El pacto que prometió riquezas y terminó en un doble crimen: la historia de “Almita”

17 puñaladas, un pacto con el diablo y una promesa de poder: el joven que desapareció tras el doble crimen de Salta y nunca fue encontrado.

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El pacto que prometió riquezas y terminó en un doble crimen: la historia de “Almita”
El pacto que prometió riquezas y terminó en un doble crimen: la historia de “Almita”

En 1999, un joven de 19 años desapareció después de que dos mujeres fueran asesinadas a puñaladas en Salta. Nelson Matías Oliva, conocido como “Almita”, aseguró haber cerrado un pacto con el diablo y nunca volvió a aparecer. Hoy tendría 46 años y su paradero sigue siendo un misterio.

La vida de Oliva parecía no tener rumbo: pobre, sin trabajo estable ni relaciones, sentía que ni Dios lo miraba. Según contaron quienes lo conocían, decidió entonces buscar ayuda en otro lado.

Había leído sobre rituales satánicos y, de acuerdo con su propio relato, sabía dónde negociar con el Mal. El supuesto pacto lo habría hecho cerca de su casa, en una salamanca del Cerro Bola, al sudeste de la ciudad de Salta.

El doble crimen que conmocionó al barrio

El 7 de julio de 1999, Francisca Lamas, de 54 años, y su hija Mirta Liliana, de 27, aparecieron muertas en su casa del barrio Norte Grande. Las habían atacado con un cuchillo: en total, 17 heridas.

La Policía señaló a Oliva como principal sospechoso. Pero él ya no estaba: se había esfumado.

Los cuerpos los encontró Juan Marcelo Lamas, hijo y hermano de las víctimas, que volvía de trabajar en el campo. Al no obtener respuesta, entró por una ventana y se topó con la escena: su madre tirada en el piso del baño, sobre un charco de sangre, y su hermana, que tenía una discapacidad, sin vida en una cama ensangrentada.

En la vivienda hallaron una campera que pertenecía a Oliva, una pista que se sumó a la investigación.

“Maté a la madre e hija Lamas”

La noche anterior al crimen, “Almita” había estado en un cumpleaños en el barrio San Benito. Según los testimonios, esa noche se mostró raro, hablador, y soltó que había hecho un trato con el diablo.

Dijo que había realizado un ritual en el Cerro Bola y que Satanás le prometió diez años de poder, dinero y placeres. A cambio, debía matar a dos personas “buenas”. El pacto, siempre según su versión, se renovaba cada década con nuevas muertes; si no cumplía, el diablo se cobraría su vida.

Los presentes se rieron. Pensaron que era el alcohol. Nadie le creyó.

Horas más tarde, Oliva apareció en lo de un amigo apodado “Chato” y le confesó: “Maté a la madre e hija Lamas”.

Veinte años de búsqueda sin rastros

Desde 1999 hasta 2019, los investigadores lo buscaron por toda la provincia y el país: Salta, el Valle Calchaquí, el norte provincial, Capital Federal, el Gran Buenos Aires, Mendoza y Córdoba. También pidieron colaboración a fuerzas de Bolivia, Chile y Paraguay.

Pero nunca apareció. La causa prescribió en 2019.

El ex comisario Vicente Cordeyro, entonces director de Investigaciones de la Policía de Salta, lideró muchas de esas comisiones. Antes de morir, lo recordó así: “Desde la Jefatura ofrecimos premios y ascenso inmediato a quien diese con Oliva. Para muchos de nosotros era una obsesión. Hicimos todo, pero nunca encontramos ni siquiera un rastro. Para mí es una deuda, una frustración”.

“Un chango buenito”

En el barrio Norte Grande, la noticia cayó como un balde de agua fría. Los vecinos no podían creer que el sospechoso fuera ese chico callado que conocían de toda la vida.

“Él era un chango buenito, tranquilo, calladito. No podíamos creer que hubiese matado a las pobres mujeres, menos que hubiera hecho un pacto con el diablo. Y encima, se hizo humo…”, contó un vecino identificado solo como C.

Más de dos décadas después, el nombre de Nelson Matías Oliva sigue ligado a uno de los casos más escalofriantes de la historia policial de Salta. La pregunta que nadie pudo responder aún: ¿dónde está “Almita”?

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