que no termina de revelarse.