El objeto que guardó durante años en un cajón y el mensaje que hoy conmueve al vóley argentino
Durante años guardó en un cajón un objeto que le recordaba su momento más oscuro. Lo que hizo con él cuando ya no lo necesitaba es lo que hoy muchos deportistas necesitan escuchar.
El armador santafesino Luciano De Cecco volvió a abrir uno de los capítulos más duros de su vida y lo hizo con una crudeza que pocas veces se escucha en el deporte de elite. A los 38 años, el referente de la Selección argentina de vóley repasó en La Noche de TyC Sports los ocho meses en los que atravesó una depresión y reveló que llegó a tener pensamientos suicidas.
La charla no se quedó en el diagnóstico. De Cecco reconstruyó detalles íntimos de aquel período, como las pastillas que compró durante el momento más crítico y que nunca llegó a usar. Durante mucho tiempo las conservó como un recordatorio personal, con una cinta pegada que llevaba escrita una sola palabra: “no”.
Ese objeto lo acompañó durante años en un cajón. Cada vez que lo abría, la cinta funcionaba como una marca de hasta dónde había llegado y, a la vez, de la distancia que había logrado poner con aquel lugar. Con el tiempo, las pastillas se perdieron en una mudanza, pero para él el significado ya había cambiado: simplemente dejó de necesitarlas.
Las noches sin dormir en Italia
La crisis apareció mientras desarrollaba su carrera en Europa. Después de regresar a Lube Civitanova, en Italia, empezaron las noches difíciles: pesadillas, taquicardia y un miedo persistente a quedarse dormido con la luz apagada. De Cecco siguió entrenando y compitiendo prácticamente sin descanso, mientras intentaba mantener en secreto lo que le estaba pasando.
En ese contexto recurrió a un psicólogo y comenzó un tratamiento. El proceso no fue inmediato: según contó, algunas de las primeras sesiones lo dejaban peor de lo que había entrado. La situación se volvió tan evidente que su entrenador notó que algo no andaba bien y lo invitó a cenar para hablar. Recién ahí De Cecco pudo poner en palabras lo que le sucedía. Su familia todavía no lo sabía. Sus compañeros, tampoco.
Durante esa etapa evitó tomar medicación porque debía seguir compitiendo y existía preocupación por las posibles consecuencias vinculadas a los controles antidopaje.
La señal que lo cambió todo
La recuperación llegó de a poco. Uno de los primeros indicios apareció de la forma más simple: una tarde se acostó y durmió seis, siete, ocho horas seguidas. Cuando despertó, entendió que algo era distinto. “El día que dormí ocho horas seguidas me di cuenta de que estaba mejorando”, había contado tiempo atrás.
A partir de ahí empezó a recuperar peso, dejó atrás las pesadillas y, sobre todo, perdió el miedo a dormir. Ese momento se convirtió en una de las señales más concretas de que estaba saliendo de la crisis.
Hablar para que otros no callen
Después de conquistar la Copa Italia y llegar a las semifinales de la Champions, De Cecco decidió contarles a sus compañeros lo que había vivido. Algunos, según relató, incluso se molestaron porque no había recurrido antes a ellos. Más tarde lo hizo público y la respuesta lo sorprendió: recibió mensajes de personas que se sintieron identificadas con su historia y de otras que le contaron que sus palabras las habían ayudado.
Eso reforzó una idea que sostiene cada vez que puede hablar del tema: los deportistas también necesitan hablar de lo que les pasa. “Les pasa a un montón de deportistas, lo más importante es tratar de charlarlo”, explicó.
Su experiencia también transformó la manera en la que entiende su profesión. Hay una frase que lo resume: “Le di menos importancia al vóley y más a mí”. Después de años construyendo una carrera de elite, entendió que también había que cuidar a la persona detrás del jugador.
Hoy sigue ligado al alto rendimiento y hace poco formó parte del equipo argentino que consiguió la medalla de plata en el Sudamericano y la clasificación al Mundial de 2027. Pero esta vez, además de resultados, partidos y medallas, el histórico armador eligió volver sobre una batalla mucho más personal, que durante años jugó en silencio y que ahora decidió contar para que otros no tengan que atravesarla solos.
