El ocaso de “Jota” Figueroa: depresión, medicación y el peso de una condena que lo consumió
¿Qué pasó con “Jota” Figueroa en sus últimos días? Depresión, medicación y un arrepentimiento que lo consumió. Los detalles que nadie contó.
La muerte de José Eduardo “Jota” Figueroa, condenado a prisión perpetua por el femicidio de su esposa Mercedes Kvedaras, dejó al descubierto los últimos meses de un hombre atrapado en su propia culpa. El encierro, la medicación y una depresión profunda marcaron sus días finales en el penal de Villa Las Rosas.
Según personas que mantuvieron contacto con él hasta el final, Figueroa se mostraba cada vez más ensimismado y aislado. Su estado anímico era un reflejo del peso de la sentencia y del arrepentimiento que, según allegados, lo atormentaba.
El arrepentimiento que no alcanzó
Uno de los pocos vínculos que conservó fue un amigo que lo visitaba con asiduidad. En esas charlas, Figueroa habría confesado estar “arrepentido de lo que había hecho”, un sentimiento que ya había expresado públicamente durante el juicio, cuando pidió perdón a la familia de Kvedaras, a los suyos y a sus hijos.
El 30 de abril de este año, el tribunal lo condenó a prisión perpetua por homicidio doblemente calificado por el vínculo y por violencia de género. Tras el fallo, se ordenó que continuara en Villa Las Rosas bajo tratamiento psicológico y psiquiátrico, y se mantuvo la suspensión del régimen de comunicación con sus tres hijos.
Una rutina que se fue apagando
En los primeros años de detención, Figueroa encontraba pequeñas vías de escape. Los sábados realizaba equinoterapia, para lo cual se trasladaba un caballo hasta su sector. La lectura también era un refugio: como no había luz suficiente por las noches, le habían facilitado una linterna para seguir leyendo.
Pero con el avance del proceso judicial, esa rutina se fue desvaneciendo. Pasó casi tres años detenido antes de la sentencia, en un juicio con unos 80 testigos. Después de la condena, su deterioro se hizo más visible: la medicación lo mantenía dormido gran parte del día y, en las últimas semanas, el aislamiento y la depresión se profundizaron hasta el desenlace fatal.