El obispo ordenó dos diáconos en Formosa y habló del "yapú": su mensaje sobre la mentira
El obispo de Formosa ordenó a dos nuevos diáconos y en plena homilía apuntó contra la hipocresía con una frase que retumbó en el Barrio Fleming: "No hay cosa más fea que ser yapú". A quiénes ordenó y qué les pidió.
La Diócesis de Formosa sumó dos nuevos diáconos este mes dedicado a las misiones. En la Capilla Virgen de Schoenstatt, en el Barrio Fleming, Monseñor José Vicente Conejero Gallego confirió el sacramento del orden sagrado a Pedro Bernardo Coronel y a Ovidio Alcides Giménez, en una ceremonia que arrancó a las 10 de la mañana y reunió a fieles, familiares, religiosos y clero local.
La celebración se pudo seguir a través de "La Voz del Santuario Nuestra Señora del Carmen", el programa de la Pastoral de la Comunicación de la Parroquia Catedral que se emite por FM La Milagrosa.
Cada uno llegó al diaconado con su propio lema bíblico. Coronel eligió "Habla, Señor, que tu servidor escucha" (1 Samuel 3, 10); Giménez se inclinó por "El Señor envió su palabra y los sanó" (Salmo 107, 20).
La advertencia del obispo: "No hay cosa más fea que ser yapú"
En su homilía, Conejero Gallego armó primero una reflexión sobre la condición humana y la tentación de la autosuficiencia. Recordó a Adán y Eva, que "seducidos por el maligno" quisieron "ser como dioses" y no aceptaron su condición de criatura.
"Queremos hacer desde lo más profundo de nuestro corazón, dar gracias al Señor, honrarle, reconocerle, como acabamos de escuchar en la Palabra de Dios, que solamente Él es el Señor y no hay otro", dijo el prelado al abrir su mensaje.
También citó la encíclica Humanitas del Papa León XIV para subrayar la necesidad de revalorizar la centralidad de la persona, y recuperó a San Agustín: "Dichosa culpa, dirá San Agustín, que nos ha merecido tal Redentor".
Al analizar la Carta a los Tesalonicenses y el pasaje evangélico en el que fariseos y herodianos interrogan a Jesús por el tributo al César, el obispo apuntó contra la hipocresía, dentro y fuera de la Iglesia. "No hay cosa más fea que ser yapú, ser mentirosos. No decir la verdad. Hoy la palabra de Dios justamente es una invitación a ser sinceros en nuestra relación con Dios y en relación con los demás", afirmó.
En esa línea, diferenció las obligaciones del creyente con Dios de sus deberes como ciudadano. "A Dios todo, porque así tiene que estar orientada nuestra vida, pero luego somos ciudadanos que convivimos en un país, en una provincia, y tenemos derechos y a la vez también deberes cívicos", puntualizó, y llamó a pensar la obediencia al bien común frente a las posturas individualistas.
Qué significa ser diácono, según el obispo
Ya de lleno en el rito de ordenación, Conejero Gallego definió el ministerio diaconal como un llamado a servir. "El diaconado debe de poner de manifiesto en la Iglesia este don y carisma que tienen ustedes, ser servidores. A ejemplo de Jesús, que no vino a este mundo a ser servido ni a buscar su interés o su provecho, sino a entregarse a amar y dar la vida en rescate por una multitud", sostuvo.
El pastor diocesano repasó la historia de esta vocación con referencias de la antigüedad como San Esteban y San Efraín, y destacó el impulso que le dio el Concilio Vaticano II. "El Concilio Vaticano II, recordando la tradición de la Iglesia, dijo: tenemos que revalorizar el estado diaconal. Y así el número 29 de Lumen Gentium restaura el diaconado", explicó.
Una Iglesia sinodal con actitud mariana
En el cierre de su alocución, el obispo vinculó la ordenación con el proceso sinodal que atraviesa la Iglesia y mencionó documentos de referencia como la carta Novo Millennio Ineunte de San Juan Pablo II y el documento final del Sínodo.
"El programa de vida del cristiano consiste en conocer, amar e imitar a Jesús, para entrar en comunión con Él, y por medio de Él, con el Padre y el Espíritu Santo, la Santísima Trinidad, y transformar el mundo conforme a su designio", afirmó.
De ahí desprendió las actitudes que, a su juicio, la Iglesia necesita hoy: saber escuchar, ser dócil a la Palabra de Dios, discernir y actuar.
Bajo la advocación de la Virgen tres veces Admirable de Schoenstatt, la liturgia siguió con las promesas de los electos, la imposición de manos del obispo y el revestimiento con la estola cruzada y la dalmática. Un día de fiesta y fraternidad para la Diócesis de Formosa.
Colaboración: "La Voz del Santuario Nuestra Señora del Carmen", programa radial de la Pastoral de la Comunicación de la Parroquia Nuestra Señora del Carmen – Iglesia Catedral – de Formosa, a partir del audio generado por FM La Milagrosa.
